Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Manotazos

La represión contra el Arco Progresista y la Cumbre de Salamanca: ¿Qué hay de común entre estos hechos?

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La última acción represiva contra los periodistas de la revista Consenso, en La Habana, se relaciona con la ausencia de Fidel Castro a la Cumbre de Salamanca: ¿Qué buscan él y su grupo de fundamentalistas con estas decisiones? ¿Por qué adereza sus "regalos" a la XV Cumbre Iberoamericana con este "botón de muestra" que anuda burla y desprecio?

Armo una hipótesis: No hay cambio y sí recrudecimiento. Siempre ha sabido mezclar, con brillantez digna del prusiano Carl von Clausewitz, distintos métodos coercitivos de De la guerra. Sabe cómo, allí nunca ha fallado. Separaré las dos noticias para unirlas en el último párrafo, porque forman la misma moneda, sólo nueva para incautos o hipócritas.

Consenso es peligrosa, hay que cercenar el ejemplo. Entonces de nuevo la alternancia entre cárcel y mitin de repudio, que ni es novedosa ni persigue la confusión. Busca densificar el miedo. Pero no el de obreros y campesinos, que ya tienen suficiente, ni el de la disidencia, que también carga con el suyo y lo sabe romper, sino el de la burocracia y la gerencia intermedia; así como el de profesionales (en especial médicos, maestros y profesores), artistas y escritores (sobre todo aquellos con tendencia a veleidades "capitalistas" y oportunismos "transicionales").

Y, por supuesto, no comete ninguna digresión. La alta burocracia, como la casta militar, se sabe más vigilada que nunca. Si algo funciona es la "técnica" y los "técnicos" que diariamente se encargan de que un secretario provincial del Partido, un ministro, un general o un presidente del Poder Popular, sepa muy bien a qué se atiene, qué le espera dentro de la ratonera. No va, exactamente, contra ellos. Aunque sabe que allí dentro tiene el mayor peligro, como ocurriera cuando la conspiración del general Ochoa y los otros involucrados en el fallido "golpe".

El objetivo dobla, como en mayo de 1980 cuando el provocado éxodo de Mariel, contra los restos de lo que fuera la zona más peligrosa de la "clase media", acostumbrada a una tranquila sobrevivencia cotidiana sin palabras indecentes y tomates podridos, sin golpes ni letreros en las paredes de sus casas. Una Brigada de Respuesta Rápida a la puerta puede ser más traumática que una cesantía del trabajo o una cita donde un oficial de la Seguridad del Estado atiende al enfermo.

Máscaras y pretextos

Salamanca, en lo personal, implicaba momentos desagradables: oír lo otro, fingir meditaciones dubitativas, prometer sin redundancia, virarse para Posada Carriles y el embargo… Castro, a sus 79, detesta cualquier interlocutor, perdió su escasa costumbre de dialogar. Y además sabe que el protagonismo, según encuestas, pasó al Lagos del Chile democrático y próspero, o a su Chávez, para los que aún mueven la banderita del 68.

La publicidad que su presencia catalizaría, por otra parte, no iba a ser la deseada, con exposiciones fotográficas de las Damas de Blanco, manifestaciones en contra, posibles amagos judiciales, declaraciones de Amnistía Internacional y de Reporteros Sin Fronteras… ¿Cuál mejor pretexto que estar dirigiendo la ayuda médica a Centroamérica tras las inundaciones? ¿Qué máscara más exacta para su raída imagen?

Hay además —leamos De la guerra— una razón pesada: ¿Cuáles migajas tendría que concederle a Rodríguez Zapatero para contentar a la Unión Europea —sobre todo a Alemania y Holanda—, y para que la oposición del Partido Popular no crucifique al PSOE? ¿Ceder él, cuando Venezuela y China le acaban de abrir la esperanza? ¿Qué ganaría con la asistencia, tras la no participación del Ejército cubano en el Desfile de la Hispanidad?

Los proyectos de acuerdo de esta Cumbre tampoco son de su agrado, junto a la engorrosa posibilidad de que algún presidente le saque los que firmara, los que ha incumplido con una falta de pudor digna del Marqués de Sade. La integración con que aún sueña, apunta hacia Caracas (el fantasma populista, el autoritarismo de estirpe caudillista…), nunca a medidas por consenso, dirigidas por economistas y no por políticos, mucho menos producto de reuniones paralelas con empresarios pragmáticos.

¿ Consenso y Salamanca? Sí, son reacciones lógicas y complementarias. Castro sabe hallar relaciones insospechadas, su astucia sólo es menor que su cinismo. De paso, controla más la cúpula que preside. De paso les recuerda a los yanquis la tragedia de Nueva Orleáns. De paso densifica el miedo. Y minimiza, de un manotazo, las voluntades de diálogo que la Cumbre ingenuamente se había propuesto con él.