Actualizado: 14/10/2019 9:31
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Descansa Cuando Te Mueras, la primera y por años esperada novela de Manuel Ballagas, está colmada de peripecias que son herederas a un tiempo de la mejor novela picaresca española y del realismo sucio norteamericano

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En toda la literatura cubana no creo que exista un primer libro que se haya hecho esperar tanto como Descansa Cuando Te Mueras (Lulu Press, 2010). Lo paradójico es que su autor, Manuel Ballagas (La Habana, 1948), inició su andadura literaria a muy temprana edad. Su caso es totalmente opuesto al de, por ejemplo, Giuseppe Tomasi de Lampedusa, quien como ha comentado Mario Vargas Llosa no había escrito sino cartas hasta que, a los cincuenta y ocho años, tomó de pronto la pluma para redactar en pocos meses esa obra maestra que es El Gatopardo.

Ballagas apenas tenía diecinueve años cuando dio a conocer el cuento "El día que yo morí", en la revista Casa de las Américas (n. 15-16, noviembre 1962-febrero 1963). Probablemente formaba parte del libro Con temor, que la editorial El Puente estaba a punto de publicar cuando fue cerrada y eliminada del panorama literario. En 1967 Ballagas obtuvo una primera mención en el Premio David de cuento con el libro Lástima que no sea el verano. Entrevistado por Belkis Cuza Malé, a propósito de ese reconocimiento, Ballagas además de comentar que su gran ambición era "ser un escritor a gogó", reveló que escribía desde hace seis años. También en el 67 un par de textos suyos, "Vivebien" y "Poema", fueron incluidos en dos antologías de autores jóvenes, Cuentos y Poesía, respectivamente, que vieron la luz bajo el sello de Ediciones Unión.

Otra bien distinta pasó a ser su situación en la aciaga década de los 70, a partir de la cual pasó a engrosar la hornada de creadores marginados y silenciados (generación del silencio, bautizó Ballagas a la primera generación posrevolucionaria). Como recordó años después Reinaldo Arenas, a esos autores las editoriales y revistas les cerraron las puertas, y sólo tenían abiertas las del ostracismo o las de la cárcel. A esta último fue a parar Ballagas, cuando en 1973 fue acusado de diversionismo ideológico y penalizado a cuatro años de prisión. Pudo salir de la isla en 1980, durante el éxodo masivo del Mariel, y ya en Estados Unidos retomó su actividad literaria. Poemas, cuentos y artículos suyos se publicaron en revistas como Mariel, Unveiling Cuba y Término, que coeditó con Roberto Madrigal.

Prácticamente todos sus compañeros del grupo del Mariel empezaron a editar sus obras: Carlos Victoria, Reinaldo García Ramos, Luis de la Paz, Carlos A. Díaz, Juan Abreu, Ismael Lorenzo, Miguel Correa, Roberto Valero, Rafael Bordao, Milton Martínez, Jesús J. Barquet, Roberto Madrigal, para citar sólo aquellos que hasta entonces permanecían inéditos. Sin embargo, el primer libro de Ballagas seguía haciéndose esperar y corría el riesgo de repetir el caso del gran escritor francés Joseph Joubert, quien en toda su vida no publicó un libro. Ha habido que aguardar hasta este año para que finalmente Ballagas se decidiera a comparecer ante los lectores. Como si quisiese explicar de alguna manera esa prolongada dilación, en un artículo de 1984 él apuntó que los escritores del Mariel "inéditos o parcialmente inéditos, lo son en gran medida por razones circuntanciales obvias, muy propias de la singular experiencia histórica que les tocó vivir". Demos, pues, como buenas sus razones y pasemos a la novela objeto de este trabajo.

