Actualizado: 20/09/2019 11:30
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A Debate

Precisando precisiones

La oposición al castrismo, el embargo y el supuesto canje de prisioneros.

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El dossier de Encuentro, y documentos como la carta de Alberto Muller a Kennedy, evidencian que una corriente patriótica estaba presente en la oposición al comunismo, pero hay evidencias que cuestionan el carácter nacionalista democrático que Rojas le confiere al FRD. ¿Cómo hablar de independencia cuando Richard Bissell, Frank Bender y Tracy Barnes trancaron al gobierno del FDR mientras emitían comunicados en su nombre? ¿Cómo hablar de democracia si la brigada 2506 salió del feudo de Somoza y los que controlaban la operación eran exactamente los mismos que llevaron al poder a los que cometieron el genocidio en Guatemala? ¿Por qué el coronel Martín Elena renunció a la jefatura militar?

Coincido con Rojas en que en Girón hubo demócratas nacionalistas en ambos bandos. Como Rojas enfatiza los de la oposición, recordaré los que había en el gobierno no para entrar en un match, sino para demostrar que hay verdades en nuestra historia difíciles de conciliar.

En 1961, pocos militares cubanos tenían las credenciales democráticas del comandante de aviación Enrique Carreras. Cuando el golpe del diez de marzo, Carreras ofreció defender el gobierno constitucional del presidente Prío, bombardeando las unidades golpistas. Cuando el levantamiento del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, Carreras, como jefe de Escuadrón, instruyó a sus pilotos tirar las bombas al mar. Por su heroísmo, Carreras fue arrestado por algunos de los que fueron luego en la brigada 2506. No se requiere aprobar el comunismo que sedujo a Carreras, para entender su decisión en 1961.

Obama y Cuba

En el pasado, Rojas ha abogado por el fin del embargo. Ahora, en su artículo "Obama y Cuba", apoya la eliminación de las prohibiciones a los viajes y remesas cubanoamericanas, pero —a similitud de Carlos Alberto Montaner— propone condicionar el levantamiento de otras sanciones a la liberación de los presos políticos y al reconocimiento de garantías para la actividad opositora "como punto de partida".

Eliminar las medidas de 2004 contra los viajes de cubanoamericanos, pero condicionar, por ejemplo, la eliminación de la prohibición de viajar a garantías a la actividad opositora "como punto de partida" —como insinuó Rojas—, es mejor que las meteduras de pata de Bush, pero implica una pérdida de oportunidad. Mucho antes de la proclamación de las medidas contra la familia cubana en 2004, ya el embargo era un fracaso gigantesco.

¿Por qué Obama debe ser fiel a su promesa de negociaciones directas, sin precondiciones? Porque aunque el gradualismo de Clinton fue mejor que la hostilidad de Bush, al moverse paso por paso, también brindó más oportunidades a los sectores opuestos a la distensión entre los dos países, de todo tipo, para torpedearla.

Una propuesta pública norteamericana —por ejemplo, en la Cumbre de las Américas, en Trinidad—, con un paquete sustantivo de incentivos, preparado a través de negociaciones directas, y con consultas serias con Europa, América Latina y Canadá, limitaría seriamente a los sectores que en Cuba y Estados Unidos quieren torpedear una mejor relación entre las dos sociedades.

Aquí es importante otra discrepancia con Rojas sobre el régimen político cubano, que expresé al reseñar el libro Cuba, Hoy y Mañana, que él coordinó (Política y Gobierno, CIDE, Vol. XV, núm. 1, 2008).

Rojas insiste en caracterizar a la Cuba actual como totalitaria, ignorando el desarrollo por la ciencia política del concepto de post-totalitarismo como tipo específico de régimen. Numerosas evidencias indican que una transición cubana al post-totalitarismo ya ocurrió (pluralización social y redefinición de la ciudadanía, debilitamiento del papel de la ideología oficial en la vida cotidiana, existencia de una segunda cultura paralela en la cual se exige neutralidad, no incondicionalidad al régimen, expansión de la segunda economía frente a la economía de comando, contacto relativamente libre de la población con visitantes extranjeros, etcétera).

El propio Juan Linz, quien desarrolló esos dos conceptos (el de "post-totalitarismo", en conjunción con mi mentor en la Universidad de Columbia, Alfred Stepan) en su prólogo a la edición norteamericana en 2000 de su libro Totalitarian and authoritarian regimes, discutió la Cuba de hoy como un caso en el que al derrocamiento de la dictadura batistiana (Linz la llama sultánica, pero para mí fue autoritaria), siguió un régimen totalitario que evolucionó hacia un post-totalitarismo actual por deterioro, conquista social y liberalización parcial.

