Actualizado: 22/11/2017 12:21
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Alemania

¿Quién le teme a Angie? (II)

Si la canciller logra afianzarse en la arrancada, sólo un error de bulto impediría su permanencia en el poder.

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Los calificativos de "trepadora" y "despiadada" tampoco parecen tener fundamento. Juzgue el lector por sí mismo: tras la derrota electoral de Kohl en 1998, estalla la bomba de tiempo del fraude fiscal cometido por la CDU en la campaña electoral de 1991. Convicto y confeso, el ex canciller federal se niega de plano a revelar las fuentes del dinero sucio, alegando la palabra dada a los donantes, con lo que el escándalo adquiere nuevas dimensiones. Ante la contumacia del ex canciller federal, la entonces secretaria general Angela Merkel publica una carta en el Frankfurter Allgemeine donde exhorta al partido a distanciarse del patriarca en desgracia.

Aún no se sabe a ciencia cierta si, como sospecha Kohl, la iniciativa de la carta partió del jefe del partido, Wolfgang Schäuble, quien a su vez se la achaca a la Merkel. Sea como fuere, el incidente dio al traste con la amistad entre ambos veteranos. Poco después, el propio Schäuble, implicado a su vez en el sumario, renuncia a la presidencia de la CDU. En consecuencia, se desata una feroz pugna por la presidencia entre los poderosos barones emergentes de la CDU, quienes, incapaces de llegar a un arreglo a favor de uno de ellos, a la postre se decantan por el tercero sonriente: la Merkel, como solución de compromiso.

Todos en el bolsillo

Al final, Angie se los ha echado a todos al bolsillo, a las buenas o a las malas. En descargo de ella hablan dos hechos: primero, Kohl no sólo no la dejó caer, sino que la respaldó invariablemente en todos los percances posteriores; segundo, Schäuble detenta hoy la importante cartera de Interior y es uno de sus hombres de confianza en el gabinete de coalición.

Por si quedaran dudas, ahí está el bufonesco caso del primer ministro bávaro Edmund Stoiber (CSU), otro competidor supuestamente defenestrado por la Merkel. En una cordial charla de sobremesa, Angie le cedió, de buen o mal grado, la candidatura a la cancillería federal por la CDU/CSU en las elecciones de 2002.

Al perderlas por la mínima frente al astuto Schroeder, el bávaro aceptó a regañadientes ir de segundo a los comicios anticipados de este año. Tratándose de una mujer canciller, el bávaro albergaba in péctore la aviesa intención de convertirse en el poder detrás del trono, en caso de victoria de los demócratacristianos.

Sólo que a última hora el azar le juega una mala pasada: la espectacular renuncia de Münterfering ("Münte" para los íntimos) a la presidencia del SPD pone en suspenso las negociaciones para la gran coalición. En este instante crítico, Stoiber, siempre tironeado entre sus ambiciones hegemónicas en Berlín y la seducción de su apacible feudo bávaro, se raja como una caña brava, dejando a la Merkel en la estacada.