Actualizado: 19/10/2017 11:37
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El Señor de los Bombillos

No hay dudas: literalmente la Isla ha crecido y ahora está más cerca de Haití.

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Todo el que ha tenido que chocar con ella, sabe que la realidad es dura como el alma de un jefe de sector, o como pasar la Nochebuena en casa de unos vegetarianos. Por eso, cada cual trata de escapar de ella por diferentes medios: el alcohol, las drogas duras, las telenovelas o las estadísticas, como es el caso del gobierno cubano.

Para fin de año, por ejemplo, el ministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez (más conocido como "El Puma… de las Estadísticas"), salió por televisión para anunciar muy complacido que el país había experimentado un crecimiento del 11,8 por ciento. O sea, una tasa de crecimiento mayor que la que tenían en Taiwán antes que descubrieran lo que significan las palabras "vacaciones" y "ausencia por enfermedad".

Realmente es mucho más reconfortante leer o escuchar estadísticas de ese calibre que, por ejemplo, mirar dentro del refrigerador. De todas formas habrá quien piense que el ministro sacó sus cuentas a partir del contenido de su propio refrigerador. Posiblemente se trata de un crecimiento literal y la Isla, en efecto, se haya estirado un poco desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí. Y posiblemente sea así: Cuba cada vez está más cerca de Haití.

Claro que para llegar a alcanzar tan robustas y estimulantes estadísticas, no se limitó a producir y producir como locos. También fue necesaria mucha imaginación a la hora de sacar las cuentas. La nueva revolución del concepto de ahorro que embarga al país ha permitido incluir en el cálculo de la tasa de crecimiento factores que han tenido un gran auge en los últimos tiempos, por ejemplo, la exportación de servicios: médicos a Venezuela y camareros a Miami.

Gracias a este esfuerzo estadístico, también se ha conseguido reducir la tasa de desocupación a un ínfimo 1,9 por ciento, sólo comparable con Auschwitz en los tiempos en que le encontraban empleo a todos, incluyendo a las cenizas. Alguna mente prodigiosa se debe haber dado cuenta de que no podía haber desempleo en un país donde se pasa tanto trabajo por cualquier bobería.

Método creativo y contagioso

Así que todo se ha aprovechado para las estadísticas. No sólo el esfuerzo de nuestros aguerridos jineteros y jineteras. También el de los perseguidores de guaguas, que con su entusiasmo dan sentido al transporte público de la Isla, el de los que pedalean incansablemente en sus bicicletas "Forever", el de los heroicos especialistas de la bolsa negra y hasta el de sus clientes, que ahora se tiene en cuenta en las tasas de crecimiento a fin de que no se pierda tanto sudoroso esfuerzo.

Cosas que en una sociedad obsesionada con el consumo, como la capitalista, son desechadas sin miramientos, gracias a este nuevo concepto de la economía pasan a formar parte del Producto Interno Bruto (más conocido como Pedro Ross): latas de leche vacías, ideologías en desuso, pomitos de compota, tribunas abiertas, ropa de segunda mano o una novela de Abel Prieto.

Después de todo, se pueden poner de moda de nuevo y hasta se pueden reexportar (con la excepción de los libros de Prieto), con lo que pasarían a formar parte del Producto Externo Bruto (más conocido como Pérez Roque).

Ese creativo método de utilizar las estadísticas ha contagiado al resto de los compatriotas, según se puede ver en los resultados del último Censo de Población y Viviendas. Uno de los datos más interesantes es aquel que nos informa que el 65 por ciento de los cubanos son blancos, el 10 por ciento negros y el 24,9 por ciento mulatos y mestizos, lo que permite concluir que en realidad alrededor de un 30 por ciento de la población es daltónica.


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