"Al cabo de todos estos años me he acostumbrado a ver la policía a toda hora. Este barrio está lleno de morralla. A cada rato vienen a llevárselos esposados: ladrones, estafadores, matarifes, mirahuecos. Por eso ni me preocupo. Conmigo no es, así que doy media vuelta, aplasto el cigarro en un cenicero, me sirvo otra tacita de café y me quedo esperando a que se forme el tropelaje". Quien así habla es Manny, narrador y protagonista de Descansa Cuando Te Mueras. El barrio al cual alude es La Sagüesera, zona de Miami en donde se fue concentrando la mayor parte de la población de origen cubano. Hoy ese panorama ha cambiado de manera notoria, pero era así en la década de los ochenta, época en la cual se ubica la novela.

En el texto que figura en la contraportada se anota que las peripecias que se cuentan en el libro son herederas de la mejor novela picaresca española y del realismo sucio. Ateniéndonos a ello, se puede deducir que Ballagas toma de la primera la estructura de relato autobiográfico de un desventurado sin escrúpulos, narrado como una sucesión de peripecias (la definición pertenece a Fernando Lázaro Carreter). Asimismo Descansa Cuando Te Mueras participa también del propósito de degradar la realidad, de la cual da una visión desoladora. Y aunque a diferencia de Lázaro, Pablos y Guzmán de Alfarache, su protagonista no sobrevive vagabundeando y robando (tiene una ocupación más o menos fija: vende televisión de cable), sí comparte con ellos la condición de antihéroe solitario, que transita por una geografía real y hostil.

Descansa Cuando Te Mueras también comparte con la narrativa picaresca la estructura fragmentaria. Los doce episodios en que se divide no tienen entre sí más lazo de unión que la presencia del protagonista. Podrían suprimirse algunos o agregarse otros sin que esto modificase el plan general. Por otro lado, la de Manny es, como la de los pícaros antes mencionados, una vida vulgar, desprovista de aspiraciones y ambiciones para el porvenir. Se le puede aplicar la afirmación de Francisco Rico de que es una existencia tan carente de brillo, que difícilmente hubiera encontrado un cronista ajeno. Igualmente su visión de La Sagüesera refleja un particular modo de enfocar e interpretar la realidad. Todo cuanto pueda haber de noble, genereoso o heroico pasa inadvertido para él, pues su mirada es unilateral, escéptica y resentida: "Yo odiaba La Sagüesera a muerte y no veía la hora de largarme de allí. Era una verdadera cloaca. Gente sucia, ignorante, pendenciera. No los soportaba, ni ellos a mí.// Vivían como animales, hacinados en casitas donde imperaba la podredumbre, el desorden y la promiscuidad. Las mujeres carecían de pudor, los hombres, de respeto y honradez. Todos los días mataban a alguien: a tiros, a puñaladas, a botellazos, sobre todo a traición. No trabajaban, o trabajaban cuando les daba la gana. Se pasaban el día entero tomando cerveza y viendo televisión, pero ninguno quería el cable. Si alguno te veía afán de progresar, te enfilaba los cañones y te hacía la vida imposible. Te robaba el carro o se cagaba en la puerta de tu casa. Pervertía a tus hijos, les regalaba drogas para destruirlos. Eran unos singaos".

Preocupación por la economía y la esencialidad

Respecto a la adscripción al realismo sucio, me parece pertinente precisar en qué consiste esa estética, pues a veces se interpreta de modo erróneo, como si fuera sinónimo de literatura de fregadero. Esto me obliga a una digresión que trataré sea breve. El realismo sucio o dirty realism se deriva del minimalismo, que busca reducir la narración a sus elementos esenciales. Esa búsqueda lleva a la precisión, la sobriedad y la parquedad descriptiva. En el plano temático, el realismo sucio se distingue por preferir las historias cotidianas sobre gente común y corriente y los ambientes desesperanzados y grises. Autores representantivos de esta corriente son, entre otros, Chuck Palaniuk, John Fante, Tobias Wolff, Richard Ford, Charles Bukowski y Raymond Carver.

