Actualizado: 18/10/2021 10:15
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La víctima, el mensajero y el verdugo: los intelectuales a debate

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Entre los mensajes que se publicaron a propósito de la aparición de Pavón en la televisión cubana, en Encuentro en la Red, está el de Mariela Castro Espín, al parecer enviado confidencialmente a Reynaldo González, en el cual, la hija del Presidente (interino) de la República, decía que le preocupaba que no se hubieran ventilado estos problemas antes. Para colmo, este mensaje apareció junto con el de Víctor Fowler, en que éste aclaraba que el pavonato era simplemente otra arandela del totalitarismo y no podía leerse como un caso aislado.

Coincido con Fowler en que un análisis profundo de la cuestión requeriría un examen de toda la sociedad cubana, de sus mecanismos de poder, de control, de enseñanza y de comunicación. Un esfuerzo como ése sólo podría llevarse a cabo en conjunto y difícilmente podría hacerse hoy en Cuba. La incomodidad ante la aparición de Pavón no es más que otro acto reflejo ante las humillaciones del poder, y el reciclaje de una figura, cuyo modelo se repite mientras hablamos a todos los niveles de la sociedad.

Pero pensar que el gobierno estaría dispuesto a revisar críticamente su historia de pillaje y represalias, es verdaderamente caminar sobre las nubes. ¿Qué viene entonces a decir Castro Espín en esa nota tan segura de sí misma, metiéndose en la discusión como un caballo por tronera y convocando a todos los intelectuales de la Isla a un debate? ¿Tomará acaso la hija del Presidente el papel de mensajera de los Dioses, tal y como lo hacía García Márquez hasta hace unos años? ¿Será ella, a partir de ahora, quien lleve y traiga los recados de las ovejas negras, "desactivadas", a su majestad, el Rey? ¿Qué puede decírsele a esta señora que ostenta como dos medallas el apellido de sus progenitores? El emblema repugnante del nepotismo cubano.

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Permitirles a los intelectuales solventar sus diferencias con el gobierno y no permitírselo a los grupos disidentes, y a otros que sufrieron tanto o más que ellos, es simplemente inmoral. Que estos encuentren quienes hablen por ellos, quienes los representen y "faciliten" ese diálogo, no es menos revelador de esa doblez. Que sean los dirigentes, y los hijos de Papá, quienes dirijan esos debates, lo encuentro más humillante aún que sacar nuevamente a Pavón y a Serguera en la televisión. Porque de lo que hay que estar claro es que los únicos que pueden "hablar" aquí, quienes llevan los "mensajes" son los probados, los que cumplen y han cumplido antes con el gobierno. No por gusto, estos "facilitadores" del diálogo, llevan consigo el nombre del algún héroe de la Patria (Abel, por Abel Santamaría; Castro por Castro y Espín por Espín) mientras las víctimas llevan los nombres comunes y vulgares de cualquier hijo de vecino bajo cualquier monarquía.

Me pregunto, entonces, si al aceptar este diálogo —como si sólo fuera la cuestión de un momento, o como si ellos fueran lo más importante de lo que ocurrió durante ese "quinquenio gris"— las víctimas no se convertirían en victimarios, en otra tuerca de ese inmenso mecanismo de Poder que supuestamente rechazan. La lógica del gobierno detrás de este debate es seguramente hacer "borrón y cuenta nueva" del pasado. Pero obviamente, todos sabemos que eso no va a ocurrir. Mientras no se convoque a todos, con entera libertad, un debate de esa índole es pura retórica, otra mascarada del gobierno sin consecuencia alguna. Y si lo hacen, ¿acaso no legitiman con su participación ese proceso y a los mismos verdugos? ¿Hasta cuándo van a jugar los intelectuales cubanos el papel del inocente, del ingenuo, del que no sabe, y del habla consigo mismo y vigila al de arriba y al de abajo, pero se desentiende del resto?

¿"Facilitará" entonces la hija del monarca otra "reunión" entre éste y sus víctimas? Y dado que el verdugo no dialoga, sino que ordena y sus secretarios toman nota de los nombres, ¿lo escucharán como hicieron antes a Aldana, a Abel Prieto y a tantos otros? No lo dudo. Habrá su debate, su ciclo de conferencia y su declaración conjunta. Pero mientras algunos no entiendan que esto no les incumbe a ellos solamente, mientras se dediquen a aceptar premios, a publicar revistas y a preocuparse por sus viajecitos al extranjero, su papel de víctima será muy poco creíble y el verdugo los seguirá humillando cuantas veces quiera.