Actualizado: 23/09/2022 21:11
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Humor

Carta a Enrique Fontanills

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La profesión —social ella— lleva también cursos intensivos de historia textil, actualizaciones de la moda y el diseño, y un postgrado en licores, imprescindible, para no confundir el champán con el agua de birria, ni la solera del buen vino, y mucho menos los néctares ocultos del brandy con la guarfarina de urgencia. Todo con mucho tino —más Dentino que Modotti— y un manejo delicado de la palabra en toda su esplendorosa vastedad, para discernir, con holgura exquisita, entre el caki chino y las muselinas o el organdi, y no equiparar las sinuosas sedas de la China con el disfraz de espárrago crudo, que es la usanza moderna en ciertos círculos de lo que vino a sustituir la Jai, esa aristocracia donde se llegaron a entremezclar el garrotero con los Duques de Covadonga, o el Marqués del Westinghouse con el Manengue en ascenso. En fin, que hay que saber la diferencia sutil entre un General de Brigada y un General Electric.

Hiciste tanta escuela que todavía me extraña que nadie te nombrara ministro de Educación. Sería tal vez por ser ventrudo y finolis. Pero confieso que ahora siento mucho jolgorio —¿será bueno sentir jolgorio?, ¿no es mejor decir júbilo? No, el júbilo lo sienten los jubilados y ciertas masas populares. Siento jolgorio, o alegrecencia— de que hubieses roto la pluma cisnera en el 33, que fue un año muy revuelto, que iniciaría una revoltura estomacal que pienso no tiene cura inmediata. Enterrado el asunto, y tú con él, ya no hubo paladín de tu espesura literaria, sino mansos remansos mensos.

La crónica social, como que desapareció treinta años más tarde. Se convirtió, lenta e inexplicablemente, en cosa del pasado mundano, cuando nos alejamos del mundanal ruido del mundo bajo las —rdenes de Furibundo el Magnífico, especialista en magnicidios poblacionales. No te veo a ti escribiendo la crónica de nuevo tipo, más que social, socialista, porque los de arriba se fueron, los de abajo iban a subir, pero Furibundo emparejó a la baja, con lo cual todos nos quedamos más jodidos que mosca en manteca hirviendo. Y una nueva casta se coló en la canasta, odiando profunda y seriamente a la anterior, pero repitiendo las mismas cositas y habitando sus mismas casitas. Oh, que cambios más lindos se dieron, eximio Enrique. Que chic trajo la noble nobleza revolucionaria con su swing de izquierdas a la mandíbula.

No te veo describiendo un acto oficial de los de ahora. Intentaré asumir tu estilo para hacerlo aunque las dificultades propias del hecho en sí —dubitación filosamente filosófica— me impidan despegar y alcanzar tus altas cumbres. Voy:

"Hermosa y fulgurante noche en los jardines del Palacio de las Convenciones, donde las elegantes y combativas damas de la Federación n de Mujeres Cubanas departieron amigablemente con el Ministro de las FAR. El gentil caballero, que ocupa tan importante destino, vestía sobria muselina de hondos tonos, con sus estrellas de lánguido oro sobre los hombros. La primera Dama deslumbró a la concurrencia con una creación exclusiva del Taller de Retrograbados Granma, con diseños del compañero Felito, sobre tela de pamplin plisado, en unos vértices de amplia gama de rosados, que reafirmaban el carácter socialista de la espléndida soirée".

No puedo, es imposible. Tanto aprender a vender adjetivos para caer luego en los malsanos edictatoriales que escribe Furibundo. No me siento con capacidad de sustituir tu percepción del céfiro que desprende la ergástula. ¿Imaginas cómo me retuerzo la metáfora y se me inflama el tropo al describir tamañas gestas? Ahí te va un postrero esfuerzo como ejemplo:

"El Secretario General, de la fecunda Central de Trabajadores de Cuba, derrochó, entre la gentil concurrencia, chispazos de inteligencia".

Planto. Me niego. Es cierto lo que dijeron una vez, allá en la prehistoria del islote: "El Diario no puede estar sin Fontanills, ni Fontanills sin el Diario". Y no sabes cuántos cisnes prestan su pluma ahora diariamente para la croniquería. La crónica se ha puesto muy, pero muy crónica. Ha de ser por lo social, que se ensocia cada día más. A Diario.

Con una panoplia de Pamplona,

Ramón


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