Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Crónica de un viaje corto a La Habana (II)

Me viene a la memoria otra frase que oí en este viaje, andando Centro Habana: “Esto es a lo cubano: yo no lo entiendo y por eso no te lo puedo explicar”

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Llegando a Madrid, me puse a ver un programa de esos que solo ponen en verano, de tipo competitivo con un único individuo que juega con el presentador a responder una serie de preguntas, y me pareció genial ver un programa así justo recién llegada de Cuba. Al concursante le hacen una pregunta, le dan dos opciones de respuestas pero tiene que responder lo incorrecto. En fin, su cerebro tiene que al hablar invertir el primer pensamiento. Y automáticamente pensé: como inviten a un cubano recién llegado el programa se arruina porque se lleva todo el dinero a la primera. Porque pocos pueblos estarán tan entrenados como el nuestro para responder justo con el contrario de lo que la mente piensa. Es una habilidad que les puedo asegurar que no se adquiere en un día, pero que con unos cuantos elementos motivadores se logra y se instala de un modo muy efectivo.

Se trata de un método de control fabuloso, porque no necesita gran inversión, ni desplazamiento de personal uniformado, ni objetos de persuasión directa, ni pandillas de civiles con palos y consignas simulando un pueblo enardecido (esto se reserva para los que no logren controlarse, pero son pocos y se les lleva a la cárcel y/o al extranjero). Se le puede llamar elegantemente autocensura, autocontrol, hasta puestos más a la moda, educación emocional, al final ésta se está definiendo como un control de las emociones según las circunstancias. Realmente tenemos un pueblo con una elevada educación emocional, algo realmente todavía por conseguir en el mundo capitalista donde pueden aparecer jóvenes que no se saben controlar ante las injusticias, la corrupción, las subidas de precios, las bajadas de salarios, el desempleo, y un inmenso etc. Pero no, en este caso, no es conveniente que haya autocontrol, es bueno que los jóvenes se rebelen al capitalismo, porque si no lo hacen, es que no están vivos, porque se han dejado adormecer por la propaganda capitalista, enajenante.

Yo he vivido muy de cerca y he participado en algunas asambleas de los indignados del 15-M —no sólo son jóvenes, hay ciudadanos de todas las edades—, he ido a las manifestaciones contra los recortes por la educación y la sanidad públicas —porque aquí en España, aunque no se diga en Cuba, esos servicios son gratuitos y de alta calidad, al menos hasta el día de hoy—. He dejado escritas mis opiniones sobre algunos temas y cuando vi en la Puerta del Sol un mapa del mundo donde señalaban los países que se iban uniendo al movimiento y había un par de puntos en el mapa de Cuba, me pregunté si los indignados de Cuba, lo están solidarizados con los problemas de estos indignados de Madrid, o si están indignados por su propia indignación. Eso no me lo pudieron aclarar los del 15-M, aunque les pregunté a los que estaban cerca del mapa. En fin, esa duda siempre me quedará, porque en Cuba ni me atrevo a preguntar, a ver si los declarados indignados, que tenían Internet, puesto que se anexaron al movimiento a través de la red, son los mismos que hacen las páginas web oficiales de la juventud cubana, que no tiene acceso a Internet —salvo raras excepciones— pero tiene un portal que se actualiza con frecuencia. Esto resulta cuanto menos contradictorio y un poquito más, algo sospechoso.

Por cierto, se comenta que el libre acceso a Internet tendrá el módico precio 6 cuc (casi dólares) la hora. O sea, 180 dólares al mes por 1 hora al día, con esto quedará más que garantizado que el acceso seguirá siendo mínimo y totalmente elitista. Ojalá esto solo sea una bola (un rumor), no lo de acceder a Internet, sino lo del precio y finalmente nuestro pueblo tan instruido y culto pueda tener la posibilidad de leer todo lo que quiera, sacar sus propias conclusiones, y hasta decidirse a opinar. Esto claro que no se va a lograr tan fácilmente, pues junto con los accesos a Internet se generarán nuevos empleos para el control y la actividad oficial en la red, con lo cual los cubanos como se saben controlados se auto-controlarán nuevamente, porque le pueden cortar la conexión en cualquier momento por… el motivo que sea.

