Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Conmoción

Crónica de facto: El estreno de la película alemana 'La vida de los otros' impacta como un meteorito en el Festival de Cine de La Habana.

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-18.00 horas. Sábado 8 de diciembre:

Los primeros llegan dos horas antes de la proyección. Comienza la cola, siempre apelotonada. Mayoría de jóvenes, al parecer universitarios. Arriban luego personas adultas, con talante de profesionales, algunos ya ancianos. Prevalece la serenidad. Una soga demarca el carril de entrada al cine Acapulco, en la barriada de Nuevo Vedado. Presencia policial: discreta.

-18.35 horas.

Comienza venta de boletaría. Algunos poseen "pasaporte", un ticket para varias funciones. Esos y los acreditados al Festival, muchos con falsas o prestadas identificaciones, son los primeros para entrar.

-18.44 horas.

La cola, amorfa, se ha multiplicado varias veces. Alcanza más de cien metros de largo y tal vez cinco o seis de ancho por la Avenida 26. Algunos comentarios explican la muchedumbre: "Me dijeron que había ganado un Oscar". "Yo me enteré por los de enfrente" (estaciones de radio y televisión de Miami). "Leí en internet que la película estaba soberbia".

-19.18 horas.

Los escasos policías se mantienen en el separador de la avenida. Miran la escena con estupor. Comienza a salir el público de la tanda anterior por la puerta de emergencia. Algunos se suman a la cola. Otros se cuelan. Los agentes hablan por radio. El gentío desborda la vía. La 26 queda cortada por tramos. Algunos corren hacia la escalera de incendios. Ofrecen dinero al custodio para entrar. Noche cerrada.

-19: 51 horas.

El asedio es ya un hecho. ¡Abran, abran!, corea el pelotón de vanguardia. Agitan los brazos con los boletos en mano. Flashes y más flashes de cámaras digitales. Un equipo de la televisión alemana filma dentro de la compacta marea humana. La ansiedad se dispara. Gritos femeninos. Vaivén de vértigo. Una hoja de la puerta acristalada del cine se abre y se cierra violentamente. Empujones de atrás hacia delante. "En el festival pasado me rompieron dos costillas y me herí la córnea, pero esto no me lo pierdo ni aunque me maten", comenta un hombre de unos 50 años. "¿Qué tiene está película que hay tanta gente?", inquiere una señora en medio de la desesperación. "Que dice cosas que aquí no se pueden decir", responde una voz sin identificar.

-20.01 horas.

Hay mucha presión. La muchedumbre intenta forzar el acceso. Una rotura de cristales y sería el pánico colectivo. "Ahorita viene la brigada (policía antimotines) y pone peor esto", vaticina un melenudo. "Brother, si echan spray hay que taparse y volar de aquí", le advierte su compañero.

-20.22 horas.

Nerviosas, las autoridades del cine hacen constantes llamadas telefónicas. Penosamente, salen del recinto, convocan a la calma y piden refuerzos policiales. "Vamos a hacer un corte", vocifera uno de los directivos. Con ayuda de cinco agentes logran un cordón que secciona en dos la muchedumbre. "Hurra, hurra", gratifican unos muchachos haciendo la V. Caen en el lado que quedó próximo a la entrada. A codazos ingresa el primer tropel. "Esta película es histórica", consuela susurrante un joven a otro que ha perdido el reloj en el tira y afloja. "Espero que la película esté buena, me invitaron a comer pizza y no fui", dice una mujer ya dentro de la sala. En platea, los pasillos alfombrados están copados.

-20.37 horas.

Proyección. Breves murmuraciones. Escasas risas en escenas políticamente irónicas.

-22.05 horas.

Público de pie. Aplausos cerrados. ¡Bravo! Nueva salva de aplausos. Conmoción.

Reacciones para todos los gustos

-22.09 horas.

Salida por la puerta de emergencia. Comentarios tomados al vuelo.

"Lo que me interesa es la evolución humanista del personaje (Wiesler, el interrogador de la Stasi)", dice una estudiante de Arquitectura. Un presunto ex reo político exclama a voz en cuello. "Yo estuve 17 años preso… La diferencia que en Villa (sede del Departamento de Seguridad del Estado) te caen a palos y ahí no (en la película)".

"En cualquier parte del mundo hay abusos contra los presos", riposta alguien que lo escucha. "Ni a mi madre me dejaron ver cuando se murió", responde con ira el ex convicto a su interlocutor. "Como en todas las policías políticas del mundo, hay gente que tiene cierta sensibilidad. Aquí mismo hay gente así, que son del aparato y te tratan de tirar el cabo, te advierten", explica un señor canoso con un crucifijo de madera al cuello.

"Me parece panfletaria, con final jolivudense, pero todo lo que vaya en contra del gobierno va bien", manifiesta un conocido intelectual gay. "Ya han pasado casi 20 años de la caída del Muro, el efecto no es el mismo, sin embargo, había mucha gente, mucha expectación… No tengo muchas esperanzas de un cambio aquí", concluye con desaliento. "Cuando el tipo (el dramaturgo Dreyman) descubre los micrófonos en la casa, me recordó Monte Rouge", dice anhelante un muchacho citando el corto cubano underground que alude a la vigilancia electrónica de intelectuales en la Isla.

"El gordo era un Pavón cualquiera", compara una joven al pensar en Bruno Hempf, el ministro de Cultura del filme. Un joven a su novia que abraza: "Está desbaratadora. Menos mal que vimos una comedia antes". Un periodista de la radio: "Los alemanes me pusieron las cámaras delante, pero no dije nada. ¿Estás loco?, y si no son alemanes!".

-22.15 horas.

Segunda y última proyección de La vida de los otros. Otra muchedumbre asedia. Los policías se han ido a la cama.


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