Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Carta a la perrita Laika

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Orbital, molar y canina perrita Laika:

Probablemente el hombre primitivo comiera algunos perros. Unos doce, tal vez más, pues, como era primitivo, no se preocupaba mucho por contar. Hasta que se dio cuenta de que el perro era un excelente amigo, un guardián insuperable, y un compañero perfecto para la caza. Y molestaba menos que su mujer.

Los chinos y los coreanos no se enteraron jamás de eso y los mantuvieron en su dieta con moderación —nunca más de dos o tres animales por ocasión—, pero los soviéticos decidieron mandarlos al cosmos, tal vez porque cuando uno regresa lleno de vodka a su casa, dando tumbos, lo que menos desea es que un cuadrúpedo comience a ladrar de alegría delatándole ante su cónyuge o la milicia. Nunca se sabrá a cuál de los dos le temía más el hombre soviético, aunque hay encuestas que arrojan que muchos preferían la milicia. El hombre soviético también terminaba arrojando, en el inodoro, y la mujer soviética le arrojaba desde el samovar hasta las pantuflas.

Por eso los chinos y los coreanos nunca desarrollaron a derechas la carrera espacial, y no solamente porque eran de izquierdas. Comiendo perros los martes, jueves y domingos, la población mermaba. Tampoco era plan de irlos a buscar al cosmos, que en definitiva eran perros rusos, y en eso coincidían con los nazis. Hay veces que los insultos llegan a parecerse. No por gusto los chinos se achinan y los coreanos corean.

Lo que más tarde la historia oficial de la URSS disfrazó de logro científico no fue más que una torpeza. Como Moscú a finales de los cincuenta se estaba llenando peligrosamente de mendigos y perros, las autoridades decidieron deshacerse de ellos de un modo que ahora comprendemos complicado. Mandar perros fuera de la órbita terrestre resulta, a la larga, costoso, aunque en la época era más fácil embutirlos en un cohete y salir de ellos. Los mendigos, en cambio, resultaban un caso poco menos que imposible por mucho Limonavskaia que llevaran en la ventrecha. Insultaban, pataleaban y les daba por cantar en el espacio, así que resultaba mejor ponerlos en un tren rumbo a Novosibirsk. Jamás se daban cuenta del cambio de ciudad.

No sabemos nada de tu historia antes de ese vuelo interplanetario que le abrió al hombre nuevas y alegres posibilidades. Sólo que eras una perra sin hogar en una sociedad socialista. Esto pudiera parecernos una contradicción, pero no es cierto. Un animal, en el campo socialista, está obligado a convivir con otros animales, que no se sabe, a la larga, si son animales superiores. Un perro, en el campo socialista, es al fin y al cabo un animal campestre, y no es útil, a menos que sirva para morder al enemigo, ladrar en la frontera, o halar un trineo. Y en una economía así, donde el fracaso económico está planificado al dedillo, algunas familias deben escoger entre el perro y la abuela. Se han dado algunos casos en que no quisieron separarse de su mascota, y la vieja terminaba alcoholizada en Novosibirsk.

Te recogieron en las calles de Moscú. Deambulabas entre carteles optimistas, trolebuses, y gente alegre que corría al trabajo para poder salir en las películas. Tal vez tenías otro nombre en lenguaje perruno, pero ya sabemos como eran aquellos optimistas y serios hombres socialistas soviéticos. Tras un internamiento largo y una observación detallada, algún cerebro brillante decidió bautizarte Laika, que significa "que ladra". Un grupo bastante numeroso de colegas tuyos, sin embargo, fue catalogado como "los que muerden", pero no se cómo se dice en ese idioma, ni que destino tuvo. Quizá fueron enviados a Corea. Tal vez terminaron repletos de vino en Novosibirsk. Quién sabe si sirvieron más tarde en la frontera.


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