Actualizado: 12/07/2024 0:11
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| Cuba

Populismo y desesperanza

Una receta inamovible: parálisis cívica y social, discurso acrítico y autocomplaciente, proyectos y promesas impulsadas por el voluntarismo.

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Parece que el gobierno se ha dado cuenta, con más de dos lustros de retraso, del efecto que han tenido en las condiciones de vida de la población, la caída en picada de la producción, la dolarización de la sociedad y la grave desproporción entre el poder adquisitivo y el costo de la vida. No obstante, se niega a admitir lo que tantos años de sostenida instrucción académica han convertido en una verdad para los cubanos: para distribuir riquezas y bienes materiales hay que crearlos, y eso sólo se puede lograr otorgando sólidas garantías jurídicas y estructurales a la libertad económica, empresarial e individual. Sólo dichas garantías permitirán a la sociedad producir los bienes y servicios que necesita, y a los individuos, adquirirlos con solvencia propia en el momento y la proporción que cada cual determine.

El siempre contraproducente complemento de estas proyecciones de las autoridades, es su persistente búsqueda en vínculos eventuales y relaciones externas, del soporte y fundamento material y financiero de sus diseños socioeconómicos. La erogación en los últimos años de más de 1.300 millones de dólares, para comprar en Estados Unidos renglones alimentarios que podría producir la agricultura cubana fácilmente, si estuviera bien dirigida y potenciada, significa poner la alimentación diaria del país en manos de la "nación enemiga", decretar la descapitalización y agotamiento definitivo del más tradicional sector económico, y llevar casi a cero la tasa de seguridad alimentaria.

Un tutor adecuado

Por otra parte, al tiempo que termina el proceso de desmontaje de la industria azucarera; el turismo y las inversiones extranjeras concluyen el ciclo natural de expectativa, relativo esplendor, estancamiento y retroceso; y aumentan las restricciones administrativas y represiones a las iniciativas económicas independientes, el gobierno pone una vez más todas las esperanzas de evolución y renacimiento socioeconómico en los vínculos y acuerdos económicos y comerciales con naciones como China y Venezuela, a las cuales lo unen claras identidades políticas.

La pobre salud y el escaso dinamismo interno de la economía en Cuba, conceden a las relaciones con China una dimensión poco promisoria. Los vínculos se mantendrán, pero de seguro no van a impactar de manera trascendental en la revitalización del maltrecho cuerpo económico. Una somera comparación de estos acuerdos con los establecidos por el presidente del gigante asiático a su paso por Brasil, Argentina y Chile, arroja un explicable desnivel y muy pocas perspectivas para las necesidades y carencias de los cubanos.

En el caso de las relaciones con Venezuela, se vive una especie de trasnochada caricatura del modelo de dependencia económica que décadas atrás ató a la Isla con la Unión Soviética. A cambio del envío al país suramericano de contingentes de técnicos y especialistas de las más diversas ramas, el gobierno recibe el combustible que necesita y que a estas alturas le sería muy difícil pagar, con los precios actuales. Además, se ha anunciado la ampliación de los vínculos bilaterales hasta el establecimiento del empresariado venezolano de varios sectores en los espacios productivos y comerciales de Cuba.

La reticencia de las autoridades a dar impulso y garantías a las iniciativas independientes y a la creación de un dinámico mercado interno, tiene graves implicaciones para el presente y el futuro del país. Incluso, después que el gobierno ha consumido una larga oportunidad de cuatro décadas para demostrar la inviabilidad del sistema estatista —de la planificación ya no se habla—.

La nula formación de estructuras económicas y cívicas al interior de la sociedad, compromete seriamente las capacidades de enfrentar los retos actuales y porvenir de una economía globalizada. Con los consiguientes graves peligros para la soberanía e independencia que los actuales gobernantes tanto dicen defender.