Actualizado: 14/12/2018 10:51
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19 de mayo, Máximo Gómez, Martí

Martí, Fidel y “El hermano Obama”

Sobre la muerte de José Martí y las páginas “perdidas” o “arrancadas” de su diario

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Cuanto hice hasta hoy, y haré…
José Martí, 18 de mayo de 1895

Tras quedar atrás el frenesí que, tal y como sucede cada vez que Fidel Castro aparece o desaparece, ya sea en imagen o texto, concitó su reflexión del 27 de marzo sobre Obama en ambos bandos del problema cubano, la efemérides de la caída de Martí en combate propicia examinar el pasaje que le dedicó y precisar algo que suele dislocarse entre cubanos: qué pasó.

El pasaje

“Tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar. Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante inescrupuloso?

El suicido

Castro habría soltado ya sobre la muerte de Martí: “Cuanto más lo pienso, más creo que fue un suicidio” (Fin de siglo en La Habana, 1994, p. 480), pero la frase de Martí que ahora entresacó de una carta [Montecristi, 25 de marzo de 1895] a Federico Hernández Carvajal, no pega con intenciones suicidas y mucho menos ante la alternativa de regresar a EEUU, que se desvaneció el 9 de abril de 1895 al embarcar Martí rumbo a Cuba.

Máximo Gómez explicó a Tomás Estrada Palma por carta [Ciego Najasa, 22 de agosto de 1895] qué había sucedido: “Seis días antes de embarcarnos lo había yo decidido a quedarse, pero aviso publicado imprudentemente en Patria lo hizo volver atrás, y ya a mí no me fue posible convencerlo y nos echamos a la mar”.

Desde Enrique Collazo (Cuba Heroica, 1912) hasta Froilán Escobar (Martí a flor de labios, 1991) han regado por ahí que el regreso a EEUU volvió a plantearse en Cuba, pero ni hay indicios en el diario de campaña de Martí, quien anotaba todo, ni cabe que un suicida escribiera el 18 de mayo de 1895 en Dos Ríos a su amigo Manuel Mercado: “Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno (…) Seguimos camino, al centro de la Isla a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio…”.

Dos Ríos

En su reflexión Castro calificó al Generalísimo Gómez como “el jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia”. Sin perjuicio de lo general cabe señalar que se privó de ambas cualidades el 19 de mayo de 1895.

Para el jefe español en Dos Ríos, coronel José Ximénez de Sandoval, Gómez “fue el único responsable de la muerte de Martí” por arrastrar las tropas al combate sin plan de ataque ni conocimiento de qué posiciones ocupaba el enemigo (Alrededor de la acción de Dos Ríos, 1942). Así mismo llueven las críticas de oficiales mambises por haber actuado Gómez allí en contra de su propia circular [14 de abril de 1895] a los mandos del Ejército Libertador: “Disciplina quiere decir orden, y orden quiere decir triunfo”.

  • Por encargo del Gobierno de la República en Armas, Enrique Loynaz marchó hasta Dos Ríos en octubre de 1895 e indagó qué había pasado. Concluyó que no hubo dirección militar, sino galopar frenético y retroceso desordenado (Memorias de la guerra, 1989).
  • Juan Masó Parra explicó por carta [La Caridad del Almagre, 25 de junio de 1895] a Juan Maspón Franco: “Haber esperado al enemigo en la orilla opuesta del río, desmontando una parte de la caballería y hasta flanquearlo por su derecha, era lo único que debía y pudo hacerse. No se hizo, y culpa sin duda fue del general Gómez, que dirigió el combate. Pues a los otros jefes no le cabe la responsabilidad colectiva de la consulta, que no hubo”.
  • Manuel Piedra Martell narró que Gómez había desatendido el consejo de vadear el río Contramaestre más adelante y la formación para el combate se rompió antes de que los cubanos se enredaran en aquella “escaramuza insignificante” (Mis primeros treinta años, 1943).

En medio del desorden causado por la falta de disciplina y discreción de Gómez, Martí no cargó contra las fuerzas españolas, sino que dio con ellas por extravío, como atestiguó —de oídas de su madre— el hijo de Ángel de la Guardia: “Al desviar una hondonada los caballos, Martí y Ángel se separaron del grupo. Ambos presentarían sin saberlo un blanco magnífico a los españoles. Una descarga cerrada derribó a Martí; el caballo de Ángel de la Guardia recibió tres impactos y cayó sobre el jinete, que a duras penas logró zafarse” (Anuario Martiano 2, 1970, pp. 490 ss).

Un práctico cubano al servicio de España, Cayetano Martí Arias, confirmó al historiador Juan Andrés Cué que ya se había hecho alto al fuego cuando el tropel del caballo de Martí se percibió como otra carga: “Si a Martí no lo tumban los tiros, se hubiera metido dentro de las fuerzas españolas” (Patria [Fragua Martiana], junio de 1970).

Las páginas perdidas

La pregunta de Castro acerca de qué intrigante inescrupuloso cargaría con la pérfida culpa de haber arrancado algunas hojas del diario de campaña de Martí tiene una sola respuesta plausible: el propio Gómez.

Al espulgar en 1940 su diario de campaña (1868-99) para darlo a imprenta, el hijo de Gonzalo de Quesada se percató que tenía interpolado el diario de Martí. Aunque la foliación (4650-76) del Archivo de Gómez no tenía saltos, la colación del propio Martí pasaba de 27 a 32. No debían faltar las páginas 28 (reverso de la 27) y 31 (anverso de la 32), pero al dorso de la página 5 había una mancha de tinta que alteró el orden y en lo adelante los impares irían en el revés de cada página.

Así, faltan cuatro páginas que corresponden a la entrada del 6 de mayo de 1895, luego de la larga nota de Martí sobre el encuentro el día anterior con Maceo en el ingenio La Mejorana.

Bernardo Gómez Toro, custodio principal del Archivo de Gómez, juró por su madre que el diario estaba igualito que como lo había recibido al morir su padre [17 de mayo de 1905]. Así que Gómez había retenido en secreto el diario de Martí, a pesar de que, a poco de terminar la guerra, Gonzalo de Quesada solicitó a todos los manuscritos de Martí para publicarlos.

“Gómez lo recibió completo de mis manos”, precisaría el coronel Ramón Garriga y Cuevas (Diario de la Marina, febrero 22 de 1948), quien según el propio diario de Martí fungió como ayudante suyo desde el 29 de abril de 1895. Por eso “guardaba el diario en mis alforjas. Cada vez que Martí me lo pedía, se lo entregaba”. Este oficial mambí recalcó que al entregarlo a Gómez “no le faltaba hoja alguna” (Carteles, octubre 25 de 1953).

En virtud del testimonio de Garriga y Cuevas, quien agregó haber visto a Martí escribiendo en las páginas ahora faltantes sobre el disgusto de Maceo con el manejo de los fondos para la guerra, otro oficial mambí, Luis Rodolfo Miranda, puntualizaría que las hojas arrancadas contenían la relación al detalle de cómo se habían distribuido los fondos, incluso “las cantidades enviadas a distintos patriotas” (Antorchas de libertad, 1945, pp. 11 s).

Coda

Tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de Martí, pero no tenía que caer en Dos Ríos, si no fuera porque los cubanos solemos llevar “tesoro[s] en vasos de barro” (2 Cor 4.7).


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