Actualizado: 29/06/2022 10:50
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cuba

Castro, Castrismo, Ideología

En busca de la ideología perdida (II)

Segunda y última parte de este trabajo

Comentarios Enviar Imprimir

III

Con la muerte de Fidel Castro no desaparece el régimen, pero si se aleja la posibilidad de reinventarse, ideológicamente hablando. El Continuismo es solo una aspirina para las mentes veteranas, temerosas de un cambio necesario. Alivio temporal, no de la causa del dolor. Todavía en vida, y formalmente sin poder, el difunto comandante torpedeó las buenas e ingenuas intenciones de Barak Obama para enmendar el entuerto. Dejaba así su herencia desideologizada: el secreto de la sobrevivencia del proceso llamado revolución está en la pugnacidad, el enemigo externo, creer que la bota gringa pisará las calles nuevamente.

Ese periodo que va desde la muerte física del exlíder hasta la selección del nuevo presidente pudiera considerarse de sosiego ideológico. Amagos de cambio. Raúl Castro es un excelente administrador, pero no es ni carismático ni original. Y lo sabe. Su función en la tragicomedia es y será ser la garantía del no cambio. No quiere decir que no sienta la necesidad imprescindible de hacer profundas transformaciones económicas y sociales. Pero como buen suspicaz, siempre supo que el peligro verdadero venía de adentro, de quienes no pueden perder el control de la llamada revolución cubana porque perderían la vida.

Incapaz de simular como el hermano, menos enajenado con el poder, el general-presidente desde el principio buscó cómo y a quien dejar una papa demasiado caliente. Y por supuesto, nada más ajeno al pensamiento creativo que el Designado. Su escogencia se debe, sin duda, a su mansedumbre intelectual, acrítica, esa capacidad diazepánico-cantinflesca de decir mucho y no decir nada. Suelen los colegas recordar que cada cual habla de lo que padece. En el discurso del Continuismo, vacío cascarón, las palabras ciencia, innovación, tecnología y coherencia se repiten sin que se logre ver ciencia, tecnología e innovación por ninguna parte. Mucha incoherencia, entre lo dicho y lo hecho, eso sí.

IV

Definitivamente lo que ha faltado al Castrismo–Continuismo —irrecuperable desde esa óptica— es una propuesta ideológica sensata, nueva, movilizadora de los jóvenes y también de las generaciones anteriores, desencantadas, aburridas, resentidas por no haberse ido antes del país.

El marxismo-leninismo clásico, totalitario, contiene argumentos insalvables al hacer una lectura equivocada, caprichosa de la historia, de la economía y del ser humano en sus derechos y deberes inalienables. El Castrismo-Continuismo lleva sobre sus hombros ese “pecado” original más el vacío teórico del Castrismo. Cada ensayo colgado en los medios de prensa oficialistas por los que se supone sean sus ideólogos orgánicos, carece de sustancia, de proposiciones, de originalidades; no son más que repeticiones de deseos, lemas, descargas con sesenta años de uso; con frases del exlíder que no tienen sentido en la realidad actual.

Quizás los economistas rechacen la idea de que no es la economía la causa de haber llevado al país a un callejón sin salida. Me gustaría verlo de esta manera: el problema del Castrismo es moral, espiritual. Han perdido el corazón de los cubanos. Podría descubrirse petróleo, oro, plata y piedras preciosas y aunque mejorara la economía, eso no cambiaría, a estas alturas, la frustración de millones de cubanos.

Desde el siglo XVIII se creía que sin azúcar no habría país. Pues no hay azúcar y sigue existiendo el país. El embargo busca como fin el ahogo económico del régimen y la consecuente rebelión interna. Vamos en siete décadas de embargo que si bien no es asfixiante, provoca respiración entrecortada, y ahí están, mirando la Raspadura cual Puerta de Alcalá. Los sesudos pensaron que negociando con Maduro y su impresentable gobierno, la Isla se apagaría. Hoy Venezuela envía más petróleo a Cuba que hace un par de años.

Lo único salvable del Castrismo para los dictadores de este mundo es que se trata de un manual de sobrevivencia en el poder. El texto castrista es un compendio de tretas, medias verdades y mentiras totales, fracasos convertidos en éxitos, engaños, y una muy fina capacidad para otear el futuro y tomar acciones proactivas. Pero tiene un problema: solo pudo ser escrito y comprendido por el mismo autor, Fidel Castro.

