Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Béisbol

Yugulares en el debate

La fiebre beisbolera desata violencia verbal. ¿Afloran en peñas y estadios las frustraciones de la libertad de expresión en la Isla?

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Lo que no puede la política, por obvias razones, lo consigue la pelota: arrastrar a miles a estallidos de debate público.

La finalísima del béisbol nacional es la catarsis masculina. Dos o más hombres en una esquina o un portal o una funeraria no hablan de otra cosa, al menos en La Habana y Santiago, las ciudades que respaldan a sus equipos fetiche: el Industriales y el Santiago.

Se calcula que el 64% de los cubanos son aficionados a la pelota, cuya pasión por ella es parte del patrimonio emocional de la nación.

En la santiaguera Plaza de Marte, un santuario para las discusiones beisboleras, se toma ron y se alza la voz con igual desenfreno de alucinados.

No menos ocurre en el habanero Parque Central. Una secta de fanáticos grita y gesticula hasta que las yugulares marcan la temperatura de las porfías. Amenazan reventar.

Las palabrotas resuenan muy cerca del pedestal de mármol blanco de José Martí. Un agente de la Policía Especializada, con perro pastor incluido, observa discretamente. "Suave caballero", dice uno de los enzarzados al advertir la presencia policial. El griterío mengua en instantes, luego resurge rugiente.

Alguien escupe ron sobre un remedo de avispa, el símbolo del equipo santiaguero. Luego se persigna. Es una manera de conjurar los maleficios contra su novena.

"Mira que el cubano se entretiene con cualquier cosa", dice al pasar una señora con sombrilla. "Si esa energía la tuvieran para trabajar", agrega con desdén. El sol de mediodía calienta hasta marcar las axilas con sudor. Todavía es abril y el verano es dócil.

El out y el ministro

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A doscientos metros de la peña beisbolera, que se congrega diariamente, aún se escucha el vocingleo. Por momentos las discusiones, casi todas caóticas, pasan de unos a otros para no tener fin. Una conclusión de todas ellas sería cuando menos arduo. Nadie se atreve a poner orden. Las gargantas están calientes.

¿Puede ser esto tomado como un modelo de polémica en la sociedad cubana o al menos un punto de partida? Hace un par de años, una controversia patrocinada por la revista Temas intentó entregar respuestas.

Bajo el título Con las bases llenas: el béisbol y la cultura de debate en Cuba, la polémica convocó a cronistas deportivos, ensayistas y críticos de audiovisuales.

"En general, las discusiones de pelota se caracterizan por la intolerancia y el fanatismo", opinó Arturo Arango, escritor y guionista de cine.

Aunque casi todo parezca desmentirlo, Arango llamó la atención sobre la civilidad de los debates beisboleros. "La gente habla a gritos, se ofende, pero sin mayores consecuencias", argumentó el guionista de la película Lista de espera, una ácida critica al transporte en la Isla.

Para reforzar su tesis, el escritor recordaba una conversación con un colega colombiano, con quien concluyó que "en Cuba primero se discute muchísimo y después, si acaso, la gente se mata, mientras que en Colombia la gente se mata y después discute".


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