Internet, seguramente al principio (aprox. diez años por la cuenta oficial) va a tener que ser para los revolucionarios, y los revolucionarios siguen siendo los que opinan a favor, o no opinan, si opinan en contra, la palabra lo dice, son contra-revolucionarios. Si es que es fácil, yo no sé cómo todavía hay gente que no lo entiende…

Vuelvo a las nubes, y pienso entonces que si el señor nos está mirando -—como afirman muchos millones de personas en el mundo— creo que estará un poco arrepentido de toda esta creación. Quizás ahora mismo esté pensando cómo terminará esta historia de “primas de riesgo” y desmanes del capitalismo y de “cooperativas de obreros” y desmanes del socialismo, y en qué lío se ha metido creando a estas personitas que nos dejamos gobernar por unos cuantos ambiciosos y mediocres. O quizás solo ambiciosos, porque los mediocres somos nosotros, que somos más y mejores y no logramos controlar a un grupito que seguro viene desde la primaria con algunos problemas de relación con la clase que no han sabido canalizar en sus propias familias y se han ensañado con la masa, en todos los sitios en nombre de ella. Qué desgracia para la humanidad.

Me viene a la memoria otra frase que oí en este viaje, andando Centro Habana: “Esto es a lo cubano: yo no lo entiendo y por eso no te lo puedo explicar”. Sin comentarios.

Y también un letrero en un camión perteneciente a una iglesia : “Cuba para Cristo”, y pienso que preferiría, que Cuba fuera para TODOS, también, por qué no, para él, pero no solo para él. ¿o es que todo el mundo quiere cogerse a Cuba para sí? Creo que no necesitamos más salvadores. Por favor, que este pueblo pueda madurar, ser adulto, que pueda vivir su pluralidad con optimismo y que aprenda a convivir sin que nadie crea que tiene toda la verdad, porque en realidad nadie la tiene. La democracia en Cuba se hará, habrá que hacerla, cuando sea, y ese momento deberá ser de alegría para nuestro pueblo no de agravios ni de revanchas, pues el país se atrasaría mucho más y estaríamos otra vez en manos del odio y la mediocridad. Deberá ser una etapa positiva, todos hablando con todos y de todo, para hacer entre todos lo que se considere mejor. Para esto deberá prevalecer la cordura, la sensatez, la inteligencia de unos hombres y mujeres responsables, cultos en amplio sentido. Sin grandes caciques, ni grandes oradores, necesitamos gente responsable, que asuma lo que le toca de responsabilidad por administrar nuestra gran familia, y que vea su trabajo, como lo que es, un compromiso temporal que se le asigna tras un breve espacio de tiempo —limitado— a otro miembro de la comunidad, no un cargo vitalicio ganado con no sé cuales méritos por haber hecho no sé cuáles hazañas , durante no sé cuál período. Ya no hay tiempo para más héroes de la patria ni para más salvadores. No debería haber más tiempo para la supremacía de unos sobre otros. Cada uno podrá aportar algo, sin duda en política vale la experiencia, pero sobre todo valen la inteligencia, la honradez y el sentido común para rodearse de los que saben y dejarse asesorar.

La experiencia a veces es muy traicionera en política, creo que hay que desconfiar de los políticos de profesión, es preferible la renovación permanente o cíclica con gente valiosa, que siempre la hay, y que se le controle, claro está, eso siempre. La sociedad tiene que tener sus controles para no dejar que los políticos hagan lo que se les ocurra de modo arbitrario. En política no es cuestión de confiar plenamente en los políticos, ni en economía en los bancos, siempre deben estar fiscalizados, observados, obligados a tomar decisiones con consenso, cuando se trata de decisiones que impliquen los recursos de todos. El poder corrompe, ya se sabe. Todo esto ahora parece lejano e intangible, pero se vivirá y no será tan difícil como a veces creemos o nos instan a creer.

No basta con cambios económicos para mejorar la sociedad cubana, los cambios también deben ser políticos, si no nuestra sociedad seguirá viviendo en un doble discurso que distorsiona la realidad y que produce un retorcimiento intelectual y práctico en los ciudadanos que es cuanto menos dañino para la salud social.

