Actualizado: 29/11/2021 15:04
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Represión

El Mandela cubano

Jorge Luis García Pérez (Antúnez) aguarda su libertad desde el 15 de marzo, cuando expiró su condena de 17 años.

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Vía Crucis

En su carta de 2003, Antúnez anunciaba: "En estos días comenzaré a escribir un anecdotario sobre mi vida en prisión, que le haré llegar poco a poco".

Parte de ese anecdotario, en realidad un calvario, puede leerse en Boitel Vive - Testimonio desde el actual presidio político cubano, publicado en abril de 2005 en Argentina, bajo el auspicio del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina y la Fundación Konrad Adenauer de Alemania. (Para obtener el libro, se puede llamar al Directorio Democrático Cubano al teléfono 001-305 364 2917).

Durante 17 años, Antúnez ha recorrido más de una docena de prisiones, entre ellas Alambradas de Manacas, La Pendiente, El Pre y la Provincial, en Villa Clara; Nieves Morejón, en Sancti Spíritus; Kilo 8, en Camagüey; Las Mangas, en Bayamo; Boniato, en Santiago de Cuba; Combinado Provincial de Guantánamo y Combinado del Este, en La Habana. Largo y tortuoso ha sido también su periplo por enfermerías y hospitales militares.

Entre las muchas ofensas que le hicieron sus carceleros, le llamaron "negro contrarrevolucionario". Pero Jorge Luis García Pérez es más que un prieto rebelde y bocón, es el alma y cerebro del Presidio Político Pedro Luis Boitel, agrupación de opositores encarcelados que él creara a mediados de 1995, durante su estancia en la prisión camagüeyana de Kilo 8.

Antúnez no se ha limitado a denunciar injusticias y violaciones de derechos humanos, pan de cada día en el infierno de las cárceles cubanas. Gracias a su ejemplar valentía, logró aunar a su alrededor a presos políticos y comunes.

De entre los valiosos testimonios de su libro Boitel Vive, aconsejable sería que todos aquellos preocupados por las condiciones en que se encuentran los supuestos terroristas en la Base Naval en Guantánamo, se leyeran las páginas que Antúnez dedica en su libro al Combinado Provincial, relativamente cerca de la instalación militar estadounidense, y de las cuales hemos extraído algunos fragmentos.

Prisión Combinado de Guantánamo

-Las tolas: Con este nombre se conoce en esta prisión a las tres celdas especiales de castigo y tortura donde son confinados los huelguistas de hambre y aquellos que las autoridades llaman "recalcitrantes". Son de unos cuatro por dos metros y si no son más pequeñas se debe a la propia estructura de la edificación. Están desprovistas de toda instalación de agua y luz y la puerta de entrada y la ventana trasera recubiertas de amplias y gruesas laminas de acero, que convierten a las celdas en un horno por el calor y en una cámara por la falta de aire y oxígeno. Las tolas se usan indiscriminadamente, pero sobre todo contra presos políticos, los que en total desnudez, falta de agua y cama han padecido allí verdaderos actos de tortura.

-El cuarto de los trucos: Oficina de orden interior ubicada en el centro lateral del pasillo central, en estratégica y semioculta posición con puertas a todas las alas, es la jefatura de la represión. Allí se orientan y muchas veces se escenifican despiadadas y brutales golpizas amparadas por el cómplice silencio de paredes y puertas gruesas que las recubren ex profeso.

Tres celdas techadas en la citada área están destinadas para que los reclusos reciban una hora de sol y ejercicio al aire libre, lo que es imposible lograr, porque son muy pocos los rayos de sol que a duras penas pueden penetrar el compacto y exagerado enrejado del techo, tampoco la realización de cualquier ejercicio físico, con más de diez personas hacinadas en un área de dos metros cuadrados.

-La cuarentena: Esta zona, ubicada en la cuarta planta del segundo edificio, parece estar destinada a reclusos que presentan enfermedades contagiosas. Formada por varias celdas-cubículos que carecen de las más mínimas condiciones higiénico-sanitarias, sin instalación de agua corriente.

Por estas razones, el lugar donde se realizan las necesidades fisiológicas está siempre colmado de excrementos y orine, con un mal olor tan intenso que resulta muy difícil comer cuando se está dentro de esas celdas. Los días que llega el agua, los reclusos para bañarse tienen que salir de sus celdas e ir a un baño colectivo, donde después de esperar por largo tiempo en una interminable cola y bajo el constante riesgo de que se acabe al agua, bañarse en el más incómodo e impúdico hacinamiento.

-El "golfo" y el "golfito": Ni están cerca de la costa ni es una parte del mar que penetra en la tierra firme: son dos destacamentos, ubicados en la primera y segunda planta del primer edificio. Adquirieron el nombre después del conflicto bélico, a principios de los noventa, en la zona geográfica conocida como Golfo Arábico-Pérsico, y lo llaman así por las temperaturas increíblemente altas. En ese lugar "en llamas" recluyen al peor elemento de la prisión: asesinos, acosadores sexuales, pederastas y conflictivos.

Los militares alientan allí las riñas e inducen al matonismo. Los "infelices" —así llaman en prisión a los no problemáticos— son amenazados con ser llevados para el golfo o golfito, donde son sometidos a todo tipo de vejámenes y maltratos y se llega al extremo de restringir el escaso alimento al "infeliz" en beneficio del matón.

-Cinco nombres: Los militares de la prisión del Combinado de Guantánamo que han hecho del atropello y la represión una conducta personal son los mayores Orlando Rodríguez Casamayor y Pablo Reyes; el capitán Miguel Macías y el primer teniente Julio, así como la doctora Milagros de las Mercedes Alonso Abreu, psiquiatra, jefa del puesto médico de la prisión.

Matutes

El casual encuentro con la hermana y cuñado de Antúnez en la Embajada de España, se produjo en 1998, el mismo año en que el entonces ministro de Exteriores español, Abel Matutes, viajara a La Habana. De ese viaje, Antúnez recuerda:

"Por esa época visitó el país el canciller español Abel Matutes, quien además de las conversaciones sostenidas con las autoridades cubanas, solicitó por escrito la excarcelación, por razones humanitarias, de una veintena de presos políticos. Esa lista, entregada a Matutes por Amnistía Internacional, fue desoída por el gobierno de Castro. Sólo fueron excarcelados dos de nuestros hermanos, Jesús Chambert Ramírez y Desy Mendoza, a los que, alevosamente, se les condicionó la libertad a que abandonaran su Patria. Vale destacar que ésa ha sido una muy astuta y maquiavélica práctica del régimen de Castro por más de treinta años".


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