Actualizado: 20/11/2019 9:47
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Un vals en el Almendares

A cincuenta años de la muerte de Erich Kleiber, el más grande director sinfónico de la República.

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Quiso una extraña jugada del destino que uno de los más grandes intérpretes mozartianos entre los directores de orquesta muriera justo el día en que el mundo conmemoraba el bicentenario del natalicio del compositor de Salzburgo. Erich Kleiber, también austriaco como Mozart, murió repentinamente en una solitaria habitación de hotel en Zurich el 27 de enero de 1956.

Dos años antes había ofrecido su último concierto en La Habana, en esa ocasión como director invitado de la Orquesta Filarmónica, de la que había sido director en propiedad en la década anterior, entre 1943 y 1947.

La última pieza en el programa del concierto final, durante aquella fugaz visita de 1954, el día 29 de enero, fue una obra que puede parecer obvia en cualquier repertorio tradicional, mucho más en el de un director que solía decir: "Wo ich dirigiere, ist Wien" (Dondequiera que yo dirijo está Viena): el vals El Danubio azul. Pero lo que parecía natural era, en el fondo, un gesto sarcástico, una suerte de burla sutil contra cierto sector del público melómano habanero.

En 1947, la renuncia de Kleiber a la dirección de la Filarmónica y su violenta ruptura con el Patronato que dirigía y financiaba la orquesta, se desató precisamente cuando el entonces presidente de esa institución, José Aixalá, intentó forzar al director vienés para que incluyera en uno de los programas el no por célebre menos meloso vals vienés. Kleiber se negó aduciendo razones estéticas y de coherencia del programa, pero los del Patronato no dieron su brazo a torcer. Para Kleiber, aquel gesto constituía una intromisión ilegítima e intolerable en la programación artística. Y se marchó.

El incidente del vals fue sólo el detonante. Desde hacía unos dos años se habían venido produciendo sucesivas fricciones entre Kleiber y la nueva dirección del Patronato. Prueba de esa misteriosa relación vital entre Kleiber y Mozart, el otro homenajeado, es otro hecho relativo a la programación de la orquesta.

'La guerrita del vals'

Para el final de la temporada de invierno 1946-1947, Kleiber había confeccionado un programa que incluía dos óperas, y el director opinaba que una de ellas debía ser de Mozart — Don Juan o La Flauta Mágica—, ninguna presentada en Cuba, lo que indicaba suficientemente la necesidad de brindarlas al público. Pero el Patronato, después de una larga y dura lucha, impuso que la ópera italiana monopolizara la escena y fueron escogidas La Bohemia y Rigoletto.

Pero fue el vals el que desató la polémica. La prensa cubana se polarizó y se sumió durante meses en una guerra cultural pocas veces vista, algo que se conoce como "el caso Kleiber" o "la guerrita del vals". Algunos de los más importantes intelectuales cubanos de la época, como Gastón Baquero o Alejo Carpentier, salieron en defensa del director vienés y criticaron duramente la actitud de la directiva del Patronato.


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