Actualizado: 12/07/2024 0:11
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Sociedad

El dengue no cree en batallas

Higiene cotidiana y autonomía en las actuaciones de los ciudadanos: Las únicas 'armas' capaces de hacer desaparecer la epidemia para siempre.

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Resulta contraproducente —con esa experiencia de siglos, establecida la integralidad de la salud y descubierto el agente en una enfermedad de similar transmisión— que en 1981 se reportaran en Cuba cientos de miles de casos de dengue y decenas de muertos, que ese mal brotara nuevamente en 1997, que en 2002 se reiniciara una gigantesca batalla contra el mosquito y que ahora, en 2006, sin anunciarse oficialmente, estemos inmersos en otra campaña por las mismas razones.

Ante la insistencia de la enfermedad, se impone una reflexión crítica. Salta a la vista que, si bien el esfuerzo hecho en el campo de la salud cubana es indiscutible, el mismo ha adolecido del enfoque integral. Las altas cifras de médicos por habitante y la baja mortalidad infantil se acompañan de cantidades de basura por habitante difíciles de superar, así como de agua potable y albañal acumulada y mezclada por doquier.

Batalla: método inútil

Los huevos del mosquito Aedes Aegypti, instalado en nuestra región hace ya cuatro siglos, pueden conservar la fertilidad en condiciones favorables hasta 12 meses aproximadamente. Su hábitat es la falta de higiene, por lo que su erradicación es imposible sin las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, sin el fomento de la cultura de la salud, sin la información precisa e inmediata y sin la participación activa de los ciudadanos, paralela a la del Estado.

Ninguno de esos objetivos es alcanzable por medio de batallas; pues la recogida sistemática de la basura, la limpieza de las calles y la eliminación de los salideros no se hacen efectivos por esa vía.

Los resultados negativos contra el mosquito Aedes Aegypti demuestran lo inútil del método, a pesar de la cultura militar adquirida durante casi medio siglo de batallas contra "el enemigo", la ignorancia, las ilegalidades, la corrupción, la negligencia…

El concepto de batalla designa el enfrentamiento armado entre dos ejércitos, y el fin de cada uno es destruir o imponer su voluntad al otro. Las mismas se desatan cuando los objetivos son inalcanzables por otros medios y se desarrollan en un espacio y tiempo definidos. No se puede, por tanto, batallar por todo, todo el tiempo y en todas partes, porque ello implica centralización y subordinación, provoca daños colaterales, entorpece otras actividades sociales cotidianas e imprescindibles, y genera cansancio e indiferencia sociales.