Actualizado: 06/12/2019 17:18
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Literatura

La incapacidad de patear círculos

Respuesta al artículo 'La eternidad ante la crítica', de Jorge Luis Arcos.

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A razón de que su honestidad y rigor literarios merecen mi más sincero aprecio, creo que le debo una respuesta a su artículo publicado en Encuentro en la Red: "La eternidad ante la crítica". Además, estoy dispuesto a dársela en tanto que, entre demasiados confundidos, su resina crítica reacia a cualquier dejo de mojigatería resulta de las pocas que respeto.

Hay un pasaje en A Portrait of the artist as a Young Man, de Joyce, que sé le provoca una seductora angustia: aquel donde Stephen Dédalus detrás de la línea de cal que divide un terreno de fútbol, experimenta la impotencia, más bien la incapacidad, de lograr la destreza deportiva de sus colegas de escuela. La impotencia, asunto más grave, de patear círculos a semejanza d el otro. Tal incapacidad asimilativa, receptiva, es la que me asiste ante la lectura de la obra poética de Heberto Padilla.

¿Puede acaso, alguien asqueado de tanta pobreza modernista en nuestra poesía, heredera de Casal, reaccionar de otro modo?

Me resulta imposible. Padilla, al igual que tantos otros poetas talentosos, fue víctima de la opereta casaliana. Gran parte de la poesía cubana se estanca allí donde la contención sentimental se esfuma. Toda educación sentimental debe exponerse a la atracción de lo que Bataille llama el Mal; ese proceso donde el lenguaje se dilata hasta alcanzar "la rebelión de un fragmento, de un detalle". Textos como "Infancia de William Blake" y "Dones" anunciaron una fractura alentadora respecto de una tradición que nuestro grande y hermoso demonio, José Lezama Lima, tuvo que inventar, reescribir; tanta cadencia lírica pobretona necesitó un inquieto genial como el poeta de Enemigo rumor. (Así como requirió de Piñera, Ángel Escobar…, me reservo los otros poquísimos, podrían estar vivos).

Padilla lo supo, por ello intentó ser la contraparte-Lezama. Lo anunció en los poemas citados. También en sus diatribas contra Orígenes desde Lunes de Revolución; tan endebles que llegó a contrastar la fascinada escritura de Lezama con las poéticas de Ballagas y Florit, nada despreciables pero minadas de ese cáncer de lo sentimental que ha hecho metástasis en el corpus de la lírica insular. Ese momento en que se sacrifica la contención emotiva o electiva por un verso regalado, que no rasga y/o dinamita las estructuras formales y cosmovisivas de una frase poética. "Infancia de William Blake" devino ejemplo, por desgracia sólo como anunciación, de un modo poético donde se ganaban nuevas precisiones y tensión en el lenguaje, asomaba la fuerza de una inteligencia martillando detrás de las palabras, un ladrón astuto de otras tradiciones. Un poeta en el que la emoción y el intelecto parecieron conjugarse.

Pero le traicionó su propio límite. Buena parte de El justo tiempo humano y Fuera del juego y El hombre junto al mar recuerdan el pasaje homérico donde al de tremolante casco ya no le asisten los dioses. Los huéspedes inquietantes, como gusta decir a Sloterdijk, lo habían abandonado. Lo otro, lo tristemente conocido a partir de 1967, es el mugriento empapelado con que nos cubre la Historia. De ahí que en mi artículo señalé: "su personalidad fue inferior a los torpes designios de la Historia. Fue incapaz de dominar sus experiencias; dejó que su vida precediera a su destino literario".

Al mulo de Lezama hay que comérselo, engullirlo hasta el eructo. Al novelista de En mi jardín pastan los héroes no le fueron concedidos, finalmente, tales dones. En un poema atendible de Fuera del juego —A J. L. L—, luego de un comenzar emotivo: "Hace algún tiempo / como un muchacho enfurecido frente a sus manos atareadas /en poner trampas / para que nadie se acercara [...]", tropezamos con el cierre malogrado, cursi, precisamente sentimental: "¿Y qué pude hacer yo, / si en su casa de vidrio de colores / hasta el cielo de Cuba lo apoyaba?". Padilla no alcanzó, a través de su literatura (lo demás es anécdota, derrota), a decirle a Lezama lo que Pound a Whitman: "I make a pact with you, Walt Whitman— / I have detested you long enough […] Now is a time for carving. We have one sap and one root —Let there be commerce between us". Joyce necesitó demasiada bilis para emular a Shakespeare. La bronca poética de Padilla tenía que ser hasta sus últimas consecuencias contra Lezama, la tradición toda, y no contra cantores y oradores de tribunas. Le asistía replantear hasta lo inusitado la tradición poética cubana, de la lengua.

George Steiner alguna vez advirtió que "apostamos por la trascendencia y alcanzamos a experimentar la grandeza de una obra porque existe lo otro". No obstante queda claro que en cuanto a escritores mayores o menores, ¡qué desolación!, todo resulta relativo. Dije que Padilla es un poeta menor, lo sostengo; del mismo modo que en otro sentido lo es Borges, también Paz. Sin embargo, el argentino convulsionó la narrativa, el mexicano el ensayo.

A mis arbitrariedades anteriores tendría que añadir otra. Caes en un hermoso equívoco cuando al concluir tu artículo citas uno de los versos más representativos de la insuficiencia poética de Padilla. Más allá de ismos, polis y devastadores metarrelatos históricos que nos oprimen la cabeza, "Poética" es muestra también del cáncer de lo sentimental. Opereta en escena. No hay inventio, apenas una emoción a medio camino entre lo panfletario y lo trillado; ausencia absoluta del humor inquietante y agónico de las palabras. Los verdaderospoetas son, y esto se olvida con demasiada facilidad, a pesar de la Historia.

Gombrowicz, en un cuestionable y lúcido ensayo, señala que "el lenguaje se ha vuelto ritual: esas «rosas», esos «ocasos», esas «añoranzas» o esos «dolores», que antaño poseían cierto frescor, a causa de un uso excesivo se han convertido en sonidos vacíos; y esto mismo se refiere a los más modernos «semáforos» y demás «espirales» y [«convulsiones históricas»]. El estrechamiento del lenguaje va acompañado del estrechamiento del estilo, lo cual ha provocado el que hoy en día los versos no sean más que una docena de «vivencias» consagradas, servidas en insistentes combinaciones de un vocabulario mísero". Tales apuntes del autor de Cosmos bien podrían representar una radiografía de gran parte de las poéticas que conforman nuestra poesía. De esos tumores que, si bien no del todo malignos, pueden llegar a carcomer el idioma; vaciarlo hasta la aridez.

Ya va siendo hora de que me detenga. Resultaría imposible, a fin de cuentas, inventariar todas mis intolerancias, mis errores, mi incapacidad de patear el mismo círculo que el otro anida en la red. Te doy las gracias por haberme perturbado (en un sentido de ganancias) y te mando un fuerte de abrazo desde esta insoportablemente calurosa Playa Albina.