Actualizado: 15/10/2021 16:37
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Artes Escénicas

«Vine al mundo a escribir, no a lamentarme»

Entrevista con el dramaturgo cubano Yoshvani Medina.

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En las artes escénicas cubanas, el nombre de Yoshvani Medina provoca un silencio, particularmente justificado. Quizás alguien lo recuerde como el escritor de 23 años que en 1990 ganó el Premio Nacional de Teatro por la obra Neurosis. Otros, como el director de Eróstrato o SOS Sida. Algunos, de actor en Dos viejos pánicos. Y más de uno, como el hombre tras el que su mujer se fue. Lo cual, si bien no tiene relación aparente con las artes escénicas, sí incorpora una carga dramática al punto de vista del cornudo.

Y poco más.

Y es entendible que así sea. Cuando Yoshvani Medina sale de Cuba en 1995, se lleva a Martinica el desafío de trasponer a aquélla, su isla de consuelo, los ámbitos dramatúrgicos y de creación que hasta ese momento había concebido y aceptado como valederos. Pero el exilio, casi siempre, es lo contrario de lo que nosotros suponemos y el primer gran paso hacia la construcción de ese silencio que hoy provoca su nombre dentro del ámbito teatral cubano, se lo impuso el idioma.

Allí estaban los actores que había buscado, las infraestructuras teatrales que necesitaba, los medios materiales necesarios para las grandes puestas en escena que hasta entonces dio por imposibles, pero todo se le ofrecía en francés.

Frente a él, el acto de comunicación se dibujaba como una tapia, detrás de la cual quedaba la suerte o la derrota, no sabía. Antes debía cruzarla, y el tiempo apremiaba.

En el año 2000 escribe por última vez una obra en español. La pieza se llama Suicídame y con ella, como en los grandes finales, gana el Premio de la Bienal Internacional de Puerto Rico. Pero casi enseguida la realidad y la traducción se imponen y, con la obra vertida al francés, asiste ese año al Festival de Avignon y la revista L'avant-scéne théatre, una de las publicaciones teatrales más prestigiosas, como si anunciara el nacimiento de un nuevo escritor francófono, la compara con Águila de dos cabezas de Jean Cocteau.

En 2001, estrena Bésame mucho y la puesta en escena es calificada de "suceso teatral del año". Viaja a Francia y en Residencia de Autor en la Chartreuse de Villenueve-lez-Avignon, verdadero templo de las artes escénicas contemporáneas, escribe Circuit fermé (Circuito cerrado). En 2004, la obra Merdé! (Mierda) recibe el Premio de Dramaturgia del Caribe y del Festival Internacional Textes en Paroles, en Bélgica.

Yoshvani Medina actualmente dirige la compañía Theatre Si, y su propia escuela de actores. Pero es cierto, y debemos admitirlo, en español estas noticias viajan lento y viajan mal, y muchas veces no llegan. Y en su lugar se crece un silencio, que obliga a paladear una y otra vez los mismos recuerdos.

El pasado jueves 6 de abril se estrenó, bajo su dirección, la obra del dramaturgo cubano Ulises Cala, Quelques histoires d'amour très très tristes (Ciertas tristísimas historias de amor). Esa noche, luego de los aplausos, de las celebraciones, y la alegría, Yoshvani Medina invitó a su casa a unos pocos amigos. Colocó en el reproductor un disco de Areta Franklin y descorchó dos botellas de vino blanco, muy frío. Media hora más tarde el timbre del teléfono cruzó sobre las conversaciones. Respondió él mismo. Esta entrevista es cuanto conversamos esa madrugada. Ciertas partes, aclaro al lector, han sido traducidas del cubano.

Heberto Padilla escribió: "¿Cómo puede seguir uno viviendo con dos lenguas, dos casas, dos nostalgias, dos melancolías?".

Hay diferencia entre melancolía y nostalgia. La melancolía es el lado feliz de estar triste, la nostalgia es el odio, acompañado de la idea de una causa exterior. Heberto sabía lo que hablaba. Esos que pasan el tiempo entre su patria y el país donde emigraron, ni se integran al nuevo país ni se acercan más a la patria.


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