Actualizado: 20/09/2021 9:45
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Insurrección, Castro, Batista

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

El Alto Mando estimó que la insurgencia había sido liquidada, sobre todo al detectarse entre los cadáveres uno que, por su apariencia, se identificó como Fidel Castro

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El 3 de diciembre de 1956, Santiago de Cuba amaneció tan calmada que el comandante militar de la plaza, coronel Pedro Barrera, dio autorización para celebrar sin reservas las tradicionales fiestas de víspera de Santa Bárbara, aunque sabía que Fidel Castro había desembarcado el día anterior cerca de Niquero.

El 30 de noviembre habían estallado alzamientos del grupo político de Castro (MR-26-7) en Santiago y otros puntos de Oriente. Por decreto del general presidente Fulgencio Batista, Barrera asumió la jefatura militar de aquella plaza y llegó por la noche, seguido de una fuerza especial de 23 oficiales y 250 alistados. Al día siguiente restablecía el orden ocupando todas las posiciones y casi todas las armas de los alzados, así como metiendo en la cárcel a varios líderes. El 16 de diciembre se levantó la emergencia y Barrera regresó a La Habana.

Cadenas del mando

Al tener noticia del desembarco, el teniente Aquiles Chinea, jefe del puesto de la Guardia Rural en Niquero, dio el parte al capitán Caridad Fernández, jefe del Escuadrón de Manzanillo, quien a su vez informó de urgencia al general Martín Díaz-Tamayo, jefe del regimiento acuartelado en el Moncada. Díaz-Tamayo pudo haber movilizado a su tropa para batir a los invasores, pero arrastraba la cadena de tanto recelo de su jefe, el general Pancho Tabernilla, que se limitó a reportarle la situación y quedó a la espera de instrucciones [1].

En vez de ordenar a Díaz-Tamayo que procediera de inmediato con sus fuerzas, Pancho designó como jefe de operaciones a un ayudante suyo: el comandante Juan González, quien salió con un batallón del regimiento destacado en La Cabaña y al llegar a Niquero se puso a fortificarlo, como si fuera una plaza a punto de ser atacada, antes que dedicarse a buscar y capturar a los expedicionarios del Granma que ya iban rumbo a la Sierra Maestra.

Sobrevino entonces por confusión una acción combativa entre dos unidades del mismo batallón y González fue sustituido por el lugarteniente de Díaz-Tamayo, coronel Ramón Cruz Vidal, quien el 5 de diciembre atinó a batir con sus tropas a la partida de Castro en Alegría de Pío, mientras los aviones de reconocimiento ayudaban bombardeando y ametrallando.

El Alto Mando estimó que la insurgencia había sido liquidada, sobre todo al detectarse entre los cadáveres uno que, por su apariencia, se identificó como Fidel Castro. Cruz Vidal regresó a Santiago con halo de mission accomplished y la jefatura de operaciones pasó al comandante Armando Rodríguez Alonso, de la Marina de Guerra, quien recibió la orden de completar la búsqueda y captura de los expedicionarios sobrevivientes con pequeñas unidades de la Guardia Rural auxiliadas por efectivos de la propia marina y de la Policía Marítima.

Condenados del condado montaraz

La Sierra Maestra estaba entonces cubierta con vegetación que se extendía por unos ocho mil kilómetros cuadrados, pero encerraba también exuberante contradicción entre unas cuantas familias terratenientes —con fincas de dos y tres mil caballerías— y más de 40 mil campesinos serranos, casi todos de familias condenadas a ser precaristas [2] de por vida.

Algunos terratenientes tuvieron la ocurrencia de aprovechar la coyuntura del desembarco para limpiar sus tierras de precaristas, acusándolos de colaborar con los expedicionarios. Algunos militares se prestaron a la componenda, que tuvo ejecución ejemplar en la masacre de Palma Mocha. Una patrulla asesinó allí a todo cabeza de familia que pudo encontrar, quemó cuarenta y tantos bohíos y expulsó a doscientos y pico de supervivientes, quienes fueron a refugiarse en dos barracones cerca de Playa Chirivico. Castro pactó con los precaristas arrimar el hombro para tomar venganza e impedir ulteriores abusos [3], a cambio del respaldo crucial de quienes conocían bien el paño montañoso.

Bandeja de La Plata

El primer combatico victorioso de Castro quedó servido en bandeja con una patrulla mixta de seis soldados y seis marineros en el apostadero (casucha de madera con techo de zinc) de La Plata, entre ellos el sargento de la Marina de Guerra y el cabo de Guardia Rural denunciados por los precaristas como máximos responsables de la masacre de Palma Mocha.

Ambos chiflaron aquella madrugada del 17 de enero de 1957. El cabo había salido a llevar a un prisionero al puesto de mando ubicado en El Macho y el sargento escapó porque andaba de pesca en el río al principiar el tiroteo. La patrulla tuvo dos muertos, tres heridos mortales y dos heridos más; la partida rebelde de 29 hombres, entre ellos ocho precaristas, no tuvo bajas. Castro mandó a incendiar los bohíos de los militares, dejó los heridos al cuidado de los tres ilesos apresados y partió justamente hacia Palma Mocha para seguir internándose en la Sierra Maestra, donde nadie —según Batista— podía vivir.

Coda

Para el 29 de enero de 1957, Barrera retornaba como jefe de operaciones y emprendía un plan de pacificación que combinaba acciones militares con medidas sociales para ganarse a los guajiros serranos. Se embulló tanto con el éxito inicial que el 11 de abril llevó a veintipico de periodistas de gira por la Sierra Maestra para demostrar que la guerrilla de Castro boqueaba. A tal punto fue convincente que, el 16 de abril, Batista ordenó la retirada de Barrera y sus tropas especiales para retomar la contrainsurgencia con pequeñas unidades, esta vez bajo la jefatura del comandante del Ejército Joaquín Casillas. Casi todo el mundo sabe qué pasó después [4].

Notas

[1] Tabernilla ponía obstáculos y más obstáculos para que Díaz Tamayo fracasara y poder así instar a Batista a reponer al coronel Alberto del Río Chaviano como jefe del cuartel Moncada.

[2] Precaristas eran quienes ocupaban tierras sin ningún amparo legal para trabajarlas en una suerte de economía de subsistencia.

[3] Aparte de los precaristas asesinados en Palma Mocha, otros treinta y pico fueron llevados a un barco para tirarlos al mar y “pescarlos” a balazos.

[4] No todos porque todavía un fantasma recorre la blogósfera de asuntos cubanos: el fantasma del comunismo internacional como gestor, a través del desprestigiado Partido Socialista Popular (PSP), de ese fenómeno histórico denominado revolución.


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