Actualizado: 21/04/2019 15:40
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Dos películas nominadas

Mientras Vice es un panfleto de los peores, Green Book no tiene muchas sorpresas: mantiene la tensión entre ciertos límites y es un filme agradable y complaciente

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Es un hecho conocido, dada su historia ya nonagenaria, que los premios óscares van a parar, por lo general, a películas de factura comercial, de buen éxito taquillero, poco arriesgadas artísticamente, bien hechas y complacientes con el gusto general del público. Hay óscares muy buenos (como es el caso de No Country for Old Men, The Godfather, The Godfather II, One Flew Over the Cuckoo’s Nest y Annie Hall, por citar algunos) y óscares lamentables (como Chicago, Shakespeare In Love, Crash y mejor me detengo aquí). Pero este año la academia parece nadar en la mediocridad (ya se veía venir con The Shape of Water) y la corrección política.

De las ocho nominadas a mejor película había visto hasta ahora las pésimas Black Panther y A Star Is Born, tanto como las mediocres Bohemian Rhapsody y The Favourite (la más convencional y más flojas de las películas de Lanthimos), así como la excelente obra de artesanía que es Roma y la muy bien hecha y más artísticamente lograda BlackKlansman (si pinchan sobre las cuatro últimas pueden leer mis reseñas). Acabo de ver las dos que me faltaban: Vice y Green Book.

Vice es una biografía supuestamente satírica sobre la figura del exvicepresidente Dick Cheney. Un personaje ciertamente siniestro y blanco fácil de cualquier burla. Pero este filme es tan parcializado, prejuiciado y obviamente anti-Cheney desde el primer encuadre, que se vuelve predecible, unidimensional y repugnante. Todos los personajes que desfilan por él, mayormente políticos republicanos, son presentados como figuras detestables, cínicos y psicopáticos. Los personajes son caricaturescamente representados en una sola tonalidad: negro, que no dan ni pena ni risa. Resultan poco creíbles por excesivos. Cheney no tiene prácticamente ninguna cualidad, aparte de su cariño por su hija gay. No hay ironía, ni mucho menos sutileza, en este filme.

Adam McKay, es conocido por dirigir comedias con sus amigos Will Farrell y John C. Reilly (este último un buen actor generalmente desperdiciado), de humor sobre lo grotesco, con personajes que no parecen haber rebasado la adolescencia mental y que resultan una vulgarización del humor de Jerry Lewis. Ejemplo de ello son Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby y Anchorman: The Legend of Ron Burgundy. También dirigió el falso y panfletario The Big Short. Pero en este filme ha empeorado todos sus defectos. No solamente Vice es un panfleto de los peores, sino que es además cine estereotipado y machacón. Sus imágenes carecen de fuerza y tiene que repetir, con su narrador, lo que quiso mostrar con la cámara. No quiere que los espectadores se pierdan ni lo más obvio.

Christian Bale es un gran actor y está nominado por su interpretación de Cheney, pero en realidad no tuvo mucho que hacer histriónicamente. Este es un personaje sin matices, que se la pasa con cara de malo y emitiendo gruñidos casi todo el tiempo. Eso no requiere mucho esfuerzo. Es cierto que físicamente engordó y se maquilló para lograr un parecido con Cheney que es excepcional, pero eso es gran parte labor de maquillaje. El resto son unos cuantos gestos que retratan bien al personaje en sus peores momentos, pero que se repiten a lo largo de la cinta.

A pesar de todo lo anterior, Vice, Christian Bale y Adam McKay han sido todos nominados. Ya ganaron los Globos de Oro por mejor actor (Bale) y mejor guion original y mejor dirección (ambos para McKay).

Más digerible resulta Green Book, dirigida por Peter Farrelly, quien tiene a su haber la excelente comedia There’s Something About Mary, pero también la desastrosa Dumb and Dumber. En este caso, su habilidad como creador de comedia le resta gravedad a algunos temas interesantes que pudieran resultar intragables en otras manos, pero a la vez los deja en la superficie.

El filme transcurre en 1962 y Tony “Lip” Vallelonga, un bouncer neoyorquino que necesita empleo mientras el club para el cual trabaja está siendo remodelado, acepta un contrato con el Dr. Don Shirley, un pianista afroamericano, que tiene que ofrecer una gira por el Medio Oeste y por el Sur. El Green Book del título es una guía de moteles, restoranes y gasolineras que le dan servicio a los negros en el segregado sur americano de aquellos años. Vallelonga, que va de chofer y guardaespaldas se lo tiene que leer para la aventura en la cual se va a embarcar.

Vallelonga es un tipo rudo, ignorantón, pero con un corazón de oro. Shirley es un afroamericano que, educado en la Universidad de Chicago, muy sofisticado, ha absorbido lo mejor de la cultura blanca occidental. No solamente toca jazz, sino que le incorpora elementos de la música clásica que también cultiva y de la cual en un conocedor profundo. Es un hombre que culturalmente no se identifica con los de su raza, pero que por el color de su piel, es inmediatamente despreciado por quienes representan la cultura de la cual se alimentó. Es, además, homosexual. Su drama es serio y quizá merecía una película que, sin solemnidad, tratase el tema con un poco de más profundidad. La trama se centra principalmente en la relación que se desarrolla entre estos dos personajes, tan diferentes, a medida que enfrentan un racismo crudo que hasta el momento solo conocían de oídas.

Shirley me recordó el personaje de la novela “El negro que tenía el alma blanca”, del escritor cubano-español Alberto Insúa, que fue llevada a la pantalla tres veces (en una de ellas Hugo del Carril, el actor y director argentino, hace del personaje negro), una novela ahora olvidada, pero interesante, cuyo interés era criticar el racismo pero que, inocentemente y a pesar suyo, revela la predominante visión racista de la época. El filme comienza con la guerra de independencia de Cuba y luego se remonta a teatros y escenarios europeos que abarcan hasta el período entre las dos guerras mundiales. Es un negro diestro en la cultura occidental, al cual el color de su piel lo limita y por ello le discriminan. Al igual que Vallelonga, Shirley fue un personaje real pero aquí está presentado como una versión sanitizada y políticamente correcta.

El guion del filme fue escrito por Nick Vallelonga, el hijo de Tony. Mantiene una narrativa lineal, sin muchas sorpresas, que mantiene la tensión entre ciertos límites y convierten a la obra en un filme agradable, complaciente y con un final que agrada al espectador. Las actuaciones de Viggo Mortensen como Vallelonga y de Mahershala Ali como Shirley, son excelentes, a pesar de que los personajes son bastante esquemáticos. Ambos han sido nominados en sus respectivas categorías y Ali ganó el Globo de Oro para el mejor actor secundario. El guion de Nick Vallelonga también ganó Globo de Oro como mejor guion original y está igualmente nominado para el Oscar. Es un filme de pocas pretensiones, que cumple su cometido de entretener.

Vice (EEUU, 2018). Guion y dirección: Adam McKay. Director de fotografía: Greig Fraser. Co: Christian Bale, Amy Adams, Sam Rockwell y Steve Carrell.

Green Book (EEUU, 2018). Dirección: Peter Farrelly. Guion: Nick Vallelonga, Brian Currie y Peter Farrelly. Director de fotografía: Sean Porter. Con: Viggo Mortensen, Mahershala Ali y Linda Cardellini.

Ambas películas son de estreno amplio en todo Estados Unidos.


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