Los adláteres del Continuismo son incapaces de leerlo y aplicarlo al menos por tres razones básicas: no tienen capital político acumulado —muertos y defenestrados en su conciencia—; no poseen maldad para lidiar con un capitalismo que nunca han vivido; y puede que la primera de todas las razones sea que tienen puesto el freno de los que si poseen Sierra, Llano, y otras batallas, no de ideas precisamente.

Lo único que pueden hacer ahora los continuistas es revivir un muerto espiritual, el Castrismo sin Fidel. No veremos estatuas. Pero ya vimos la primera peregrinación a Santa Efigenia. No oiremos lemas —oraciones profanas— en las escuelas. Pero los niños desde edades muy tempranas comenzarán a aprender de memoria las hazañas y musarañas de quien, dicen, hizo carne la espiritualidad de José Martí. Faltará el papel para la libreta de abastecimiento. Pero no para decenas, miles de ensayos, libros, pasquines donde se supone el difunto líder dejó alguna idea digna de ser seguida. Y la gente seguirá viviendo en posadas convertidas en albergues mientras la casona del Vedado permanecerá llena de amanuenses e invitados.

El Castrismo-Continuismo está herido de muerte porque nunca fue, no ha sido nada. Paradójicamente, algunos de los que lo han mantenido en pie son los mismos que se dicen enemigos. El régimen cubano es un sistema de inestable estabilidad. A mayor presión externa el sistema se organiza, aumenta la coherencia hacia adentro. Es física de primer grado. La única manera de terminar con un sistema que en sus fracasos prolonga la vida es no ejerciendo presión desde afuera sino, como dijera un famoso terapista, dejar crecer la Torre de Pisa hasta que caiga por su propio peso.

Si bien el mundo del Siglo XX permitió al Castrismo ir a su aire, y los cubanos de adentro solo tenían la versión oficiosa de las cosas, hoy estamos entrando en la segunda mitad del XXI, y el poder de las redes sociales es indetenible. A ello se suma una economía parasita de siempre, incapaz de hacer verdaderas innovaciones y liberar las fuerzas productivas por temor a un final anunciado. Está por ver que filósofo, político, o economista puede encontrar en un grano de maíz la gloria intelectual del Finado; quien hallará la alquimia reveladora, aquella que evite a la extinta revolución convertirse, algún día, en una verdadera democracia, de la de una patria con todos y para el bien de todos.

Algunos pensamos que la solución biológica, el paso de Raúl Castro a otra dimensión de la existencia, desatará una verdadera batalla de ideas. Esperemos y oremos para que no suceda otro tipo de pelea. A este redactor le gustaría soñar que al día siguiente de la partida física del general- presidente uno de esos grises continuistas aparecerá en la Casa Blanca dispuesto a mejorar en serio las relaciones con Estados Unidos y dejar de jorobar en su traspatio. Que en una escala en Miami, ese personaje, cargado de ideas y buenas intenciones, hará una invitación pública a quienes nacimos en esa tierra para reconstruir el país con todas las garantías legales y facilidades para volver a que Cuba sea la Perla del Caribe.

Entonces habrá que poner semáforos marítimos en el Estrecho de la Florida —y flores a los muertos, nunca olvidar ese cementerio— porque el trasiego de ferris, aviones, yates, tanqueros y cruceros entre Cuba y el resto de Norteamérica será descomunal. En un tiempo muy breve la gente preguntará que cosa es ideología, si eso se come. Mientras, los cubanos esperaran un nuevo año rodeado de familiares venidos desde todos los rincones del mundo, y con todo lo materialmente necesario, imprescindible para ser felices y tener ideas por las que valga la pena cualquier sacrificio.


Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Los comentarios de usuarios que validen su cuenta de Disqus o que usen una cuenta de Facebook, Twitter o Google para autenticarse, no serán pre-moderados.

Aquí (https://help.disqus.com/customer/portal/articles/960202-verifying-your-disqus-account) puede ver instrucciones para validar su cuenta de Disqus y aquí (https://disqus.com/forgot/) puede recuperar su cuenta de un registro anterior.