Actualizado: 22/05/2019 9:03
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Historia

La matanza de Oriente

El Partido Independiente de Color encabezó en 1912 un alzamiento para protestar contra la enmienda constitucional que lo situaba al margen de la ley.

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La discriminación racial, una de las manifestaciones más antihumanas y aún presente en nuestra sociedad, cuenta entre sus dramáticas páginas en Cuba una masacre ocurrida en mayo de 1912 en la antigua provincia de Oriente, la más horrenda de la historia de la Isla. En esa fecha se produjo un alzamiento encabezado por el Partido Independiente de Color (PIC), en protesta contra una enmienda constitucional que lo situaba al margen de la ley. A pesar de su impacto en los destinos de la nación, este hecho es apenas conocido por los cubanos de hoy.

Este 28 de abril, en el aniversario 97 del fallecimiento del autor de la Enmienda Adicional al artículo 17 de la Ley Electoral, es oportuno reflexionar acerca de lo ocurrido, y conocer de su autor y su responsabilidad en el fatal desenlace.

Las causas más inmediatas de este suceso están en que la igualdad formal recogida en la Constitución de 1901 no recogió las medidas necesarias para su implementación práctica, después del enorme aporte de los negros al concluir la Guerra de Independencia y quedar instaurada la República. Los negros arribaron al nuevo escenario siendo lo que eran: sencillamente negros, carentes de propiedades e instrucción, factores determinantes para el avance personal y social.

A ello se unió la poca atención que partidos políticos y autoridades de la República prestaron a un problema tan cardinal para la nación; el hecho de que Oriente había sido refugio de una gran población negra, porque allí era relativamente fácil adquirir tierras para la labranza; la disminución de empleos; y el alto por ciento de negros en la región, muchos de los cuales habían combatido en las guerras.

El escenario

El autor de la controvertida Enmienda fue Martín Morúa Delgado, nacido en noviembre de 1856 en Matanzas. Mulato, hijo de español y de negra esclava, desempeñó varios oficios y devino de forma autodidacta un destacado y polémico intelectual. Su primera manifestación en la vida pública fue en el periodismo: en 1880 fundó su propio periódico, El Pueblo, al que calificó como "Órgano oficial de la raza de color".

Durante su estancia en Estados Unidos, desarrolló diferentes funciones revolucionarias y se incorporó a la Guerra de Independencia en 1898. En 1901 fue delegado a la Asamblea Constituyente, y en 1909, presidió el Senado. Al morir ocupaba la Secretaría de Agricultura.

Su norte fue siempre el mejoramiento del destino de Cuba sin el uso de la violencia, destacando la necesidad de la superación cultural de los negros para alcanzar las aspiraciones de justicia y libertad, por lo que se opuso durante tres décadas a la creación de asociaciones políticas de una sola raza. Por su fallecimiento se declararon dos días de duelo nacional; su cadáver fue expuesto en capilla ardiente en los salones del Senado y fue homenajeado por el pueblo y las autoridades con uno de los más grandes sepelios de la época republicana.

La Enmienda impulsada por Morúa, que prohibía la creación de asociaciones políticas de una sola raza, fue aprobada por el senado de la República el 11 de febrero de 1910. Desde ese momento, el PIC, nacido dos años antes, fue declarado ilegal. Después de fracasar todos los intentos por la suspensión de dicha enmienda, el Partido encabezó en 1912 el alzamiento de los Independientes de Color en los territorios que hoy forman parte de las provincias de Guantánamo y Santiago de Cuba, con el fin de lograr la derogación con la fuerza, o al menos con la amenaza.

Así quedó listo el escenario para la salida violenta en la que se mezclaron dos hechos interrelacionados: la protesta del PIC, que fue la chispa, y el desespero económico de los campesinos negros, que fue el combustible del incendio social.

La negativa de Morúa Delgado a la conformación de organizaciones políticas de la raza negra está recogida en los siguientes párrafos: "Los negros reunidos jamás alcanzarán de los gobiernos otra cosa que beneficios para los negros. Y eso no es lo que debe buscarse. Mientras se hagan 'concesiones a las clases de color' permanecerán éstas en la inferioridad a que las condenará el régimen pasado y las sujetan las rutinarias prácticas presentes. Todo hay que obtenerlo como miembros de la sociedad cubana y no como individuos de tal o cual raza".

"No, no; la raza negra, las clases de color no deben por ningún concepto constituirse aparte de la raza blanca porque así confirman su estado seccional para toda la vida, imposibilitando su noble aspiración a elevarse al goce de todas las garantías constitucionales".

Los factores

Se debe tener en cuenta que estas ideas que repetía una y otra vez, datan nada menos que de 31 años antes de presentar ante el Senado la controvertida Enmienda Constitucional. No debe entonces sorprender a nadie que Morúa presentará la Enmienda adicional con el argumento de que la Constitución había investido de la condición de cubanos a los africanos que fueron esclavos en la Isla, y que consideraba contrario a la Constitución y a la práctica del régimen republicano la existencia de agrupaciones o partidos políticos exclusivos por motivos de raza.

Además, Morúa vaticinó en los debates que una organización política integrada por negros podría automáticamente generar su opuesto, una compuesta sólo por blancos, y que este precisamente era "el conflicto" que el proyecto de ley intentaba prevenir.

Desconocer las arraigadas ideas de Martín Morúa Delgado respecto a lo nefasto de la organización política racial para alcanzar la fraternidad entre negros y blancos, por la que venía combatiendo desde el siglo anterior, no puede sino conducir a error.

No fue la Enmienda Constitucional, sino la desatención de la agenda de los negros, el empleo de la violencia verbal o física para dirimir sus diferencias y la persistente discriminación racial, los factores que condujeron al mar de sangre de 1912 y que aún están presentes en la sociedad cubana: una enseñanza de vital importancia para nuestra historia presente.