Actualizado: 23/07/2021 23:16
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Venezuela

Venezuela: entre el legado y las promesas

Esta entrevista inicia una serie de tres entregas sobre la actualidad e historia política reciente de la República Bolivariana de Venezuela, evaluada desde la perspectiva plural de diversos intelectuales y activistas

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Edgar Córdova Jaimes es Dr. en Ciencia Política, Magister en Gerencia y Magister en Docencia para la Educación Superior, experto en temas de la reforma del Estado y la administración pública, las políticas de participación y la gestión educativa en Venezuela. Es un zuliano enamorado de sus raíces y cultura, comprometido con la excelencia universitaria, opositor —y víctima— de los extremistas que medran con las situaciones de exclusión y polarización que envuelven a su país. Ha sido apasionado defensor de la ciudadanía como motor de cambio en nuestras naciones latinoamericanas —apresadas por la desigualdad, la corruptela de élites tradicionales y las promesas de caudillos redentores— razón que le ha llevado a denunciar en sus escritos, durante dos décadas, las perversiones políticas de tirios y troyanos. Entre sus publicaciones recientes destacan Construcción política ciudadana y desarrollo en Venezuela, revista Frónesis, Vol. 15, no 2, agosto de 2008, Universidad Del Zulia, Maracaibo, y (en coautoría con Johanna Cilano y un servidor) Participación ciudadana y reforma del Estado en Venezuela. Entender la política a través del ciudadano, revista OSAL, No. 26, octubre de 2009, CLACSO, Buenos Aires.

Este 2011 se cumplen doce años de la asunción de la presidencia de Venezuela por Hugo Rafael Chávez Frías, con un discurso preñado de promesas refundacionales. ¿Cuáles son a su juicio las causas que explican el ascenso y mantenimiento en el poder de dicha figura por más de una década?

Edgar Córdova Jaimes (ECJ): El ascenso de Chávez al poder se debió a un conjunto de factores que pudiéramos agrupar en un síndrome de agotamiento de las democracias latinoamericanas modernas que se ha producido por razones fundamentales. La primera es el resquebrajamiento de la base material que soportó el modelo de “distribución rentista” del modelo de conciliación populista, producto de la crisis mundial de finales de la década de los años 80 que tardíamente afectó a Venezuela. Y que propició que los partidos políticos perdieran autonomía política, capacidad redistributiva y de allí legitimidad. El segundo factor está relacionando por el abandono por parte de los políticos y de los partidos de la formación ideológica, con un pragmatismo que llevó a socialdemócratas y socialcristianos a una situación de indefiniciones y disminución de la capacidad de confrontar propuestas como la chavista. Las expectativas de los venezolanos ante la incapacidad redistributiva del modelo llevaron a ver oportunidades en un mensaje que prometía llevar a los venezolanos a la bonanza y distribuir de una forma que se superaran las inequidades producidas en la IV República.

¿En qué medida la actual gestión de Gobierno corresponde a las críticas y expectativas que la población venezolana tenia respecto a la llamada IV Republica (1958-1998)?

ECJ: En cuanto a la gestión que durante 12 años ha tenido el modelo chavista, se han producido una serie de decisiones en materia pública con énfasis en una política asistencialista, con la generación de un modelo de gestión flexible y eficiente en términos de cooptación como son las misiones. Esta política ha estado acompañada de un entramado jurídico, con profusión de leyes producto de tres habilitaciones legislativas que el presidente Chávez ha tenido, lo cual le ha permitido incorporar cambios sustanciales por la vía de decretos con rango y fuerza de ley. Ello, por supuesto, se contrapone con el discurso de la participación protagónica ciudadana que posee rango constitucional.

Muchas de las políticas asistencialistas y de participación han tenido como resultado la movilización de la gente, pero no el cambio estructural de la pobreza, reproduciéndose factores excluyentes acompañados por la internacionalización de políticas básicas en materia de salud. Con la misión Barrio Adentro, atendida por médicos cubanos, se ha llevado la atención a ciudadanos depauperados en zonas marginales, con una atención primaria a costos elevados con poca evaluación y control. Sin embargo, el resto de la atención de salud mantiene una situación de deficiencias iguales o de mayor precariedad que en el pasado.

La generación de un sistema de igual manera paralelo en materia educativa, basado en la masificación como salida a las inequidades, ha producido la pérdida de calidad de acuerdo a estándares internacionales, una descapitalización de talentos humanos y el debilitamiento de los centros de investigación científicos, de arte, culturales en Venezuela. La aprobación de la ley de ciencia tecnología en innovación fue un paso positivo dentro de la política científica, pero las sucesivas revisiones sin la participación de los investigadores ha llevado a la casi paralización de esa actividad en este último año (2010-2011). El plan de ciencia tecnología e innovación como concepto resulta muy interesante, pero la gestión del mismo es inadecuada por la centralización y burocratización del mismo.

El gigantesco déficit habitacional solo se ha comenzado a atender este año, así como el problema de la debilidad del sistema alimentario nacional, que ha llevado al incremento de los niveles de importación de casi la totalidad de los alimentos que se consumen en el país, tanto de origen vegetal, animal, etc.

Por otro lado, la centralización y el desarrollo de escasos mecanismos de control por parte de la Asamblea Nacional y de la Contraloría de la República ha llevado a la gestión pública a la reproducción de problemas de corrupción con resonancias, que atentan contra el objetivo superior del Gobierno de lograr “un nuevo orden”. En conclusión, se han reproducido los mecanismos de agregación, el funcionamiento del modelo de conciliación populista con nuevas mediaciones y el desplazamiento de los partidos políticos por un orden cívico-militar.

