Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Literatura

La eternidad ante la crítica

Con sus aciertos y desaciertos, Heberto Padilla está donde se hallan todos los verdaderos poetas.

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Recientemente, ha ocurrido una pequeña polémica sobre la perdurabilidad de la poesía de Heberto Padilla. El joven poeta y crítico Pablo de Cuba Soria publicó en El Nuevo Herald su comentario "Heberto Padilla más allá de la polis", e inmediatamente Belkis Cuza Malé le respondió en su blog con el texto "Leopoldo Ávila en Miami". Como es natural, la polémica pasó rápidamente a la blogosfera en Penúltimos días.

Las tesis de Pablo de Cuba Soria son esquemáticamente las siguientes: pondera la poesía de Padilla en El justo tiempo humano, sobre todo dos poemas clásicos, "En la muerte de William Blake" y "Dones", aunque, como advierte Ernesto Hernández Busto, olvida comentar otros textos, típicos de la utopía revolucionaria. En contraste con los poemas nombrados, lamenta la excesiva politización de un libro como Fuera del juego, y, finalmente, ve una caída en los últimos textos de Padilla, de Un hombre junto al mar

Creo que si algo tiene de falible el texto de Pablo de Cuba es la ausencia de matices, por lo que su crítica deviene muy categórica y, como resultado, mina parte de la verdad de los enunciados generales. Es engañoso a veces, aunque acaso inevitable, realizar una lectura cronológica de un poeta. Cuando el poeta muere y se cierra su obra, lo que queda es su saldo creador más significativo, más allá de su cronología e, incluso, de concurrentes lecturas generacionales, también, hasta cierto punto, inevitables. Por encima del interés biográfico, de las precisiones contextuales, de las explicaciones generacionales, quedan (o no) ciertamente aquellos textos que, como dijera Borges, sucesivas generaciones de lectores continúan leyendo con inocultable fervor y que, por ello, devienen clásicos, canónicos, etcétera.

Lecciones imborrables

Si bien parece haber un amplio consenso de la calidad casi intemporal de textos como "En la muerte de William Blake" y "Dones", sobre todo desde una incorporación clásica de la cultura, no es menos cierto que muchos de los poemas de Fuera del juego, por encima de su explosiva recepción contextual, y que desbordan una unilateral lectura literaria, son verdaderos artefactos literarios, llenos de una ironía, de un ingenio, de una inmediata y efectiva comunicación, que los sitúan dentro de lo mejor de la llamada poesía conversacional iberoamericana.

Cosmovisivamente, además, el síntoma existencialista, tan trágico, tan complejo y profundo, del hombre devastado por la Historia, cuando no del no menos universal hombre utópico y revolucionario sepultado por la Historia, serán siempre lecciones imborrables que legó Padilla a nuestra literatura insular, y que ofrecen el necesario contrapeso a toda aquella poesía alabanciosa del conversacionalismo revolucionario cubano.

No sólo ese libro divide de cierta forma en dos la llamada literatura de la revolución, sino que marcó el límite inexorable (y en este sentido, desenmascaró también) de una retórica al servicio de peligrosas utopías políticas. Es un libro de anticipación desde la lucidez y la experiencia. Es, también, el necesario reverso de la instrumentación política de la literatura (¡siendo tan político él mismo por lo demás!, y creo que este es uno de sus aciertos) dentro de un Estado totalitario, porque en última instancia lo que se escucha desde el libro es la voz individual que clama por su derecho a decir no y a defender su libertad en peligro de extinción…

Repárese, por ejemplo, en que, con Fuera del juego, Padilla contextualiza la entonces imagen romántica y la relativa singularidad de la revolución cubana, dentro del contexto universal del totalitarismo comunista. Esa anticipación (de toda la crítica posterior de la revolución cubana) fue su innegable y perdurable acierto. El teatro de su retractación fue su colofón histriónico, no menos efectivo como imagen.

Asimismo, si bien puede reconocerse que su novela En mi jardín pastan los héroes, no es un feliz ejemplo de narratividad, sí lo es La mala memoria, acaso uno de los mejores libros de memorias escrito por un cubano, como es el caso también de Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas. Pero tensando más el alcance de su poesía, no puede negarse que, incluso en su último libro, Un hombre junto al mar, hay poemas excelentes junto a otros, claro está, no tan felices.

La Historia, su víctima predilecta

Mucho daño le hizo al poeta Padilla convocar a ese ídolo moderno, la Historia, pues se convirtió en su víctima predilecta. Pero no olvidemos que esa fue su decisión. Ya no fue nunca más el poeta Padilla sino "el caso Padilla", y eso, sin duda, debió afectarlo mucho en su exilio y en las postrimerías de su vida. Pero no neguemos su valentía, su lucidez, su inteligencia, en fin, su destino trágico, que él apuró como pocos escritores cubanos de cualquier tiempo.

Con respecto a la airada respuesta de Belkis Cuza Malé, de quien recuerdo también memorables poemas, creo que equivoca el ángulo desde el cual criticar con cordura e incluso con inevitable y saludable pasión a Pablo de Cuba, y trata de descalificar al joven crítico y poeta (tan falible y tan sagaz como cualquiera) con denuestos ideológicos que no ayudan a clarificar para nada la perdurabilidad de la obra de Heberto Padilla.

Recordar cómo Padilla, también en su juventud de joven airado y furioso, cuando apostaba incluso por la revolución, como tan bien recuerda Hernández Busto, atacó con innegable exceso a José Lezama Lima y a Eliseo Diego desde las páginas de Lunes de Revolución, algo de lo que después se arrepintió, como hizo públicamente en Madrid en 1994, y cómo de hecho hizo también en el maravilloso homenaje que le dedica en La mala memoria al poeta de Trocadero.

Había pasado un tiempo enorme, el tiempo descomunal de una Historia atroz, frente al cual Padilla entonces siente la necesidad de ponderar, de matizar, a la vez que atender a lo esencial. Muy lejos había quedado entonces cualquier legítima (o no) crítica de índole estética generacional. Lezama había sido uno de los jurados que valientemente dio su voto a favor a Fuera del juego. Luego de la teatral e irónica retractación de Padilla en 1971, donde es invocado Lezama, el autor de Paradiso pasa a convertirse también hasta su muerte en una víctima de la Historia, a la que, en 1959, tanto Lezama como Padilla, habían apostado desde románticas utopías revolucionarias…, que, por cierto, duraron tan poco.

Ahora Padilla está, con sus aciertos y desaciertos, donde están todos los verdaderos poetas (lo de menor o mayor es tan relativo…): en la eternidad que le confieren sus textos y, sobre todo, sus inagotables lectores. Incluso, también se anticipó a cualquier crítica, cuando escribió su "Poética" o su epitafio:

"Di la verdad. / Di, al menos, tu verdad. / Y después / deja que cualquier cosa ocurra: / que te rompan la página querida, / que te tumben a pedradas la puerta, / que la gente / se amontone delante de tu cuerpo / como si fueras / un prodigio o un muerto".