Actualizado: 15/01/2018 10:30
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Mella, Huelga, Opositores

Una huelga de hambre

Cuando Mella se declaró en huelga de hambre, se armó un Comité Pro Libertad y miles de personas acudieron al Palacio de Gobierno, el 17 de diciembre, en manifestación que la policía no pudo dispersar

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El 23 de diciembre de 1925, Julio Antonio Mella dejó la huelga de hambre que había prometido llevar hasta las últimas consecuencias. Como se había declarado en ella para protestar contra su detención arbitraria, decidió darla por terminada tras dictar el tribunal su libertad provisional bajo fianza de mil pesos.

Mella había sido arrestado en redada policial el 27 de noviembre —poco antes del acto de conmemoración del fusilamiento de los estudiantes de medicina— por “infracción de la ley de explosivos” en virtud de unos petardos detonados la madrugada del 17 de septiembre en el Teatro Payret. No constaba indicio racional alguno de su participación y para el 5 de diciembre Mella se declaraba en huelga de hambre.

Ante la aprehensión fundada de que el dictador Gerardo Machado dejaría que muriera, muchos trataron infructuosamente de persuadir a Mella. Como militante del Partido Comunista de Cuba (PCC) recibió la orden del Comité Central Ejecutivo (CCE) de abandonar la huelga, pero había jurado llevarla hasta las últimas consecuencias y se orinó en la orden [1].

Así principió en Cuba una tradición que arraigaría en el presidio político del castrismo [2] y bastardearía por obra y gracia de caraduras de la oposición pacífica. Mella descendía de Cecilia McPartland, oriunda de Irlanda, y admiraba a Terence McSwiney, militante del Sinn Féin que —en medio de la guerra de independencia irlandesa (1919-21)— se había declarado en huelga de hambre tras ser arrestado por las fuerzas británicas y fallecería a los 74 días.

En alguna crónica por ahí se desliza que a Mella “nunca le faltó la atención médica”. Ese cuento es más largo y cabe completarlo para evitar paralelos con el tumbaíto posmoderno de llévenme al hospital si me desmayo y denme alimentación parenteral para ir tirando.

A pesar de que Mella tenía 22 años y practicaba deportes como el remo, su salud empeoró con suma rapidez. Su médico, Gustavo Aldereguía, y su abogado, Orosmán Viamontes, instaron al juez trasladarlo al hospital de la prisión. Pudieron hacerlo el 14 de diciembre por la tarde y allí Aldereguía y otros médicos presionaron sin éxito a Mella para que dejara la huelga.

Tras convencerlo de que al menos tenía que lavarse el estómago periódicamente, Aldereguía consiguió pasarle una sonda. “Así lo empecé a nutrir con sueros de leche, engañándolo, hasta que la indiscreción de un médico lo echó todo a perder; de un tirón se extrajo la sonda y no la aceptó más, rechazando también los sueros que combatían su deshidratación” [3].

Al igual que el diario hecho en Cuba 14ymedio voceó una singular huelga de hambre y sed el año pasado, el periódico habanero El Día voceó la huelga de hambre de Mella. Dentro de Cuba nadie reaccionó al voceo de 14ymedio, pero por Mella se armó un Comité Pro Libertad y miles de personas acudieron al Palacio de Gobierno, el 17 de diciembre, en manifestación que la policía no pudo dispersar. El filósofo y exvicepresidente Enrique José Varona tachó de absurda la acusación de dinamitero y otros intelectuales, sin darse autobombo, largaron una carta abierta a Machado con razones sobradas para excarcelar a Mella.

El 22 de diciembre sufrió un ataque cardíaco y se debatía ya entre la vida y la muerte. Al día siguiente, a las cinco y media de la tarde, se anunció la orden judicial de libertad condicional. Mella logró así el objetivo de su excarcelación, pero a pedido suyo y del Comité continuarían las protestas hasta que fueron liberados, el 19 de enero de 1926, los demás presos encausados por los petardos del Payret. Para ese día Mella andaba ya camino al exilio.

Había sido citado a juicio por entrar a la universidad después de haber sido expulsado [4]. Mella tomó entonces el tren en estación del Puente de Agua Dulce, se bajó en Rodas para burlar la persecución, viajó por carretera hasta Cienfuegos y abordó el carguero Cumanayagua —de la naviera de United Fruit— con pasaporte a nombre de Juan López. Desembarcó en Honduras, siguió en velero a Guatemala y cruzó la frontera hacia México. Allí habló y escribió contra Machado hasta que fue baleado de muerte.

Notas

[1] El CCE del PCC sometería a Mella a juicio disciplinario del 10 al 13 de enero de 1926. Falló expulsarlo por “desobedecer la directiva” de deponer la huelga, mostrar “falta de solidaridad” con los demás presos —pues el Comité Pro Liberad era sólo para Mella— y trabar “nexos con la burguesía” en ocasión del apoyo de Varona y otros intelectuales conservadores.

[2] Vid.: Albertini, José Antonio: Cuba y castrismo: Huelgas de hambre en el presidio político, Ediciones Memoria, 2007.

[3] Aldereguía, Gustavo: “Dos vidas paralelas”, en Mella: 100 años, Editorial Oriente – Ediciones La Memoria, 2003, p. 119. Un FANTUche circuló el cuento del que el coronel Crescencio Marino Rivero, identificado como exjefe de prisiones en Santa Clara sin haberlo sido nunca, “le arrancó con ira dos sondas de alimentación por vía intravenosa cuando él estaba en un hospital en 1998.” Esta acción criminal vino a ser denunciada 15 años después al Jeral de Miami, tras divulgarse que Rivero había entrado en USA y residía en casa de su hija.

[4] El 25 de septiembre de 1925, el rector de la Universidad de La Habana (UH), Dr. Gerardo Fernández Abreu, expulsó a Mella por mediar a gritos a favor de su esposa, Olivia Zaldívar, con el profesor de Legislación Industrial Rodolfo Méndez. Al exigir también que abandonara el recinto universitario, Mella replicó al mensajero: “Id y decid a vuestro amo que aquí estoy por la voluntad soberana de los estudiantes y que sólo por fuerza de las bayonetas lograréis sacarme.” Mella ya no era estudiante de la UH y permanecer dentro de ella contra la voluntad del rector pasó a la jurisdicción del Ministerio de Gobernación (Interior). De ahí la citación a juicio.


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