Actualizado: 19/06/2024 16:42
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Política

Entre dos discursos

Raúl Castro olvidó en Santiago el vaso de leche que prometió en Camagüey. A los santiagueros sólo les anunció agua.

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Amurallado en el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, como los soldados de la dictadura el 26 de julio de 1953, el general Raúl Castro pronunció un discurso de unos 50 minutos en ocasión del aniversario 55 de aquella intentona. Pero ni el escenario ni el auditorio, y mucho menos el texto leído, recuerdan lo acaecido en Camagüey en la misma efeméride, un año atrás.

Fundada en 1515, Santiago es la segunda ciudad en importancia de la Isla. Posee una espaciosa plaza cívica que recuerda al más ilustre de sus hijos, Antonio Maceo, quien, sobre un corcel encabritado, hace un ademán instando a que lo sigan.

Sin embargo, el pasado sábado 26 de julio Raúl Castro optó por amurallarse en vez de dirigirse a los cubanos bajo la égida del Titán de Bronce, como lo hiciera en Camagüey en 2007, a la sombra de Agramonte.

Jaime y Lidia, dos colombianos comunistas que llegaron hasta la posta tres de la antigua fortaleza militar, interesados en intervenir en la celebración, quedaron en la estacada. "Lo sentimos, pero la participación en el acto es por invitación", les dijeron los policías.

"Vinimos a celebrar el 26 de julio junto a vosotros", dijeron Txavi y Olga, una pareja de jóvenes vascos que recibieron igual respuesta.

El auditorio del general fue elegido entre dirigentes políticos y gubernamentales, veteranos de aquellos combates, militantes del Partido Comunista, los Comité de Defensa de la Revolución, y jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, hasta completar 10.000 sillas distribuidas en el polígono del viejo cuartel. Las había acolchadas y rígidas, según la importancia del "elegido".

Nada que decir, mucho que hacer

Las plazas públicas suelen ser sitios peligrosos, predios de francotiradores, e incluso, pueden transformar en hazmerreír a un orador anodino. En tiempos de combustibles caros, abarrotarlas con farsantes es oneroso. "Y luego del discurso de Camagüey, Raúl no tiene nada nuevo que decir y sí mucho por hacer", dijo de forma confidencial un intelectual santiaguero a CUBAENCUENTRO.com.

Su observación es fiable. En Camagüey, el general habló de "cambios estructurales" y de conceptos, dijo que había que borrarse de la mente que la leche sólo era para niños de hasta siete años, que llevaban 50 años hablando de lo mismo y que había tierras para producir leche para todo el que quisiera tomarse un vaso. Y tras ser aplaudido por los camagüeyanos, la respuesta fue la censura y el inmovilismo.

¿Quién puede censurar a Raúl Castro? La respuesta parece obvia cuando 44 palabras de su discurso en Camagüey fueron eliminadas de los medios, incluso en la televisión, y sólo el semanario local Adelante publicó el texto íntegro.

En Cuba hay un retranquero poderoso, un perro del hortelano que ni come ni deja comer.

"Vea", dijo un viajero de Las Tunas a Camagüey. "Vea cómo el marabú que han podado, ahora crece más hermoso". En un trayecto de más de 100 kilómetros sólo había cinco trabajadores echando herbicidas sobre el rebote de maleza espinosa en un potrero de la cooperativa Ignacio Agramonte. Hasta en la ciudad de Camagüey, ahora rebrota escalonado el marabú que fue cortado, en la misma medida que actuaron los macheteros, como si lo hubieran resembrado.

Mucho más que sed

Donde mejor se aprecia la improductividad de los campos es en las ciudades. El martes 22 de julio, en el mercado estatal de Camagüey conocido por "El Hueco", sólo ofertaban arroz quebrado a 3,50 centavos la libra. Según la vendedora, hace más de dos semanas que no reciben ninguna variedad de plátano vianda.

No lejos del mercado estatal, opera otro regido por la ley de la oferta y la demanda, conocido como "El Ejido". Decenas de vendedores tenían los más diversos tipos de plátano.

Algo similar ocurría en el carnaval de Santiago de Cuba el pasado 25 de julio. Mientras los vendedores estatales sólo proponían magras raciones de pollo o cerdo, a precios superiores a 20 pesos, los privados hacían su agosto en puestos improvisados, pero con variedad de ofertas.

"Es una paradoja cruel. Restringen a los que producimos con mayor eficacia", apreció un vendedor.

Con base en el decreto ley sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo, aprobado por el gobierno, CUBAENCUENTRO.com realizó el 22 de julio un sondeo entre dos decenas de agricultores camagüeyanos. La opinión general se resume en la pregunta que estos hicieron: "Si con todos los recursos, el Estado no hizo producir la tierra, ¿cómo podemos explotarla nosotros, sin maquinaria y sin créditos para adquirirla?".

El 26 de julio, Raúl Castro no dijo nada nuevo. Eso sí, anunció que en 2010 los santiagueros tendrían resuelto el problema del agua. Parece una buena nueva, pero no se sabe hasta dónde.

Pasadas las tres de la madrugada del 26 de julio, luego de andar las calles entrevistando a gente que trabaja de noche para conocer qué opinión tienen del anteproyecto de Ley de Seguridad Social, este reportero, virtualmente deshidratado, trató de conseguir un vaso de agua en la flamante terminal interprovincial, dotada de modernos ómnibus chinos. "Los pasajeros aquí no tienen acceso a una gota de agua", informaron en la instalación.

En otra ocasión, durante un desplazamiento al antiguo hospital (no lejos de donde en la tarde hablaría Raúl) que tomara Abel Santamaría, segundo al mando de Fidel Castro en el ataque de 1953, tampoco este reportero pudo conseguir un vaso de agua.

"Mire, en este hospital no hay agua. No es extraño, no es la primera vez que hemos tenido que lavar una camilla con suero fisiológico", dijo un empleado.

Parece un tema recurrente, pero después de visitar Santiago de Cuba, a pesar de la sed, cualquiera se da cuenta de que los problemas de una ciudad de medio millón de habitantes no son sólo los relacionados con el agua. Aquí hay donde escoger. Fácilmente se puede hacer hasta un inventario nacional.


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