Actualizado: 23/07/2021 23:16
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Venezuela

Venezuela: entre el legado y las promesas. Miradas sobre una década chavista (III)

Con este texto concluye una serie de tres entregas sobre la actualidad e historia política reciente de Venezuela, evaluada desde la perspectiva plural de diversos intelectuales y activistas del país

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En esta ocasión contamos con el aporte de Orlando Villalobos Finol, Doctor en Ciencias Humanas y Magister en Ciencias de la Comunicación. Orlando es, además, profesor-investigador, director del Centro de Investigación de la Comunicación y la Información (CICI) y editor de la revista Quórum Académico en la Universidad del Zulia (Venezuela). Al entrevistado lo conocí hace varios años en un debate en La Habana, donde siendo moderador de un panel devení inesperado defensor de Orlando frente los ataques de dos ponentes de la Universidad Bolivariana que calificaban de “contrarrevolucionaria” su argumentación gramsciana acerca de la política mediática del chavismo. Villalobos representa una postura cercana al proyecto bolivariano, sin por ello dejar de expresar con criterio propio sus convicciones y críticas.

Este 2011 se cumplen doce años de la asunción de la presidencia de Venezuela por Hugo Rafael Chávez Frías, con un discurso preñado de promesas refundacionales. ¿Cuáles son a su juicio las causas que explican el ascenso y mantenimiento en el poder de dicha figura por más de una década?

OVF: El ascenso y victoria electoral del presidente Chávez en 1998 se explica por un fenómeno político: la pérdida de la hegemonía que había ejercido el bipartidismo adeco-copeyano, los dos partidos que se repartieron el poder en Venezuela durante 40 años (1958-1998). Esa pérdida de la hegemonía se expresa en el traslado del apoyo de las mayorías populares al chavismo, la pérdida del control por parte de las clases dominantes tradicionales del aparato militar del Estado, que fue un sostén para la actuación del bipartidismo, y todavía hay otro factor que interviene, el proceso de disolución que experimenta el aparato burocrático-sindical que desde los años 60 acompañó al bipartidismo. Todos esos factores se juntaron para llevar a la implosión al sistema bipartidista que se había montado en Venezuela desde 1958. Chávez, como figura emergente después de su clásico “por ahora”, de 1992, capitaliza ese momento y se erige como la figura renovadora de la política venezolana.

La política, como se sabe, suele ser compleja y no se explica por una única razón o circunstancia. Esas razones anteriores, que he enumerado, explican también el mantenimiento de Chávez, a lo que debemos agregar una serie de actuaciones catastróficas de la oposición. Una emblemática ocurre cuando se salta todas las barreras y desarrolla una política insurreccional que culmina con el golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Otro error monumental es cuando en las parlamentarias de 2005 se retiran y llaman a la abstención, con lo cual se regaló el predominio parlamentario del chavismo, algo rara vez visto en país alguno. Creo que los goles de Chávez (su verbo encendido, su liderazgo carismático, las políticas sociales emprendidas por el Gobierno) y los autogoles de la oposición explican ampliamente por qué Chávez está donde está después de 12 años.

¿En qué medida la actual gestión de Gobierno corresponde a las críticas y expectativas que la población venezolana tenia respecto a la llamada IV Republica (1958-1998)?

OVF: Primero hay una explicación necesaria, para ganar en contexto. La insurgencia del liderazgo de Chávez trae consigo el desarrollo de un proceso político que se ha traducido en una constituyente, una nueva constitución y una serie de transformaciones políticas y sociales. En términos gramscianos aparece en el mapa una nueva correlación de fuerza y un proyecto político de país diferente. No era simplemente superar al bipartidismo, sino abrir camino a una concepción diferente de democracia y de cultura política; se trata de una democratización de la democracia y una vuelta a la ciudadanía plena, con derechos sociales, económicos y políticos; un reclamo de inclusión social. Todo eso es lo que se pone en juego desde el ascenso de Chávez.