Ideología bolivariana, socialismo del siglo XXI, populismo militarista y autoritario son términos utilizados indistintamente para definir al régimen y proceso venezolanos. ¿Cuáles serían los elementos centrales que caracterizan el proyecto político que llega a Miraflores en 1999 y qué continuidades o contradicciones posee respecto a los gobiernos demo liberales de la región y a su propia evolución histórica?

ECJ: Se ha recurrido desde el Gobierno, así como desde la oposición, a una serie de términos para definir la categoría de régimen o modelo al que correspondería el Gobierno de Hugo Chávez. Según mi criterio, todos resultan insuficientes y muestran serias debilidades para explicar la realidad. No estamos presentes ante una revolución en el sentido estricto del término, no solo por el componente histórico chavista, sino de un régimen que, por las ejecutorias y las significativas reproducciones —sobre las cuales hay evidencia empírica— se acerca más a una especie de militarismo autoritario, con un discurso progresista, y a un capitalismo de Estado. Las características más resaltantes de éste serían la centralización, un exacerbado presidencialismo con base al personalismo como mecanismo comunicativo y de unidad política, la ausencia de división y autonomía perfecta de los poderes públicos, un discurso progresista acompañado por una extraordinaria plataforma comunicacional nacional e internacional, pero con una enorme debilidad de “formación ideológica”, que hace el proceso comunicacional y la sostenibilidad muy débiles.

El “proceso revolucionario venezolano” es sui géneris, cargado de un enorme pragmatismo, demostrable en el entramado de relaciones internacionales, verbigracia, con Colombia, Brasil, Argentina, etc. Por ejemplo, se cierran y expropian empresas en Venezuela, y al mismo tiempo se firman convenios para reactivación de empresas en Argentina con el sector privado (navieras y del sector lechero), se disminuyen puestos de trabajo acá y se genera trabajo para los argentinos, etc.

Dentro de la Constitución de 1999, en la legislación aprobada posteriormente y en la retórica política de actores oficialistas y (más recientemente) de opositores se habla mucho de “democracia participativa y protagónica”. ¿En qué medida esta representación corresponde con la realidad; cuáles han sido avances y retrocesos en ese rubro en los últimos doce años?

ECJ: Ciertamente yo considero que ha habido un progreso político en esa materia, pero no estrictamente atribuible al Gobierno, ya que se trata de una tendencia mundial como ha quedado demostrado en los acontecimientos que este año han sacudido las tiranías de oriente y del norte de África, donde el progreso de la ciencia y la tecnología ha llevado a la revalorización del hombre y de la democracia. El hombre tiene hoy más tiempo para la política ya que posee y produce más información política. Este progreso lo asumo como la incorporación de la participación más allá del sufragio en los asuntos públicos, la incorporación de ese valor a los que los politólogos denominamos “cultura política”. Ello no fue difícil en Venezuela, por lo menos como representación, debido a que los 40 años de democracia permitieron generar esa cultura y quedó estipulada en la Constitución de 1999.

Ahora bien, esa definición constitucional ha encontrado un desarrollo jurídico profuso, en ocasiones contradictorio, pero muy amplio formalmente hablando, en la protección de este derecho y deber constitucional. Dicha “ciudadanía Jurídica” (asumo la definición de ciudadanía a partir de las posibilidades ciertas de participar plenamente) no ha encontrado en realidad la autonomía suficiente para realizarse políticamente, es decir, para cambiar y generar agendas ciudadanas para la transformación e influencia en el Estado, para la generación de políticas, y contenidos acorde con las visiones de los ciudadanos. Por supuesto que se producen consultas, y se han otorgado recursos y se han trasferido competencias, pero de manera limitada y, fundamentalmente, se ha logrado la cooptación.

El venidero 2012 tendremos elecciones presidenciales, donde la oposición tratará de alcanzar la Primera Magistratura de la nación y el Presidente reelegirse en el poder para continuar con su proceso de cambios. ¿Cómo vislumbras los escenarios de cara a dichos comicios y qué consecuencias se generarían a partir del triunfo de ambas tendencias? ¿Habrá espacio para una tercera opción que reduzca la polarización vigente e incluya al enorme sector de los llamados Ni-Ni?

ECJ: La lucha por el poder —unos por alcanzarlo y los otros por reproducirse— se da en medio de condiciones desiguales, no se trata entonces de los resultados, sino de las condiciones legales en las cuales se desarrollan. Por ese lado, ya el oficialismo inicia la contienda con ventajas muy importantes, en materia comunicacional y de recursos del Estado destinados a la movilización, mientras la oposición no termina de lograr una unidad sustancial expresada en un programa post Chávez que oriente la intención del voto de los electores no duros —como los llamados Ni-Ni— por lo que su unidad es precaria. Hay una decepción por la política en un país donde no se hace política sino demostraciones de fuerza: en la Asamblea Nacional gana aquel que tenga más votos, independientemente de los costos morales o de las falencias legales o morales de las decisiones.

En términos generales la fortaleza del chavismo —un 48 % del electorado y la posesión de recursos ilimitados por los petrodólares—, constituyen al mismo tiempo su debilidad, ya que es un socialismo sin socialistas, sin obreros, sin estudiantes, sin intelectuales. La distribución se convierte en el leit motiv de la legitimidad, por lo que al momento de fracturarse esta —como ocurrió en la década de los 90, cuando sucumbió la IV República— se le encuentra vacía de ideas y sin los recursos para suplir a estas.


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El politólogo venezolano Edgar Córdova Jaimes.