Actualizado: 26/02/2024 13:24
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Atenas, Londres, Grecia

Una y otra vez los «Elgin Marbles»

La mejor presentación en apoyo de la devolución no está en las declaraciones políticas sino en el Museo de la Acrópolis, donde se muestran las que están y la imagen de las que faltan

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Mucho tiempo atrás, Rine Leal le dijo a un amigo mío que estudiaba literatura griega en Cuba, que si quería conocer esa cultura no tenía que viajar a Atenas sino a Londres y París. Por supuesto que entonces mi amigo no podía ni lo uno ni lo otro, así que la elección lo dejaba un poco indiferente, pero reconocía que Rine tenía razón; y cuando me lo dijo yo supe a donde tenía que ir primero, si es que lograba alcanzar otro primero, el importante, y lograba largarme de la isla del desasosiego.

Durante muchos años pensé que donde mejor estaban los “Elgin Marbles” era en el British Museum. Ahora no estoy tan seguro, pero tampoco opuesto a que sigan allí. Tanto el de Londres como el Museo de la Acrópolis son excelentes instalaciones y los dos países que los albergan son naciones democráticas.

El argumento más fuerte para la devolución de los mármoles a Grecia sería el del país de origen, Pero esa apariencia de fortaleza y legitimidad no debe impedir reconocer la historia —con mayúsculas y sin ellas— de Europa y de un poco más allá: la del Imperio Otomano.

Grecia no siempre fue parte de Europa y los turcos utilizaron el Partenón como polvorín. Así que la instalación no estuvo libre de cañonazos y explosiones. Lord Elgin tampoco fue un simple saqueador de ruinas, ni por otra parte un santo como ningún europeo de entonces y ahora.

Si de guerras y saqueos se trata, y de la devolución de los saqueos y robos producto de las contiendas, el Louvre se quedaría vacío; y no de reliquias, esculturas y pinturas extraídas del Levante, América o África, sino de otros países europeos como Italia cuando no era Italia.

Así que lo mejor es buscar el pasaje para Francia y ahorrarse trayectos más lejanos. Que eso suena a ser reaccionario, sí, me temo que sí.

Por otra parte, hay esculturas del Partenón también en el Louvre, los Museos Vaticanos, el Museo Nacional de Copenhaben, el Kunsthistorisches Museum de Viena, el University Museum de Würzburg y el Glyptothek de Múnich; y el dato forma parte de lo que los británicos —tan pulcros siempre con esos detalles— ponen a la disposición de visitante en un breve plegable: su justificación de por qué no devuelven las obras, que por otra parte compraron (solo que a Elgin y no a gobierno de Atenas, que entonces, ah, no existía.)

Sin embargo, las esculturas vuelven una y otra vez (por cierto, creo que la mayor presentación en apoyo de la devolución no está en las declaraciones políticas sino en el Museo de la Acrópolis de Atenas, donde se muestran las que están y las que faltan, porque por supuesto a estas alturas nadie pretende verlas en el Partenón).

Pero en este mundo “poscolonial” (para muchos), los famosos frisos han pasado de disputa a enredo diplomático para el primer ministro británico, Rishi Sunak, tras cancelar este una reunión con su homólogo griego, Kyriakos Mitsotakis.

El domingo el mandatario griego le dijo a la BBC que tener parte de ese tesoro histórico en Londres y la otra en Atenas “es como partir la Mona Lisa en dos”.

A última hora, el despacho de Sunak canceló la reunión con Mitsotakis programada para el martes.

Una ley de 1963 prohíbe el retiro de artefactos en la colección del Museo Británico y, aunque Londres dice no tener planes de cambiar la ley, ha contemplado la sugerencia de “prestar” temporalmente los frisos a Grecia. Esa solución a mi me parece un insulto para Grecia y una muestra de la clásica hipocresía británica. Aunque por otra parte no me molesta que los frisos se queden en Gran Bretaña, donde por cierto están muy bien conservados y colocados y al alcance de todos (la entrada a los museos de esta nación es gratuita).

Así que para quien no vive ni en Atenas ni en Londres, todo se decide a la hora de sacar pasaje. Por supuesto esa postura (palabra horrible) es superficial y reaccionaria. Pero cuando uno está de vuelta de ilusiones y revoluciones, lo mejor resulta sentarse a seleccionar la aerolínea.


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