Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Artes Plásticas

Las expediciones estéticas de Juan-Si

De 'performer' incisivo de la realidad social cubana a cronista de la incorrección política norteamericana. Vea la galería

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Expedición es un vocablo que en el argot historiográfico cubano está asociado, desde hace más de siglo y medio, con tramas punitivas tales como alijos de armas, desembarcos, espionaje, sabotajes, guerrillas, traiciones…

Raramente se refiere a su cuarta acepción en el controvertido mamotreto de la Real Academia de la Lengua Española, que lo define también como excursión a alguna ciudad o lugar con un fin científico, artístico o deportivo. Y uno piensa, además, que difícilmente la rutina del ciudadano promedio de la Isla digiere acciones que impliquen peregrinaje o intervención pública para cumplir determinados propósitos estéticos, estando su mente tan enfocada desde hace lustros en las penurias domésticas.

Sin embargo, las incursiones del performance en el escenario habanero de los años ochenta complicaron el ámbito indócil de las manifestaciones visuales en la Isla. Diez años después que el arte conceptual en vivo alcanzara su apogeo en el mundo, la irrupción de esta expresión se topó con las secuelas de la desinformación en el público y con los esquemas totalitarios.

De ahí que frecuentemente fuese menospreciada y ridiculizada y que sus promotores y cultores tuvieran que afrontar descalificaciones por presumible esnobismo, y hasta sufrir las obsesiones policiales bajo sospecha de "diversionismo" o enemistad hacia el pueblo. Eran tiempos en que el performer se convertía en una suerte de refugiado estético en su territorio de pertenencia.

Aun así, el performance, gracias a su capacidad multivocal y las posibilidades de confrontar el entorno a manera de crónica de la decadencia o de antihistamínico ideológico, fue una expresión que hizo profunda mella en la política del corsé, al extremo de que la ira autoritaria castigaría con el encierro a una que otra intervención desafiante considerada desafuero.

Un exceso coercitivo que no ha de asombrarnos, conociendo que nuestra cincuentenaria autocracia se inscribe en la lista de las que ha convertido un gesto de talento desafecto en cuerpo del delito.

Y si no, recordemos el caso ejemplar de Angelito Delgado con su boutade escatológica en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, durante la inauguración de El Objeto Esculturado, a principios de los noventa, que le acarreó una temporada tras las rejas, donde, por cierto, el artista continuaría documentando su singular espontaneidad con lo que él llamaría Papeles del Tanque, manifiesto gráfico donde quedaría resumido el impacto de los rigores carcelarios en su sensibilidad de artista. Un performance emblemático de los más prolongados y mejor documentados que he conocido.

Prófugos de las ortodoxias estéticas

Entre aquellos prófugos de las ortodoxias estéticas, en la cual la maniobra personal o colectiva se involucraba dentro de la circunstancia para ensanchar convenciones disfuncionales, nos hallamos con el quehacer de Juan-Si González, un performer de los más incisivos en cuestionar la realidad social cubana de esos años.

Su intensa participación en Art-De, la agrupación que protagonizara cáusticas jornadas de arte alternativo en el espacio de G y 23, lo hizo notable como activista de esta relación semiótica entre el propio cuerpo y el hecho artístico. Sus recorridos por zonas francas de la representación metafórica, para insinuar las oportunidades de emancipación temporal, entre tanta represión y fanatismo político, desencadenó el acecho del censor y, por reacción, la paranoia del artista.

Como en tantos otros casos, la retroalimentación entre dos pánicos antagónicos, el del verdugo y el de la víctima, desembocó en su salida hacia el exilio para radicarse definitivamente en Estados Unidos.

Lo conmovedor en su cartografía peregrina es que con el cambio de contexto, Juan-Si estuvo cada vez más consciente de que su concepto de escenificación y su desempeño corporal seguirían funcionando como alegoría de la problemática que lo circundaba, sin importar el meridiano en que se relocalizara.

Por tal razón, no sucumbió al anquilosamiento, y ha acondicionado su porfía estética en torno al poder a la transterritorialidad, o como afirmara el crítico Alfredo Triff: "Ha trascendido el ghetto político y profesional en concordancia al modelo social y al dato cultural diferente". De tal modo que el desbordamiento más allá del tema cubano no implica en Juan-Si su olvido, sino más bien su inclusión en la actualización de una actitud crítica, a partir de que la diversidad mediática le ha revelado que Cuba es una derivación de la tensión entre intereses más oscuramente sofisticados.

Reinserción del artista exiliado

El ejemplo más reciente de sus replanteamientos expresivos lo pude apreciar cuando presencié el performance In God's Name (En nombre de Dios), personificación simbolista que incluyó varias sedes y recorridos callejeros en Miami, durante la celebración de la última edición de Art Basel. Con la noción excéntrica con que suele asumir sus caracterizaciones imaginarias, el performer se afeitó, se rapó y se uniformó como un militar ficticio con indumentaria castrense multinacional. Completó el disfraz con atributos corporativos y religiosos y una máscara antigás, mientras empuñaba como arma un rústico matainsectos, con el cual rociaba, a diestra y siniestra, una mixtura exorcizante de licor con pólvora e incienso.

El anfibológico "mercenario" se desplazó por avenidas, malls, cementerios, monumentos, plazas públicas y galerías, en una secuencia transformista donde se mezclaban histriónicamente representaciones tan disímiles como la arrogancia, la ironía y la piedad.

El desempeño del performer y su mensaje oral en interacción con transeúntes, espectadores e, incluso, agentes del orden a punto de frustrarlo en el empeño, se erigían en metáfora del ejercicio desmedido de los mandos y denuncia a la pretensión absolutista de crear una seudoconciencia de la subordinación.

Su aspiración mínima, según nos confesó, era funcionar como detonante subliminal para causar, en oposición a todos esos demonios sociales, alguna sublevación psíquica en el observador. Esa actuación me sirvió para confirmar la reinserción del artista exiliado en las nuevas coordenadas geográficas de la comunicación conceptual, un reciclamiento oportuno cuando el autor se preocupa realmente por la vigencia de su iniciativa artística.

Un 'crossover' cultural

Bajo el influjo de maestros del performance, como Brener, Kulik y la Abramovic, estas cruzadas antifundamentalistas de Juan-Si ya se han hecho habituales a través del país, asimilándose de forma eficaz a la idiosincrasia norteamericana. Sin dejar de ser contestatarias en un nuevo estilo, y aun en pos de mayor cocción dramática y espíritu trasgresor con que reforzar la efectividad, las mismas se aprecian logradas en propósito, articulación visual y aliento poético.

Gozan de difusión y consistencia, pues las concibe cíclicamente para distintos espacios de la nación, en varias fechas y eventos del año, preparándolas esmeradamente en inglés o para que fluyan bilingües, al tiempo que conservan la frescura que le dota su percepción hispana.

Los argumentos varían de acuerdo con la crónica de actualidad o la incorrección política más candente, en tanto sus reflexiones contienen la ventaja del distanciamiento "no nativo" en adición a la de haber vivido en dos sistemas diametralmente diferentes. Un crossover cultural, político y existencial que en su contrapunto lo registra, más que como aventurero de la estética, en expedicionario introspectivo que ha interiorizado como enaltecer la épica de la expresión originaria, más allá de las entrañables arenas de las que tuvo que partir un día.


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Juan-Si González en 'In God's Name', en Scope, Art Basel MiamiFoto

Juan-Si González en 'In God's Name', en Scope, Art Basel Miami. (MARIEL DOLGICER)

Performances de Juan-Si