Chávez y su liderazgo representan unas expectativas políticas, un reclamo de soberanía y de justicia social. De muchas maneras Chávez ha cumplido ese cometido y eso a veces no se entiende. La oposición no lo entiende y en sus análisis deja entrever que gana porque algo pasa con el CNE, el organismo electoral. El problema es otro. Chávez reúne un sentimiento de cambio, una promesa de que todo puede ser distinto y que la amplia zona de pobreza puede empezar a ser corregida y superada. Por eso ha tenido los votos para ganar sucesivas elecciones.

Luego hay un conjunto de realizaciones en diversas áreas: la educación (creación de nuevas universidades, la reincorporación al estudio de muchos, la superación del analfabetismo), la salud (con diversas misiones que colocan al médico en el barrio y cerca del vecino), la cultura, la asistencia social, con un programa de pensiones que ha hecho justicia con miles de venezolanos desvalidos.

Hay flaquezas y debilidades que se pueden resumir en dos palabras, burocracia y corrupción, pero a la hora del balance la revolución bolivariana puede mostrar sus bondades.

Ideología bolivariana, socialismo del siglo XXI, populismo militarista y autoritario son términos utilizados indistintamente para definir al régimen y proceso venezolanos. ¿Cuáles serían los elementos centrales que caracterizan el proyecto político que llega a Miraflores en 1999 y qué continuidades o contradicciones posee respecto a los gobiernos demo liberales de la región y a su propia evolución histórica?

OVF: Hay una inmensa tentación por el uso de etiquetas o conceptos “catedrales” que lo expliquen todo de una sola vez: socialismo, revolución, bolivarianismo. Para comenzar hay que decir la revolución bolivariana es una revolución, en el concepto radical del término, por todo lo que ha hecho e incluso por todo lo que ha intentado. Crear módulos de salud gratuito en los barrios, crear más de 20 nuevas universidades, sacudir la estructura educativa del país, crear un sistema nacional de orquestas juveniles, revisar la distribución de las frecuencias del espectro radioeléctrico que estaba en manos de privados, hacer todo eso en cualquier lugar de América Latina de por si conlleva una conmoción política. Desde luego, no se ha erradicado la pobreza, hay déficit de viviendas y hay muchos problemas pero todo eso es parte del inmenso reto que continúa presente.

La explicación del intelectual argentino Roberto Follari[1] me luce válida. Él dice que hay una vuelta al populismo o un neopopulismo caracterizado por un liderazgo fuerte y a menudo unipersonal, el nacionalismo, la representación de lo plebeyo, y por gobiernos que han surgido de la crisis del sistema político anterior. Ahora bien, cito a Follari: “la democracia liberal es la forma política del neoliberalismo salvaje y del capitalismo más concentrado (…) digamos que así se llaman democracia al gobierno de los ricos, de las multinacionales, de los poderes fácticos (…) en cambio el neopopulismo implica redistribución, atención a los de abajo, protagonismo de los que están excluidos del sistema económico capitalista”. Es una discusión bizantina polemizar sobre el socialismo del siglo XXI si no miramos los antecedentes de todo esto; si no situamos el punto de partida.

En este momento, podemos hablar de gobiernos de orientación popular, como el de Chávez, que tiene por delante, o en medio de la película en desarrollo, una serie de asuntos cruciales por dilucidar. En primer lugar, el tema de la democracia, eso significa cómo construir instituciones democráticas como base del nuevo poder, lo cual nos lleva a la relación democrática en el interior de las organizaciones populares. Estamos hablando de nuevos valores y de la prefiguración de la nueva sociedad. Eso lo podemos resumir en el asunto de cómo construir el futuro que se propone desde el ahora.

En segundo término están los problemas vinculados con la construcción económica de la nueva sociedad. Allí aparecen los temas de la propiedad, la propiedad privada y propiedad social. Un tercer orden de problemas tienen que ver con el papel del Estado, la creación y desarrollo del Poder Popular y el proceso de extinción del Estado capitalista. O dicho de otro modo, qué hacemos con el Estado burgués heredado. En cuarto término, está el reto permanente de solucionar los problemas de la vida cotidiana, es decir, la vivienda, la salud, la educación, la seguridad social y la seguridad personal, los servicios. Sin atender estos problemas resulta una paradoja hablar y prometer el buen vivir.

