Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Chile

Fiesta de la democracia

Entre celebraciones y desafíos, Michelle Bachelet hace historia.

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A aproximadamente tres horas y media de cerrados los colegios electorales, ya Chile había escogido a su líder para los próximos cuatro años: una mujer. Incluso en la expresión de varios perdedores, los comicios fueron una fiesta democrática.

Conocidos los resultados, los partidarios de la presidenta electa se concentraron, por oleadas y desde los cuatro puntos cardinales, en una céntrica avenida santiaguina. Se reunieron 200.000 almas. El himno nacional se cantó más de diez veces y una interminable catarata de confeti caía desde la azotea de un edificio cercano, bañando de colores el ocaso de la tarde.

Ya habían asomado las estrellas cuando una mujer, a traje azul profundo de dos piezas, subió al escenario. Todo era vítor, alboroto, lágrimas, tumulto y ondear de banderas. El público estaba consciente de que ese día Chile había hecho historia. Poco antes una cantante, a capela, improvisó, y una palabra dinamitó el diccionario. Tenemos que "amujerar", dijo, el país, la política, el trabajo, las relaciones entre todos.

Visiblemente emocionada, Michelle Bachelet se sobrepuso, con el apoyo de una ovación, a un intento de traición de su garganta. Comenzó un discurso que se fue imponiendo sobre el clamor y luego sobre un murmullo que parecía de mar. Este no fue un día cualquiera para los chilenos, y ni la noche de domingo logró reproducir su clásica indiferencia.

Los comicios

Verónica Michelle Bachelet Jeria derrotó al candidato de centroderecha Sebastián Piñera por más de 480.000 votos, y se convirtió en la primera mujer en Sudamérica en ganar elecciones presidenciales. Su victoria se ha atribuido a varios factores, entre ellos el apoyo del gobierno que encabeza Ricardo Lagos, quien cuenta con una elevada tasa de aprobación popular.

La oposición consideró como intromisión en la campaña el reiterado envío de proyectos de leyes al Congreso, mediante los cuales se intentaba poner del lado del gobierno a determinados sectores. Entre esos proyectos se encuentra el que favorece a los subcontratados, el que entregaría oportunidad a la coalición Juntos Podemos Más de alcanzar el Parlamento en próximos comicios, así como la que trató sobre los pueblos originarios. Todos constituyeron evidencias de la intervención del ejecutivo en la contienda, algo que aquí está prohibido.
Si es verdad que se esperaban resultados muy estrechos en la democracia más estable y exitosa de Latinoamérica, no pocos creen que la mayoría de los indecisos, que una encuesta previa fijó en el diez por ciento, también prefirió a la Bachelet, cirujana pediatra y ex ministra de Salud y de Defensa en el gabinete de Lagos.

Los pronósticos de una carrera con muy peleados resultados solían fundamentarse en la cerrada batalla que en 2000 le planteó el derechista Joaquín Lavín al hoy presidente saliente, quien lo derrotó por cerca de 100.000 votos. Los expertos olvidaron la diferencia considerable entre el Chile de hoy y el de hace seis años, diferencia que hizo que el intervencionismo de La Moneda, como aquí se le llama, se convirtiera en un pilar de la holgada victoria de Bachelet, quien, por cierto, fue la jefa de campaña de Lagos en 2000.

Para más de un comentarista —y en palabras del propio Sebastián Piñera, economista, ex profesor en Harvard y con una fortuna calculada en dos mil millones de dólares—, lo que se disputó este domingo entregaba al elector dos caminos: continuar con la concertación de partidos hasta convertirla en la coalición más antigua en el poder en el mundo, con elecciones verdaderamente competitivas, o lanzarse al cambio, no seguir en más de lo mismo, como criticó la oposición.


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