Actualizado: 23/10/2017 19:18
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Reportaje

Entorno envenenado

La contaminación por residuos tóxicos alcanza a residentes de varias zonas del país. Las afecciones van desde alergias y problemas respiratorios agudos hasta cáncer.

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A medianoche, el hospital de San Germán se vuelve un hervidero de gente que entra buscando alivio. Entre los afectados hay niños y adultos asmáticos, con problemas respiratorios y alergias. Padecimientos que se han convertido en un arrastre que va más allá de la asistencia hospitalaria, un eslabón perdido en la atención primaria de salud, que los ha condenado a sufrir enfermedades que podrían ser evitables.

A pesar de las políticas diseñadas por la oficialidad para, supuestamente, cuidar el medio ambiente y elevar la calidad de vida de la población, el desajuste entre la producción industrial, el control de los residuos tóxicos y la protección de la gente que reside cerca de las áreas contaminantes son fichas sueltas del ajedrez.

"Parecería que vivir en medio del campo es tener una vida sana, pero no lo es", dice a CUBAENCUENTRO.com Alejandro, jubilado del sector de la Educación y residente en Felicia 2, en la localidad de San Germán, provincia de Holguín.

Apunta el jubilado que por residir a "apenas tres kilómetros de donde queman la paja de caña", "todo ese humo se vuelve durante meses de zafra sobre los barrios que están incluso a cinco kilómetros. Es infernal tanto en las noches como en el día", agrega.

Varios centrales azucareros de Holguín cuentan con un centro de limpieza colindante, donde "despajan" la caña y luego queman el residuo. Esos desechos afectan la vida cotidiana de los vecinos. Desde lo más grave: un gran número de infantes crecen con problemas respiratorias, hasta lo más elemental del día a día: el hollín que flota en el ambiente es un incordio para la ropa tendida a la intemperie.

"Hemos ido a ver a los representantes del Medio Ambiente, instancias del gobierno, y hasta estudios se han hecho, pero es muy difícil que vayan a afectar la producción azucarera por darnos un respiro", comenta Nora, quien ha estado implicada en las gestiones de su comunidad.

Diferentes investigaciones sobre el medioambiente se han centrado en los alrededores de lo que fuera "El Coloso", una de las fábricas más grandes de azúcar de caña en la Isla, pero el resultado de esos estudios nada ha cambiado la vida de los residentes en San Germán, intoxicados por años con los desechos sin que las autoridades tomen partido sobre este asunto.

Armando, un vecino del barrio Los Pinos, se queja de los desagües de la planta productora de sacharomiza (una melaza para alimento animal), emplazada a un costado del ingenio azucarero.

"La peste de esa zanja llega hasta las aulas de la escuela secundaria Máximo Gómez, lo que molesta a alumnos y trabajadores. Lo mismo sucede con el bagacillo que se cuela en las aulas. Eso es algo que a nosotros nos parece sin solución de por vida", argumenta.

También los vecinos de Calera se quejan del daño medioambiental que causan los residuos del horno para la extracción y fabricación de cal (de ahí el nombre del barrio), que hacen peligrar la salud de los pobladores de la zona. Las autoridades han dicho que se han tomado medidas para proteger a los trabajadores, pero los vecinos siguen siendo los mayores afectados.

"Sí hay personas con problemas de falta de aire, que padecen coriza todo el tiempo, pero los especialistas no te van a dar las cifras, ni aceptan nunca que sea producido por esa fábrica, que es del Estado", dice Rubén, quien por mucho tiempo vivió en Calera y desde que se mudó a una zona apartada del pueblo, vio mejorar la salud de sus dos hijas menores.

Este lugareño dice que se cansó "de hablar con todo el mundo". "Los especialistas en Holguín me decían una cosa y las autoridades aquí la negaban y hacían otra. Estoy seguro que casi todos los trabajadores del horno de cal están enfermos, pero eso no se puede andar voceando. Entonces ¿cómo estarán los que todavía viven a cincuenta metros de la fábrica?, se pregunta.

Dos fuentes médicas consultadas no se atrevieron a dar datos ni opinar sobre lo que a vista de todos es una violación flagrante de las normas medioambientales. Los sitios de la intranet (una red nacional) cubana no publican tampoco datos concretos sobre la contaminación ambiental en la localidad para el dominio público.

'En Moa, la verdad se abre camino'

Este texto de una canción de la orquesta Los Van Van se hizo popular por los años ochenta. El pegajoso ritmo aludía a los logros de la única zona niquelífera del país, denominada "Obra de Choque de la Juventud Cubana", un apelativo que quedó ancho para las expectativas de vida de los habitantes de la región minera de Moa.

Un estudio circulado por médicos disidentes del lugar hace más de un año arrojó que un alarmante 83,42% de los 926 trabajadores consultados de la planta Che Guevara tenían alterado los valores sanguíneos, un 42,33% presentaba problemas respiratorios, y un 66,33% padecía reforzamiento en los pulmones con signos radiológicos.


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