Durante todos estos años fuera y dentro de Cuba han compartido mesa y alegría cubanos de diferente signo político y con diferentes visiones de la vida y de la economía. Solo unidos, y que bien unidos, por lazos de amistad y familia, que a pesar de todo, han sobrevivido. Hablo de las últimos veinte años. Nadie pretende convencer al otro de sus razones, sencillamente prevalece el respeto y la convicción de que por encima de cualquier idea somos personas nobles, honestas, seres humanos, en definitiva, que deseamos lo mejor para nuestro país. Es hacia ahí hacia donde creo que deberíamos mirar, hacia esa posibilidad real de entendernos y convivir, todos en función del bien común. Y que la transparencia forme parte de nuestra política nacional, que no se repitan los errores que ya son conocidos del capitalismo, y que no se pierdan las ventajas del socialismo, que son las mismas del capitalismo desarrollado europeo, la educación y la salud gratuitas —pagadas entre todos, porque realmente gratuito no hay nada— y podamos hacer de Cuba una nación próspera. No es tan difícil hacer que este pueblo sea un poco feliz, pero hay que proponérselo y, sobre todo, no tener miedo a que para ello haya que ceder el poder a las nuevas generaciones. ¿Acaso no están suficientemente preparadas para gobernarse? ¿Por qué desconfiar tanto de los propios hijos?

No he dedicado ni una ligera mención al bloqueo de los Estados Unidos, no creo que haya que dedicarle un segundo más a ese tema, ni una pancarta más, ni un letrero más, ni un discurso más, ni una petición más para su eliminación. Es aburrido, cansino e inoperante. Tanto mantenerlo, por un lado, como hablar de él todo el tiempo en la Isla. Nuestro pueblo lleva muchos años en el medio de un ring de boxeo donde recibe golpes por todos lados, por delante y por detrás, y así no hay quien se levante. Y Cuba, aun con bloqueo lleva años comerciando con todo el mundo. Y si tanto se odia el capitalismo, lo mejor sería haberse olvidado hace muchos años de él y haber hecho del sistema socialista una sociedad autogestionada, autofinanciada, líder del desarrollo sostenible, de la ecología y la eficiencia en un mundo más justo. Y eso, lo siento, no se logró, a pesar de tener muchos años funcionando al campo socialista, con su CAME, intercambiando sus malos productos y añorando los de los vecinos capitalistas. Porque los comunistas cubanos que han podido, han sido durante años muy selectivos consumidores de lo mejor del capitalismo en cuanto tienen la oportunidad de aterrizar en esas tierras y ahora también sus familias con las que viajan con facilidad, como si vivieran en un país normal. Habría que ser más honrado y más consecuente. Creo que habría que centrarse en Cuba, en tratar de hacer bien el trabajo, el propio, el del país, y que la preocupación sea que la gente pueda prosperar, producir, trabajar, para sí —por qué no— y para el bien común —también— y despreocuparse de lo que piensa cada uno. Y quitar el bloqueo interno primero. Los cubanos que no vivimos en Estados Unidos ni en Cuba no tenemos influencia del bloqueo norteamericano, pero sí del bloqueo desde Cuba, que permite negociar a los europeos, a los chinos, a los canadienses, etc. sin haber mecanismos realmente transparentes y oficiales, porque los capitalistas tienen que entrar en el compadreo y la adulación del personal pues crear una empresa no lleva un procedimiento visible, si no es ante todo un acto de favor.

Propiciar que nuestro dinero entre en Cuba para alimentar la vagancia y la falsa creencia de un capitalismo ideal donde parece que nos sobra el dinero que enviamos es totalmente contraproducente, sobre todo para la juventud cubana, que solo ve los resultados y no ve el esfuerzo. ¿Es así cómo se van a seguir educando nuestros jóvenes?

El día que se elimine el bloque interno para los cubanos que vivimos fuera de Cuba, el bloqueo de Estados Unidos caerá, porque los cubanos que todavía lo defienden no lo harán. Eso lo veremos.

Vuelvo a la rutina. He descargado toda esta energía, porque sé que la próxima semana ya cogeré otra vez el ritmo de la vida cotidiana, que como en todas partes, no nos deja casi tiempo para reflexionar. Quizás alguien piense que no valga la pena haber dicho todo esto, o que ya de algún modo se ha dicho, o que no quedo bien con nadie, ni con unos ni con otros, pero esta noche voy a dormir mucho mejor. Realmente no me interesa quedar bien con nadie, sino ser fiel a mis principios y a mi honestidad como ciudadana cubana y del mundo. Y si se publica bien, y si no, también. Ya se lo pasaré a mis amigos, que en cualquier caso, no son pocos.


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