Del realismo sucio Ballagas toma precisamente esa preocupación por la economía y la esencialidad. Su prosa está construida a partir de una estricta voluntad de laconismo estilístico, de renuncia a todos los elementos superfluos. Eso se ajusta muy bien a la naturalidad y la falta de énfasis de un narrador impasible, que conserva distancia respecto a lo que cuenta y se limita a enhebrar los hechos, absteniéndose de comentarios. Igual reticencia aplica Ballagas a los referentes geográficos y cronológicos, que no se precisan sino que apenas se sugieren. En lo que más explícito se muestra es en la recreación de la oralidad del Miami hispano, cargada de contaminaciones y deformaciones del inglés. A lo largo del libro aparecen así términos como raynau, reipear, guajapen, modefoca, guachao, güiquen, enigüey, donguorri, jaratá, dautaun, bulchiteo, guarejaus, Jáineke, jandicá, Yorya, cuora, Yunion Ciri.

Pero pese a la primera impresión que pueda dar, Descansa Cuando Te Mueras permite y propone otros accesos de lectura más trascendentes. Para conducir a ello, Ballagas va incorporando inteligentemente unas veladas sugerencias que nunca hace explícitas y que, en mi opinión, necesitaban tener mayor espacio Ya desde el inicio el narrador menciona a un personaje al que conoció en la cárcel. Una de sus numerosas amantes, quien tiene una fe tremenda en los orishas, lo convence para que vaya a ver a un santero. Éste consulta los cocos y le comenta a Manny que una vez cometieron con él una gran injusticia. Manny le confiesa que hace mucho tiempo estuvo preso por motivos políticos. "Alguien lo traicionó, lo denunció", le revela el santero. En otra ocasión el narrador trata de nuevo el tema, al comentar: "La cárcel es mala, sobre todo cuando no la mereces. Díganmelo a mí, que a veces me despierto bañado en sudores fríos. Ha de ser que he estado soñando, pero nunca me acuerdo de la pesadilla. Tampoco me empeño mucho en recordarla. ¿Para qué meter el dedo en una llaga tan vieja? Nunca se sabe lo que uno puede encontrar. Mejor no andar ahí". Asimismo del país en donde fue encarcelado nada sabemos, pues al referirse a él emplea palabras tan vagas e imprecisas como "allá" o "aquello".

Esas claves nos van conduciendo al cambio de giro que experimenta la novela en el inquietante capítulo final. Manny es conducido por un teniente de apellido Nieblas para que identifique el cadáver de un balsero que fue encontrado en una playa. La razón de que lo hayan llevado es que el fallecido traía en un bolsillo un pedazo de papel de cartucho en el que estaban escritos su nombre y su dirección. El muerto no sólo es idéntico a él, sino que además un examen posterior prueba que tiene sus mismas huellas digitales. Manny se da cuenta entonces de que el pasado que creyó haber dejado atrás ha irrumpido nuevamente en su vida, y se pregunta: "¿Qué iba a ser de mí? ¿Qué soy? ¿El sueño de un alma que pena en cuerpo ajeno sus culpas en el infierno o la pesadilla de alguien que cuenta tranquilamente sus días en el paraíso? Quise gritar, pedir auxilio, pero no pude. Nadie me iba a oír. La luna del espejo se quedó de pronto vacía, y yo con ella".

Quien conozca la narrativa cubana escrita en el exilio, notará el empeño de Ballagas por desmarcarse de esas obras que anteponen la contundencia de la denuncia y el discurso político a los elementos literarios. Su acercamiento a la realidad de la isla adopta, por el contrario, vías más imaginativas y elusivas. Un acierto que pudo haberse materializado en una obra mucho más lograda, si su autor no hubiese dedicado tanto espacio a las aventuras sexuales del protagonista. No sólo es eso, sino que además hay que añadir el lenguaje con que se cuentan. De tratarse de una película, Descansa Cuando Te Mueras no se libraría de la clasificación de NC-17. Mas se trata, conviene que lo precise, de una objeción que no empaña los aciertos de esta primera novela con la cual por fin se ha estrenado como autor Manuel Ballagas.