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Actualizado: 24/04/2014 13:47
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| Internacional

Venezuela, Cuba, Chávez

Hugo Chávez refugia su enfermedad en La Habana

Parece ingenuo creer que a Chávez se le haya presentado una nueva dolencia en cuanto llegó a Cuba

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¿Qué mejor lugar para ocultar un secreto que en La Habana? Hugo Chávez no podía decretar su enfermedad “secreto de estado” en Venezuela de la manera que se hizo en Cuba con la gravedad de Fidel Castro. ¿Dónde y en quiénes confiar para someterse a una operación?

En el aeropuerto, el 8 de junio bromeó frente a los periodistas extranjeros sobre su bastón para ayudar a la pierna operada casi un mes antes. Se había anunciado que arribaba para supervisar los trabajos de la Comisión Intergubernamental de Cooperación Cuba-Venezuela, y el periódico Granma el 11 de junio reflejó las sesiones “en el contexto de la gira del Presidente, quien desde su llegada el miércoles en la madrugada, ha sostenido encuentros con el Comandante en Jefe Fidel Casto Ruz y el General de Ejército Raúl Castro.” Pero a su lado también en primera página publicó el Comunicado al pueblo venezolano de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, leído por el canciller Nicolás Maduro, expresando que Chávez ya casi restablecido de la lesión en una de sus rodillas presentó una nueva dolencia de salud, que fue evaluada de manera inmediata por su equipo médico de confianza, y los exámenes diagnósticos revelaron un absceso pélvico, por lo cual decidió someterse inmediatamente a un procedimiento quirúrgico correctivo, así como que el cuerpo médico estimaba que en breves días estaría en condiciones de regresar de manera segura a Venezuela.

Había llamado la atención que el hiperquinético y mediático Presidente no abrumara durante dos días. En el canal de televisión que presenta en las noches alguna programación de Telesur, se pasaron documentales con viejas entrevistas al Coronel. Justamente cuando estaba en curso el proceso quirúrgico. Guión patético de los sistemas totalitarios que mantiene al personaje en el candelero, pero ocultando la verdad. Golpeaba el entendimiento que tantos dirigentes gubernamentales estuvieran en La Habana para la Comisión y el protagonista principal no apareciera. Despejó esta incógnita el Comunicado al expresar que “se encuentra iniciando el proceso de recuperación en compañía de sus familiares, su equipo médico y parte del equipo de gobierno”.

El día 13 los medios cubanos destacaron que había conversado por teléfono durante 30 minutos con Telesur, se recuperaba satisfactoriamente y fue visitado por Fidel y Raúl. Se decía que en esa oportunidad el mandatario recalcó que “afortunadamente se han hecho biopsias y no hay ninguna señal maligna… el regreso dependerá de la evolución, es una lesión sensible y no hay que apurarse. Yo estoy en plenas facultades, si me sintiera con las facultades disminuidas para seguir en el Gobierno yo mismo tomaría la decisión de pedir sustitución… Para aquellos que dicen que debo salir de la presidencia, tendrán que trabajar duro para lograrlo”. En realidad, cuando un presidente se encuentra seriamente enfermo, y sobre todo si está en el extranjero, usualmente traspasa temporalmente el cargo al funcionario correspondiente según la Constitución. Además significó que instruyó al canciller Maduro y al vicepresidente Elías Jagua que “todo se acelere”… “todas las misiones, de vivienda, agrícola, la producción nacional, la salud, la educación y la protección a la familia”. Sí, todo lo que mantenga en movimiento su populismo.

Efectivamente, Chávez procuró ofrecer sensación de normalidad al realizar las visitas suspendidas el mes anterior a Brasil, Ecuador y Cuba, precisamente debido a la dolencia en la rodilla según se adujo entonces. Tuvo su primer encuentro con la presidenta Dilma Rousseff el 6 de junio y se reunió con Rafael Correa el día 7. La brevedad parece que no respondió tanto a las cargadas agendas, como a la necesidad de acelerar el tratamiento médico por la seriedad de la dolencia. No se podía posponer para después de los festejos el 5 de julio por el 200 aniversario de la Declaración de Independencia de Venezuela y la cumbre constitutiva de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que se vienen preparando a bombo y platillo desde hace tiempo.

En cuanto al Gobierno cubano, menudo conflicto afronta. Tiene que garantizar la mayor precisión en los diagnósticos y procedimientos para que no se complique el paciente como ocurrió en el caso de la operación de urgencia de Fidel Castro a fines de julio de 2006. Los médicos y las condiciones en los hospitales para los máximos dirigentes son muy buenos, además el secretismo y el encierro fronterizo permiten traer a especialistas de cualquier lugar con la máxima discreción. Parece ingenuo que a Chávez se le haya presentado una nueva dolencia en cuanto llegó a Cuba. Los galenos cubanos deben haberlo estado evaluando en Caracas y hasta en algún viaje secreto a La Habana, y prepararon la intervención quirúrgica.

Independientemente de los sentimientos lógicos hacia todo ser humano en una crítica situación de salud, los máximos dirigentes cubanos deben estar muy preocupados con esta nueva contrariedad en las imprescindibles relaciones con la Venezuela chavista. Hasta ahora el complicado ambiente político, económico y social allí, con pérdida de apoyo al Presidente, podía lesionar la reelección en 2012, y por tanto, desestabilizar la situación interna cubana al faltar el soporte económico, sin que se tenga otro país dispuesto a sufragar la ineptitud endémica. Ante estas circunstancias, aún mayor relevancia cobran las recientes visitas del expresidente Lula de Brasil y el vicepresidente Xi Jinping de China. Pero la mayoría de las inversiones, sobre todo con la última, se encuentran en la frágil fase de Carta de Intención y basada en la garantía del petróleo venezolano.

A estas alturas, en los altos corrillos habaneros deben estar temblando ante la idea de que se hagan realidad las demagogas palabras finales de Chávez en el Comunicado: “Me consumiré gustosamente al servicio del Pueblo sufriente”.


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