Actualizado: 25/04/2019 10:04
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Artes Plásticas

Profetas por conocer

La plástica del exilio ha logrado abrirse camino desde Nueva York hasta París, pero todavía tiene una cita pendiente: el Museo Nacional de Cuba.

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En 1938 Wifredo Lam llegó a París huyendo de los destrozos de la Guerra Civil en España, donde había radicado desde 1925, año en que llegó a Madrid becado por el gobierno de Cuba. Para los años cincuenta ya Lam era Lam, y es la época en que llegan a Francia el escultor Agustín Cárdenas y el pintor Guido Llinás. Emilio Sánchez y Carmen Herrera se abrirán paso en Nueva York. Cundo Bermúdez, Mario Carreño, Alfredo Lozano, René Portocarrero —de la segunda generación modernista— viajaban al exterior (Europa, Estados Unidos y América Latina) y exponían en casa.

En los años cincuenta se desarrollaron dos movimientos plásticos importantes en Cuba: el movimiento de pintores abstractos conocido como Grupo de los Once —Guido Llinás, René Ávila, José Ignacio Bermúdez, Fayad Jamís, Antonio Vidal, Viredo, Francisco Antigua, Agustín Cárdenas, José Antonio, Tomás Oliva y Raúl Martínez—, y el de pintores concretos, conocido como Grupo de los Diez, que incluyó a Salvador Corratgé, Pedro de Oráa, Loló Soldevilla, Rafael Soriano, José Mijares, Luis Martínez Pedro y Sandú Darié. Ambos movimientos se insertaban en el arte moderno de occidente. La obra de muchos de ellos figuraba en la colección del Palacio de Bellas Artes (luego Museo Nacional) en 1958.

Y amaneció 1959

Los primeros indicios de que el nuevo gobierno actuaría dictatorialmente y al antojo de su máximo caudillo, no se dieron a esperar. En la primavera de 1959, el presidente Manuel Urrutia Lleó fue destituido por órdenes del propio Fidel Castro, y obligado a abandonar el país. En octubre de ese mismo año fue arbitrariamente acusado de traición el comandante Hubert Matos. El camino al exilio surgió simultáneo al camino hacia el presidio y el paredón. Antes de finalizar ese primer año, 1959, el éxodo de artistas y escritores se había desatado.

Los artistas iniciaron el éxodo partiendo hacia París. Es espectacular la anécdota de Gina Pellón:

"Con la llegada de Fidel Castro al poder se crearon una serie de becas para los artistas. Yo hice los trámites, pero me la negaron. Sin medios económicos para irme a Europa, busqué una agencia de barcos para tratar de resolver. El encargado me dijo que si le llevaba doce becados del gobierno, él me daba un pasaje gratis. ¡Le llevé cincuenta! La estadía en París estaba limitada por el gobierno cubano a tres meses. Cuando se cumplieron los tres meses, Roberto Fernández Retamar, el agregado cultural de Cuba en París, exigió nuestro regreso. Me negué rotundamente. Retamar enfureció, ¡pero yo me quedé en París!".

En Francia se asilaron en 1959 Agustín Fernández y Jorge Camacho, entre otros; Ramón Alejandro lo hará en 1962. En la primera década revolucionaria saldrán de Cuba rumbo al exilio jóvenes artistas como Baruj Salinas, Rolando López Dirube, Zilia Sánchez, Jorge Hernández Porto, y artistas ya establecidos como Daniel Serra Badué, Rafael Soriano, Hugo Consuegra, Enrique Gay García, Cundo Bermúdez, Alfredo Lozano y José Mijares.


Obra de Gina PellónFoto

Gina Pellón. 'Mujer' (1984). Óleo sobre tela. Colección privada.