Todavía me queda un quinto problema, el de la cultura y la comunicación. Se requiere una verdadera revolución del espíritu para generar una nueva cultura y una nueva sociedad y por eso es tan urgente generar políticas culturales y comunicacionales que realmente sean transformadoras. Dicho de otro modo ¿cómo se puede cambiar la sociedad y construir una comunidad diferente si el dispositivo comunicacional está al servicio de la promoción del consumismo? En este terreno de la comunicación el gobierno bolivariano tiene una serie de logros pero al mismo tiempo una serie de desaciertos.

Dentro de la Constitución de 1999, en la legislación aprobada posteriormente y en la retórica política de actores oficialistas y (más recientemente) de opositores se habla mucho de “democracia participativa y protagónica”. ¿En qué medida esta representación corresponde con la realidad; cuáles han sido avances y retrocesos en ese rubro en los últimos doce años?

OVF: No creo que nadie pueda darse por satisfecho en materia de participación. El tema tiene su complejidad. Por mucho tiempo acá redujo la participación social y política al acto electoral. Lo “representativo” se impuso a lo “participativo”.

Muchas veces, se participa en apariencia y se deja de lado lo sustantivo, la posibilidad de decidir, de construir la vida cotidiana, de intervenir en los asuntos propios, que inciden en la calidad de la vida. El tema no es, entonces, la declaración o reconocimiento formal de los derechos, sino la posibilidad real y efectiva de hacerse presente. Un dato importante que ocurre o se hace visible con la revolución bolivariana es que las nociones sobre participación empiezan a modificarse, aunque ese proceso ya se había iniciado a partir de la década de los noventa, del siglo pasado.

Lo importante es que la cultura cambia o empieza a cambiar. Participar deja de ser un pecado político y ahora pasa a ser una virtud. Para mí, este renacimiento de la participación tiene su explicación en las demandas que vienen de la ciudadanía. Ahora hay una idea de participación que compromete con el entorno; aquella que significa tomar parte de algo. Quizás eso explique el surgimiento de múltiples formas de participación que se expresa en los consejos comunales, cooperativas, grupos culturales, medios comunitarios; me refiero a las formas de organización y de participación permanente. Además están las vías informales. La gente que sale y cierra una calle para reclamar. Hay un país que se anima y asume que tiene derechos y puede hacerlos valer.

¿Hay problemas con la participación? Desde luego. El más notable es el riesgo de burocratizar la participación y someterlas al control del Estado. Muchos funcionarios actúan con la piel del Estado y creen que solo son válidas aquellas formas santificadas por el Estado. Eso es lo que no se puede permitir.

El venidero 2012 tendremos elecciones presidenciales, donde la oposición tratará de alcanzar la Primera Magistratura de la nación y el Presidente reelegirse en el poder para continuar con su proceso de cambios. ¿Cómo vislumbras los escenarios de cara a dichos comicios y qué consecuencias se generarían a partir del triunfo de ambas tendencias? ¿Habrá espacio para una tercera opción que reduzca la polarización vigente e incluya al enorme sector de los llamados Ni-Ni?

OVF: Que haya espacio para un sector ni-ni lo dudo, para no decir que esa posibilidad está negada. En las parlamentarias de 2010 quienes jugaron a ocupar ese rol salieron ampliamente derrotados y se quedaron fuera de la Asamblea Nacional. Eso sucede porque quienes juegan ese rol son más de lo mismo; opositores a ultranza. No hay más nada.

En 2012 habrá una batalla electoral. A Chávez le tocará enfrentar a factores internos y externos. Las elecciones venezolanas, en este momento, tienen una enorme repercusión internacional. Chávez puede ganar y puede perder. Esto último sucederá si no muestra capacidad para corregir los errores, deficiencias e inconsecuencias generadas por la burocracia oficialista y la corrupción.

La oposición irá unida, pues está organizando elecciones para escoger su candidato. Puede lucir una afirmación pesada pero para hay que decirlo, el Departamento de Estado no va a permitir que una división de la oposición criolla (venezolana) le facilite el camino a Chávez.



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