La diferencia no es semántica. Un régimen post-totalitario, aun cuando no es democrático, encierra posibilidades de liberalización que son inconcebibles en el totalitarismo. En ese contexto, una política de interacción norteamericana tiene mayores posibilidades de fomentar presiones internas para una mayor liberalización gradual.

Finalmente, al demandar el reconocimiento de la oposición "como punto de partida", Rojas ignora el cuerpo sólido de conocimientos de la teoría de las relaciones internacionales sobre la efectividad de las sanciones y los condicionamientos para la negociación.

Una mínima lista sobre cuándo las sanciones o condicionamientos son efectivos incluye: 1) Las sanciones unilaterales tienden a ser inefectivas, 2) Las sanciones que procuran cambio de régimen o aislamiento raramente logran ese resultado, 3) Ninguna sanción o condicionamiento ha triunfado sin ir acompañada de incentivos para aquellos cuyo comportamiento se quiere cambiar, 4) Aun cuando se apliquen sanciones inteligentes (dirigidas no contra la población en general, sino centradas en los líderes cuyo comportamiento específico se quiere cambiar), el cambio ocurre no a través del costo económico, sino en la mesa de negociación, 5) Como escribe George López: "las sanciones son un medio, no una política. Cuando las sanciones se transforman en la política o se mantienen por tanto tiempo, que se convierten de facto en la misma, es evidente que han fracasado". Como el lector se ha percatado, el embargo contra La Habana es el modelo de todo lo que no se debe hacer.

El estudio clásico de Gary Hufbauer y sus coautores del Instituto Peterson de Economía Internacional ( Economic Sanctions Reconsidered, 2007) revela que con criterios muy flexibles —apenas el 33% de las sanciones ha obtenido algún resultado positivo (otros estudios como el de Robert Pape lo reducen al 5%)—. Al abogar por condicionar el levantamiento de sanciones indiscriminadas, como la prohibición de viajar, al reconocimiento de la oposición por el gobierno, Rojas y Montaner ignoran esas estadísticas y el costo de oportunidad de una política con muy poca probabilidad de éxito.

Cualquier texto de relaciones internacionales explica no sólo que diferendo no es equivalente a ruptura de relaciones, como sugiere Rojas, sino también que: 1) Los Estados no regalan por adelantado lo que pueden regatear en la mesa de negociaciones, 2) Una vez coaccionados, tentados o avergonzados por sus comportamientos, los gobiernos necesitan espacio para ajustar sus políticas y persuadir a sus partidarios. Los condicionamientos tienden a ser negativos, porque esto último generalmente ocurre a través de negociaciones.

Conclusión

Los ocho años de la administración Bush —haciendo lo que Montaner y parcialmente Rojas proponen— produjeron un resultado malo y otro bueno. El malo son los ocho años perdidos por esa política irracional. El bueno es que tenemos más evidencias del tipo de política que no funciona.

Raúl Castro propuso en Brasil un canje de prisioneros y expresó su disposición a conversar con Obama, sin precondiciones. No veo forma de probar su sinceridad sin tomarle la palabra.

Obama debería revertir el rechazo de la administración Bush a discutir la propuesta de Raúl Castro en Brasil. Discutir la supuesta equivalencia de los prisioneros a liberar, es una distracción. La pregunta a responder es si tales liberaciones favorecerían la distensión entre Cuba y EE UU, abriendo oportunidades para la liberalización política y económica de la Isla. Obama debería explorar cuánta libertad para las víctimas de la represión en Cuba puede obtener, sin aceptar que ningún cubano sea forzado a exiliarse.

La caracterización del régimen político cubano como post-totalitario y las evidencias de la teoría de las relaciones internacionales demuestran la conveniencia de eliminar, sin precondiciones, la mayoría de las sanciones del embargo. Ya que la interacción con la sociedad cubana es conveniente para empujar la apertura económica y política de la Isla, la mejor estrategia estadounidense es explicar con dignidad y moderación sus soluciones, desde el derecho internacional, a los conflictos entre los dos países, y promover la liberalización de la economía y la política cubanas.

-Debate sobre el tema en 'Foreing Policy'


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