Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Economía

¿A dónde va el socialismo de Estado?

Después de destruir la industria azucarera, el sistema pretende reproducirse en los excedentes venezolanos y chinos.

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Los "marxianos" escribieron un montón de ensayos y libros para dejar claro que el socialismo científico que pensó Carlos Marx nunca existió. En ninguna época y lugar. Los "marxianos" eran unos intelectuales que en materia de teoría social y política partían de la idea de Marx de que el socialismo sólo era posible a partir de la sociedad más desarrollada, de modo que si, por ejemplo, la cuestión del socialismo no avanzaba desde Inglaterra, Francia o Estados Unidos, no había nada que hablar.

Los marxistas, menos rigurosos pero más imaginativos que los "marxianos", se inventaron el socialismo en las periferias más cercanas al capitalismo, siempre en una órbita occidental y europea. Legitimaron a la ex Unión Soviética y al resto de la Europa del Este y fundaron una teoría de la sociedad socialista basada en una sedicente propiedad del proletariado, en una hegemonía del partido comunista y en una distribución igualitaria de la riqueza.

La prueba de su existencia no estaba en su afirmación positiva, sino en lo que negaba: aquellas no eran, definitivamente, sociedades capitalistas al estilo ni siquiera de Francia.

Otros marxistas, menos rigurosos que aquellos y todavía más imaginativos, recrearon una especie de socialismo de Tercer Mundo en el que calificaban Etiopía y Granada y en la que se inscribía Cuba.

Fracaso de la ficción política

Como sabemos, todos esos socialismos marxistas fracasaron. La ficción política e ideológica de que estábamos frente a sociedades socialistas se vino abajo —cero propiedad y producción sociales y nada de distribución igualitaria de la riqueza— y las naciones que asimilaron el cambio comenzaron a experimentar con híbridos, más o menos exitosos, sobre la base de sociedades capitalistas y de mercado, que no son la misma cosa.

Quedó una especie de socialismo post-1989 en aquellos países tercermundistas o tercermundiados que se resistieron al cambio, que no pudieron evitar la quiebra de los socialismos "societarios" y que se refugiaron en un socialismo de Estado que intentaba redistribuir los beneficios sociales en medio de la autoreproducción cíclica de las desigualdades y la profundización veloz de su viejo ciclo improductivo.

Corea del Norte, Vietnam, China y Cuba quedaron como testimonio de ese socialismo de Estado post-1989. En muchos casos, sin embargo, tal socialismo fue y es mera táctica retórica para mantenerse al mando de la situación, como son los casos de Vietnam y China (el último de los cuales percibió la necesidad del cambio tan temprano como 1979, apenas cinco o seis años después de la explosión de la revolución tecnológica de principio de los setenta), países que se sitúan a la cabeza mundial en varios ámbitos productivos gracias a la introducción de prácticas capitalistas y de mercado, ambas inclusive, en sus respectivas economías.


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