Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Actor y tramoyista

Al margen de la mayor o menor gravedad de su secreto padecimiento, Castro es especialista en el arte de la intriga, el protagonismo y la manipulación.

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Dos semanas antes de su cumpleaños 80, Fidel Castro ha vuelto a desempeñar sus dos mejores papeles: actor y tramoyista. Si alguien lo duda, lea o relea la anécdota contada por Tad Szulc en su libro Retrato crítico de Fidel Castro, donde es narrada la visita a la Sierra Maestra en 1957 del periodista Herbert Matthews, de The New York Times, lo que le permitió dar la primicia internacional sobre la existencia del líder guerrillero en su "cuartel general" del Ejército Rebelde.

Pronto se cumplirá medio siglo de la farsa que un joven y astuto Castro montara a los americanos y al mundo. Matthews ya no existe, pero incólume sigue la capacidad de Fidel Castro para armar toda clase de tramoyas.

Pese a Internet y las nuevas tecnologías, los grandes medios de comunicación siguen siendo neófitos en relación con Cuba y su "máximo líder". Salvo excepciones, la mayoría de los informadores padece de ingenuidad peregrina. Ayer, por ejemplo, el corresponsal de Televisión Española en Cuba recordaba a un reportero de la prensa del corazón cuando desde La Habana, ante la cámara, compungido, decía: "No se sabe en qué hospital está ingresado, ni cuáles médicos lo operaron".

Parecía tan tontolabo como los cientos de cubanos "celebrando" por la Calle 8 de Miami. Para llenar el cubo de la bobería, en una esquina céntrica de La Pequeña Habana se concentraron varias cadenas de radio y televisión. ¿Es que no sabe el corresponsal de TVE que, a no ser que muera durante la intervención quirúrgica, los partes médicos los dará el propio Fidel Castro?

Otra gran tontería que escuché este lunes fue la aseveración de que por vez primera Castro delegaba sus poderes en su hermano. Que recuerde, es primera vez que lo hace público de esa manera, porque en 1972 ó 1973, durante su primer recorrido por países de Europa del Este y África, durante más de un mes, fue Raúl Castro quien se quedó al frente del Partido, el Estado y las Fuerzas Armadas.

Todo está previsto

Al margen de la mayor o menor gravedad de su secreto y cuestionado padecimiento, nuevamente Castro evidencia que, además de especialista en virar tortillas, ridiculizar a sus contrincantes y reírse de los peces de colores, lo es también en el arte de la intriga, el protagonismo y la manipulación.

La trama se veía venir. Dice el refrán que "tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe". Después de tanto tiquitiquiti sobre su edad, salud, sucesión y el futuro de Cuba como barco a la deriva sin timonel, lo más lógico, fidelista y castrista ha sido lo que acaba de hacer en vísperas de sus 80 años: saltar al ruedo, no para acuchillar al toro y cortarle rabo y orejas, sino para cogerlo por los cuernos, virarlo a su antojo y como en un gran San Fermín, poner a correr a millones detrás de un animal de su ganadería.


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