Actualizado: 26/05/2022 12:27
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Béisbol: 46ª Serie Nacional

Amores falsos y verdaderos

El béisbol es el único asunto en el que los cubanos se muestran activos; el único sobre el que parecen tener criterios y que logra comprometer a la mayoría.

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TEMA: Play-Offs. 46ª Serie de Béisbol

Por muchos años, la capital no había asistido a tanto entusiasmo por el béisbol como el que levantó la recién finalizada serie. Y digo "la capital", pero en realidad el virus beisbolero afectó a toda la Isla y mantuvo pendiente de cada juego a una buena parte de la población del país.

A primera vista, resulta extraña tanta efervescencia deportiva en un país donde se había llegado al extremo de reprochar en años anteriores a los aficionados, desde los medios de comunicación, su apatía ante la serie, manifiesta fundamentalmente en la ausencia a los estadios.

La comentarista Julia Osendi, en más de una ocasión, criticó lo que consideraba una "falta de apoyo" de los aficionados a los deportistas, quienes hacían su máximo esfuerzo por brindar un espectáculo de sano disfrute "al pueblo trabajador". Y, en efecto, las cámaras de televisión que transmitían los juegos permitían ver las gradas lamentablemente vacías en casi todos los estadios de la Isla.

¿Qué ocurrió entonces esta temporada que suscitara tamaña fiebre de los aficionados por el deporte nacional?

Al parecer, hubo una política de divulgación y apoyo a esta serie, por parte de las autoridades, que permitió un amplio despliegue propagandístico y de mercadeo. Esto contagió a la población, tan dada a fabricarse entusiasmos, tan ávida de diversiones y tan hastiada de discursos ideológicos. No se puede negar el atino que supone espolear el interés por un deporte que es pasión para los cubanos, para encubrir la grisura del resto de la vida nacional.

Rivalidad exacerbada

Por otra parte, al calor de la serie, se desató paralelamente otra vieja pasión y cotidiana práctica: las apuestas. La población se entregó a las eternas especulaciones sobre el posible campeón con un celo digno de mejores causas, y así corrieron significativas sumas entre los más solventes y modestos billetes entre los ciudadanos económicamente menos favorecidos. Casi ningún sector de la Isla fue inmune a una epidemia beisbolera sólo comparable a la del dengue del pasado año.

En una nación en que lo más insólito se convierte en algo cotidiano —en referencia a la prolongada ausencia de su gobernante de la vida pública—, y en la que los elementos más notorios son la falta de derechos, el tradicional desinterés generalizado por la política, la desinformación, las prohibiciones, las carencias materiales y la violencia subyacente, resulta necesario animar en alguna dirección controlable las energías de los nacionales.

A propósito de los controles, los estadios Latinoamericano, en La Habana, y el Guillermón Moncada, de Santiago, se mantuvieron fuertemente custodiados por numerosos refuerzos de la policía durante los encuentros entre ambos equipos, lo que no pudo impedir algunas manifestaciones de la notoria rivalidad que ha existido históricamente entre ambas regiones de la Isla y que parece haberse acrecentado peligrosamente en los últimos tiempos.

Algunos aficionados, que asistieron a los dos juegos celebrados en el Latinoamericano, afirmaron que las consignas voceadas por los aficionados habaneros —cuidadosamente silenciadas en las transmisiones de televisión— eran muy agresivas.


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