Actualizado: 23/09/2022 21:11
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Humor

Carta a Consuelito Vidal (I)

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Lo que más me jeringa es que todos, y cuando digo todos, estoy hablando de la inmensa minoría que mayorea, pensaban, piensan y tienen la fijación de que marcabas para cubana de muestra, cosa que apoyaste tú declarando que no te irías nunca del país porque eras muy cubana, muy insular, muy entregada al proceso, como si la geografía tuviera relación directa con el Gran Líder.

Yo quisiera ver si un día el Gran Líder se acaba de tostar —¿más?— y decide mudarse para Corea o para Carabobo —que le pega cantidad— qué van a decir sus seguidores cuando se muden con él. ¿Seguirán afirmando que son cubanos hasta la muerte o aceptarán ser coreanos por fidelidad al padrecito? ¿Carabobearán en Carabobo? De manera que esas cosas absurdas, esos dislates de que uno se muere si no ve la calle G, antigua Avenida de los Presidentes, o que si se aleja mucho de Manacas le falta el aire, es, cuando menos un dislate digno de terapia con sueros, para no decir que es una guanajada mezclada con abyección intravenosa y letal.

Pero volvamos de vuelta —y media— a aquel programa nocturno en que, miércoles tras miércoles, te hacías invisible y fantasma —sin recorrer Europa— durante media hora risueña, y entrabas en los hogares ficticios que inventaba Carballido Rey para que se divirtieran los hogares verdaderos que ya comenzaban a volverse ficticios. La fórmula era clara y el esquema inamovible. Cerero Brito y tú comentaban las vidas de aquellos habitantes ficticios que la gente sentía como reales. Tú invitabas a que te acompañara y él se quedaba en su puesto. Entonces lo urgías a mirar "para allá" hacia donde te dirigías para entrometerte, no tan silenciosamente, en las situaciones.

En el fondo de todo, el éxito de "Detrás de la fachada" se debía mucho a tu gracejo, a tu chispa personal, pero no dejo de pensar y analizar, en esta distancia física y muy química que he interpuesto, que aquello alebrestaba al gran vouyeurista que todos llevamos por dentro, que en esa Cuba en la que decidiste ser más cubana que nadie, es como el gigantesco cederista de nuestras débiles y miserables entrañas. El inmenso chismoso que no aprendió nunca a ser discreto, educado, tolerante, y que confunde ser sociable con ser chanchullero, entrometido, envidioso y cochinancio. Esa es mi tisis sociológica y mi tesis sociológica.

Hay tantas contradicciones en ese modelo de cubanidad que han querido ver en ti que siento una incontrolable locuacidad. Voy a ordeñar mejor mis ideas. Asentarlas junto a mí —en el sofá, por ejemplo— y priorizarlas —que no es hacerlas admiradoras del ex presidente Prío—. Te adelanto que hay otros modelos de federadas, que es como decir de cubanitas. Y van de extremo a extremo, entre Tania la Guerrillera —que era un bunker alemán— y Mariana Grajales —que le tenía tirria al fogón y se deshizo de la prole mandándolos a la guerra.

Por eso repetiré y pondré cormoranes. O macarrones. Espero que me aguantes otra dosis analítica. Lo hago porque no pude hacerlo con mi señora mamá, que era una compañera madre. Regresaré en siete días, cantando esa pachanga que ahora mismo es bastante luctuosa, y absolutamente inútil, y que dice: "Consuélame, Consuelito,/ dame un abrazo, dame un besito".

Muy atrás y sin fachada,

Ramón


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