Actualizado: 25/03/2019 12:48
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Europa del Este

Un volcán en erupción

La guerra entre Rusia y Georgia destapa los conflictos postcomunistas y alerta a Occidente sobre la inestabilidad del Cáucaso.

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El mismo día que se inauguraron los Juegos Olímpicos en Pekín, los titulares de la prensa internacional retumbaron con la noticia: "Estalla la guerra entre Rusia y Georgia". Las cancillerías del mundo, virtualmente de vacaciones en esos días de agosto, se apresuraron a buscar sus mapas y repasar la situación en esa parte del mundo donde la violencia no ha cesado desde el colapso de la URSS.

Al mirar los titulares de Occidente y los de Moscú, se veía que decían cosas totalmente distintas, pero cuando pasaron los días, el mundo comenzó a conocer los detalles. El jueves 7 de agosto unidades militares georgianas intentaron conquistar el territorio de Osetia del Sur (teóricamente georgiano, pero independiente de facto desde 1991), donde desde entonces fueron estacionadas tropas pacificadoras rusas. El Ejército Ruso respondió con todas sus fuerzas y así empezó la guerra.

Rusia respondió con un ataque masivo de tanques adentrándose en territorio georgiano, y movilizando a su marina y aviación. Durante los combates, murieron cientos de civiles y el ejército ruso destrozó sin miramientos unidades estratégicas georgianas, fábricas de aviones, estaciones de radar, controles de aguas y todo lo que se le puso por delante.

Reacciones inmediatas esteuropeas

Enseguida, una comitiva compuesta por el presidente polaco Lech Kaczynski, el ucranio Víktor Yuschenko, y los presidentes lituano, Valdas Admakus, y estonio, Toomas Hendrik, y el primer ministro letón, Ivars Godmanis, corrieron a Tbilisi en solidaridad con el presidente georgiano Mikhail Saakashvili. Algunos intentaron reavivar la propuesta Alianza de los Países del Este de Europa contra el Kremlin.

Otros Estados ex comunistas, como Ucrania, Moldova, Armenia y Azerbaiján, empezaron a poner sus barbas en remojo y expresaron sus temores de que si Rusia ganaba esta guerra, podría intentar en el futuro algo parecido sobre sus territorios, donde todavía vive una fuerte comunidad rusa, y exhortaron a la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN a intervenir y echar a Rusia de Georgia.

En Praga, diarios como Hospodarske Noviny comentaron: "llama la atención que siendo Georgia el socio más fuerte de Washington entre las ex Repúblicas Soviéticas, quede en evidencia que esta alianza sólo funciona para temas menores", y afirmó: "esta situación deja a los georgianos un mal sabor, sobre todo cuando se tiene en cuenta que Georgia es el tercer país en número de militares en Irak (2.000 efectivos) apoyando las operaciones estadounidenses en ese país".

Otro comentario del periodista Petr Uhl en el diario Právo dice: "el culpable de la invasión es principalmente Sajkaashvili, quien el año pasado cayó en desgracia ante el pueblo, y por ello, en unas elecciones dudosas en enero se aseguró un nuevo mandato con un programa de fuerte corte nacionalista mediante el cual prometió liberar a Abjasia y a Osetia del Sur".

Petr Uhl agrega que "los georgianos creyeron que Estados Unidos los ayudarían y con esa expectativa iniciaron el ataque a Osetia del Sur". Sin embargo, concluye: "este paso ha sido el fin a las esperanzas georgianas de reencajar en Georgia los territorios de Abjasia y Osetia del Sur (…) El Oso Ruso apenas sin rugir hizo a Georgia pasar de la euforia a la desesperanza".

La posición de Bruselas

Como presidente en funciones de la Unión Europea, el jefe de Estado francés Nicolás Sarkozy se dispuso desde el primer día a mediar en el conflicto para lograr el cese del fuego y propiciar la ayuda humanitaria. Hasta ahí, según las informaciones que llegaron desde Bruselas, estaba dispuesta a llegar la diplomacia europea, que intenta evitar la controversia con Rusia "a fin de conservar su poder de maniobra ante posibles mediaciones futuras".

Después de visitar Moscú y Tbilisi, Sarkozy logró que ambas partes firmaran un acuerdo de cinco puntos que intenta resolver la crisis. La base del acuerdo llama a todas las fuerzas a regresar a las áreas donde se encontraban cuando empezó la guerra y los cinco puntos son: No usar más la fuerza, detener todas las acciones militares, dar acceso a la ayuda humanitaria y que las tropas georgianas regresen a sus cuarteles y las rusas a la posición que tenían antes del conflicto.

Sin embargo, quedó pendiente el sexto y más importante punto del documento, el que se refería a la integridad territorial de Osetia del Sur y de Abkjazia. El presidente georgiano Mikhail Saakashvili mantiene que estos territorios son parte integral de Georgia, que tiene la soberanía sobre ambos, pero osetios y abjasios reclaman la independencia de Tbilisi desde hace casi 20 años y mantienen en su territorio su propio presidente, su lengua, su moneda y su economía.

Bruselas también se comprometió a enviar observadores imparciales a Georgia, a fin de monitorear el cumplimiento de los acuerdos alcanzados para el cese del fuego y la llegada de la ayuda humanitaria.

Esta postura resultó insuficiente para Georgia y su embajador en Bruselas, Salome Samadshvili, dijo que quería que Bruselas calificara la conducta rusa como "un acto de agresión", y condenara el bombardeo de ciudades georgianas, además de reafirmar la integridad territorial de Georgia.

El verdadero problema

Osetia del Sur fue uno de los tres enclaves que quedaron dentro de Georgia cuando esta última obtuvo su independencia de la URSS, en 1991, los otros son Abjazia y Ajaria, territorios que disfrutaban del estatus de "regiones autónomas" dentro de la Constitución Soviética. Cuando se disolvió la URSS, los separatistas en cada una de estas regiones decidieron que su lealtad pertenecía a Moscú y desde los años noventa intentan resistir al gobierno de Tbilisi.

Desde entonces, ha habido brotes de violencia inconclusos, mediante los cuales se han establecido dos hechos básicos: Uno, que Georgia no tiene el poder militar para mantenerlos ni la voluntad política para ganarse a los rebeldes; dos, que la existencia de los leales a Moscú ha dado a Rusia licencia para mediar en los asuntos de una república que considera parte de su esfera de influencia.

De manera que la independencia de Georgia desde 1991 estuvo restringida de cierto modo, debido a la proximidad de un poderoso vecino. Estos "conflictos" son, de hecho, problemas pendientes para el Kremlin, y la diplomacia occidental los ha bautizado como "conflictos congelados" de la era soviética y que todavía no han terminado, permanecen tranquilos por un tiempo y luego vuelven a renovarse.


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