Actualizado: 17/05/2024 12:58
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Con ojos de lector

El Código Maine

En su estreno como novelista, Mario Escobar Golderos recrea en clave de thriller histórico la explosión del acorazado norteamericano que desencadenó la guerra hispano-americana.

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Cosas que hay que atribuir a lo que Juan Goytisolo llama la casualidad aleatoria de los sucesos y acontecimientos. Unos meses antes de que saliera de la imprenta el volumen de cuentos de Stephen Crane Heridas bajo la lluvia, reseñado en estas mismas páginas algunas semanas atrás, se publicó en España Conspiración Maine (Ediciones Nowtilus, Madrid, 2006, 416 páginas), novela en la cual su autor, el madrileño Mario Escobar Golderos (1971), también se acerca a aquel periodo histórico marcado por la pérdida de las últimas colonias españolas y que representa el clímax de una decadencia que comenzó tres siglos antes.

Conspiración Maine constituye el estreno literario de su autor, quien hizo una licenciatura en Historia y se diplomó en Estudios Avanzados en la especialidad de Historia Moderna. Hasta la salida de esta su primera novela, había publicado libros y artículos acerca de temas como la Inquisición, la Reforma Protestante y las sectas religiosas surgidas dentro del seno de la Iglesia. La obra narrativa que motiva estas líneas es producto de varios años de labor investigativa sobre la explosión en el puerto de La Habana del acorazado norteamericano Maine, ocurrida el 15 de febrero de 1898. Un hecho que como el propio Escobar Golderos comentó, constituye uno de esos puntos oscuros de la historia que necesitan ser aclarados.

Hasta donde he podido averiguar, Escobar Golderos no se ha referido a las razones que lo motivaron a plasmar el resultado de aquella investigación en una obra de ficción, y no en un ensayo o un estudio de carácter histórico, como cabría esperar de un especialista en esa materia. Pero en el texto que figura en la contraportada de Conspiración Maine aparece un dato que, pienso yo, arroja luz en tal sentido. Allí se presenta la novela como "un frenético thriller histórico al mejor estilo de El Código Da Vinci". Y es que el best seller del norteamericano Dan Brown acuñó una exitosa fórmula que, aparte de conseguir una millonaria legión de lectores por todo el planeta, cuenta ya con una estela de escritores que se han afiliado a ella. Winston Manrique incluso la califica como un subgénero, que según él podría responder a las siglas de thracult, esto es, el thriller-histórico-religioso-aventurero-cultural.

Ciñéndose a ese patrón, Escobar Golderos ha escrito una novela que tiene como núcleo la situación prebélica que se suscitó entre España y Estados Unidos tras el misterioso incidente del Maine. Aunque los tambores de guerra sonaban ya y el enfrentamiento armado entre ambos países era inminente, los dos gobiernos estuvieron de acuerdo en formar una comisión extraoficial para que se ocupase de investigar quién se hallaba detrás del sabotaje, y de ese modo evitar la guerra. En ese grupo confluyen George Lincoln, un agente afroamericano enviado por la Casa Blanca, y Hércules Guzmán, español miembro del cuerpo de inteligencia creado por el general Valeriano Weyler para combatir a los mambises. En el transcurso de la trama se les unirán Helen Hamilton, una ambiciosa periodista norteamericana, Antonio Gordon, un erudito profesor cubano, y un petulante periodista británico llamado Winston Churchill.

Las pesquisas llevadas a cabo por tan variopinto quinteto conducen a algunos de sus integrantes a tener que viajar por la Isla, así como a verse todos envueltos en numerosas peripecias, que incluyen persecuciones, huidas, incendios, robos e intentos de asesinato que los obligan a ocultarse en burdeles de los bajos fondos habaneros. En ese esfuerzo contrarreloj por encontrar la verdad, descubren que hay diferentes poderes e intereses que se empeñan en que esa verdad no sea revelada. Está, por un lado, Theodore Roosevelt, el vehemente e impulsivo subsecretario de la Marina, quien veía en la guerra con España la oportunidad perfecta de empezar a aplicar la táctica a seguir por su país en el próximo siglo. Representaba la nueva imagen de "una nación que, después de reafirmar su propia unidad y colonizar uno de los territorios más bastos (sic) del mundo, buscaba las migajas del imperialismo moderno".

También estaban a favor de la intervención militar Joseph Pulitzer y William R. Hearst, aunque sus razones eran otras. "Ese maldito Hearst es capaz de cualquier cosa por vender más periódicos", comenta en la novela el presidente McKinley. Éste era un hombre sereno y prudente e intentaba por todos los medios evitar el enfrentamiento armado con España. Pero sus bien intencionados esfuerzos no consiguieron impedir que se cumpliera lo que, para muchos políticos y hombres de negocios, era el destino de Estados Unidos. Y a propósito de Hearst, el papel que el magnate de la prensa norteamericana desempeñó entonces aparecía también mostrado en el libro de Stephen Crane, al sugerirse, mediante la numerosa presencia de los corresponsales norteamericanos, la connotación mediática de esa guerra.

El modelo que sigue Escobar Golderos, ya lo apunté, es el trazado por Dan Brown en El Código Da Vinci. Eso implica que a los ingredientes históricos deben agregar generosas dosis de aventuras, misterios religiosos y cierta pátina de información cultural. Del mismo modo que en otras obras figuran el asesinato del Papa Clemente, el célebre sudario que cubrió el cuerpo de Jesucristo, el Santo Grial y supuestas conspiraciones que tienen como marco el Vaticano, en Conspiración Maine su autor incluye a Los Caballeros de Colón, una secta secreta fundada en Estados Unidos en 1882, y cuya misión principal era proteger a los católicos norteamericanos. Ese cóctel de religión, historia e intriga, y cito de nuevo a Winston Manrique, se ha convertido en la gran arca literaria de lo que va de milenio. Una clave que ha conquistado a esa gran masa de lectores que determina la lista de los títulos más vendidos, y que han adoptado ya autores españoles como Carlos Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones, Matilde Asensi, Javier Sierra y Julia Navarro, quienes en conjunto llevan vendido 12 millones de ejemplares.


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