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Reality Chávez

Liberación de rehenes de las FARC: ¿Qué busca realmente el presidente de Venezuela?

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La televisión de pésima calidad cohabita con la política basura, que se sirve de la primera para fines perversos con algún que otro beneficio colateral. Desde el punto de vista humanitario, no es difícil agradecer el papel del presidente venezolano Hugo Chávez en la liberación de las colombianas Clara Rojas y Consuelo González —secuestradas por las FARC desde hace seis y siete años, respectivamente—. Mirándolo así, basta con que ambas mujeres hayan regresado junto a sus familias y concluyera un largo sufrimiento. Hay que felicitarse por cada liberación, o mejor dicho, por el retorno al statu quo. En definitiva, la narcoguerrilla no ha hecho más que revocar sólo una de sus atrocidades.

Tras los beneficios humanitarios, obviamente colaterales para el chavismo, reflota la rentabilización de una operación que aparenta catapultar al líder bolivariano como rey mago de la resolución de conflictos. Sólo a simple vista, porque en el fondo el plan de Chávez reside en dotar de legitimidad a la guerrilla y convertir en actores políticos a quienes han secuestrado a más de 23.000 personas entre 1996 y 2007, de las cuales 1.288 murieron en cautiverio.

La tarde del operativo humanitario, Chávez lanzó ante los micrófonos de Telesur un sonoro "¡Marulanda [jefe de las FARC], un abrazo bolivariano!", pasando por alto que servir de garante en un proceso de paz aconseja prudencia y mínima retórica o clasificación conceptual, pero no muestras descaradas de compadrazgo hacia una de las partes.

La postura de Chávez coincide con la del único partido de izquierda con posibilidades de gobernar en Colombia, el variopinto Polo Democrático Alternativo. Algunos de sus altos cargos afirman sin disimulo que los miembros de las FARC (considerados terroristas por la Unión Europea y Estados Unidos) "no son nuestros amigos, pero tampoco nuestros enemigos".

Elogio del terrorismo

La fraseología de ese jueves milagroso —día en que fueron liberados los rehenes— da para un capítulo de la infamia. El ministro del Interior venezolano calificó de "presos políticos" a los guerrilleros detenidos en cárceles colombianas. El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, felicitó a la organización guerrillera y el embajador cubano en Caracas, Germán Sánchez, los calificó de "combatientes" y vaticinó que la "única salida" era la negociación política.

A no ser para la desmovilización total, ¿qué entendimiento puede alcanzarse con un grupo armado, todavía fuerte, cuyos objetivos son la destrucción del Estado y la instauración de un régimen totalitario?

Las víctimas, por otra parte, gozan de libertad y legitimidad para opinar. Sus alabanzas a Chávez se inscriben dentro de la normalidad de quienes retribuyen a título personal un esfuerzo humanitario como este. Pero la política y las actuaciones futuras son harina de otro costal. Por suerte, las decisiones de Estado descansan en los poderes públicos, los únicos con potestad para legislar y aplicar la ley, pensando en todos.

La lógica felicidad de Clara, Consuelo y de sus familias, y el show mediático montado por Caracas para recibirlas, calaron hondo en la opinión pública internacional. La transmisión televisiva —en algún momento Chávez ejerció hasta de presentador— parecía la ceremonia de desmovilización de las FARC o la coronación del emperador bolivariano, con reducidísimo espacio para otros actores: los 774 secuestrados que permanecen en poder de esta guerrilla.

De telón de fondo del reality show, un crudo escenario: la semana pasada fue hallada una fosa común con los cuerpos de seis rehenes, asesinados a garrote por las FARC en 2007, y luego degollados. Chávez no habló de este episodio cuando exigió a la comunidad internacional excluir a los narcoguerrilleros de las listas de organizaciones terroristas. Para qué detenerse en banalidades.


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El presidente venezolano Hugo Chávez besa a Clara Rojas tras su liberaciónFoto

El presidente venezolano Hugo Chávez besa a Clara Rojas tras su liberación. (AP)