Inédito de Emilio Ichikawa
Armando Añel | 03/07/2008 1:26
Tags: Opinión
Intelectuales de todos los países, uníos
un artículo de Emilio Ichikawa
A diferencia de otras posiciones doctrinales, al marxismo le es muy cara la conquista de una base social. No se trata de un solipsismo, un elitismo o una variante de anarquismo centrada en el sujeto individual: al marxismo le interesa la revolución y la fuerza capaz de llevarla a cabo. Una fuerza colectiva.
Aun cuando el pensador marxista no trabaje en una fábrica o en un puerto sino en un tranquilo campus universitario de New Haven o Emory, tendrá un minuto del día para expiar su culpa y declarar –claro que sin creerlo- que odia la falsa vida profesoral prefiriendo estar al lado de la “gente sencilla y trabajadora”.
Este “querer desde fuera”, que Isaiah Berlin estudia en casos contrapuestos como Disraeli y el propio Marx, es un gran pecado desde el punto de vista marxista; así sólo sea por aquello de que la teoría debe estar en armonía con la práctica. Por no estar, la mayoría de los profesores de marxismo en Estados Unidos ni siquiera marchan en las protegidas exhibiciones contra la globalización y el capitalismo. Van sus estudiantes. Ellos no van: aunque algunos fueron.
Marx le echó el ojo inmediatamente a la clase obrera como la “base social” de su teoría. Ya en La Sagrada Familia (1844), una obra escrita junto a Engels, dice esperar de aquella la transformación radical de la realidad. ¿Por qué la clase obrera? Pues por muchas razones, sobre todo de carácter moral, político y social, incluso estético antes que científico.
No es hasta veinte años después, cuando se publica el primer tomo de Das Kapital, que Marx “demuestra” que es la propia lógica de la economía capitalista la que lleva a una teoría como la suya y a un portador social como el elegido por él.
Fue el joven Engels, con sus informes epistolares desde Inglaterra, quien le mostró a Marx la existencia de un mundo obrero lleno de energía política e intelectual. Engels le hablaba de las condiciones de vida del obrero ( working class, proletario, para algunos sinónimos, para otros teóricos no), de la transparencia política del debate espiritual en medio de la más crítica miseria y Marx, sabedor del alcance revolucionario de la teoría, le apuntaba: “Hay que sumar a esa opresión, la conciencia de la opresión.” Es decir, agregarle argumentos a un mundo, en estado de inconciencia, todavía se podía aguantar. Escamotearle el opio al pueblo; es ese uno de los caballos de batalla del marxismo. El opio, es decir, la Coca-Cola, el jean, los Beatles, el opio.
El marxismo fue precisamente eso en sus inicios: un intento por hacer aún más insoportable la vida de la clase trabajadora, un programa para ponerle los nervios políticos a punto de estallido haciéndola conciente de la explotación en que se encontraba. Esto explica que el periodismo, el manifiesto, el discurso, fueran los géneros literarios dominantes en los primeros tiempos del marxismo. Es sabido que el primer nombre propuesto para El manifiesto fue el de Catecismo comunista, que no gustó a los editores. Lo que a su vez tampoco gustó a los autores, que lo entregaron a desgana, atrasados y con sanción que consta en archivos de la sección en Bruselas de La Liga de los Comunistas.
Después Marx se mantuvo durante mucho tiempo fiel a la especulación filosófica (tan entrenado estaba en la misma, que reaparece visiblemente en partes cruciales de Das Kapital). Fue Engels quien primero se apuntó una investigación social sostenida en la historia del pensamiento marxista (cierto que estimulado por Marx) al escribir La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845).
En los prólogos y cotas a las diferentes ediciones de esta obra, Engels repasa el camino que llevó al marxismo a cambiar su base social. A percibir la “europeización” del proletariado norteamericano y, después, a constatar el proceso de “aburguesamiento” del mismo.
Es una muestra de audacia y honestidad intelectual la comprobación de Engels, ya en 1892, de una realidad contundente: respecto a otros sectores de la sociedad, a fines del siglo XIX la clase obrera se había vuelto conservadora.
Ante esta nueva situación al marxismo revolucionario le quedaban dos alternativas:
1-Cambiar su planteamiento político revolucionario tornándose evolucionista, reformista, parlamentarista, ministerialista (millerandista), que es a lo que se llama hoy “Socialismo del Siglo XXI”.
2-Apelar a otra clase o sector social alternativo para la revolución. A los estudiantes y los intelectuales, por ejemplo, a los cuales se incorpora hoy el gremio de los “revolucionarios profesionales”, más radicales que la “clase trabajadora”.
Ilustración, Omar Santana
Publicado en: Cuba Inglesa | Actualizado 03/07/2008 1:42



10 Comentarios
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10 by para Niafunke (Usuario no autenticado) 03/07/2008 18:30
pero cuan ilustrado Niafunke. Y usted, es guajiro o capitalino, montaba en guagua o en bicicleta?
9 by Sai Baba (Usuario no autenticado) 03/07/2008 18:10
Oye Chino, después que vengas de Bahamas este weekend, vete a hacer una limpia que tienes unos cuantos envidiosos y realmente son muy pocos los que alcanzan tus alturas. Que si saliste de aquí pa'llá, que si hablas aquí distinto. Eres "niño lindo" donde quiera. Y al que Dios se lo dio...a los envidiosos los intriga. Pa' lante chino, monstruo tú...hormiguitas los que se quedaron en la fila...jajaja
8 by Niafunké (Usuario no autenticado) 03/07/2008 17:49
Eso de "ilustres" me parece algo desmesurado, típico de la idiosincrasia del cubano. El punto, no es dicutir acerca del talento o la capacidad intelectual, sino de analizar, en función de qué, se pone la inteligencia y la razón. A estos bautenses, desafortunadamente los vence la gula y el artificio. Hay una conocida escritora que vive en Cuba, quien ha ganado algún premio, que una vez almorzando conmigo en La Habana, me dijo que el problema de Ichikawa era muy sencillo: "es un guajiro ilustrado".
7 by E. Coli (Usuario no autenticado) 03/07/2008 17:40
Suscribo completamente el comentario de Rolando Bermejo, que si sirve para el comentario que le antecede, de "La resistencia", y el que le sucede, de Niafunké. Parece que algunos creen que se debe estar en la miseria más terrible para escribir algo que sirva, o que cobrar (y cuanto mejor, mejor) por el trabajo intelectual es algo denigrante ("...sigan el dinero y el vulgar acomodo..."). No entiendo a estos intelectuales de cueva, que no escriben nada, ni siquiera firman con su nombre, y resulta que saben cantidá, suficiente como para criticar y echar con el rayo, y no nos dejan entrar en su rico intelecto escribiendo para el resto de los mortales. Apenas unos comentarios a lo escrito por otros, que pena.
6 by para Niafunke (Usuario no autenticado) 03/07/2008 17:33
por casualidad su amigo ya logro decubrir porque Bauta da tantos escritores ilustres? Cual es el plato tipico de Bauta?
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