Actualizado: 22/10/2019 9:54
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

Literatura e historia en Cabrera Infante

Un año después de la muerte del autor de 'Tres tristes tigres' y 'La Habana para un infante difunto'.

Enviar Imprimir

Si bien luego en las posteriores ediciones de Alfaguara esta parte del libro se desprendió y adquirió categoría propia, volvió a estar incluida en la edición estadounidense de la obra, realizada por Farrar Straus Giroux.

"Nadie me considera un escritor político ni yo me considero un político", dice Cabrera Infante en la misma Mea Cuba, y justifica su trabajos como una "actividad ética". Una y otra vez repetirá que en sus obras narrativas fundamentales no hay referencia alguna a la política, pero ésta lo persiguió siempre y la necesidad de enfrentar el problema desde el punto de vista literario es una de las claves aún por descifrar. Antes hay que volver a repasar los otros temas que dominaron su narrativa.

Desencanto y amor

La mayoría de las obras literarias de Cabrera Infante — Así en la paz como en la guerra (1960), Tres tristes tigres (1967, La Habana para un infante difunto (1979) y Delito por bailar el chachachá (1995)— fueron tablas de salvación diversas y dispersas, en las cuales se evoca el amor, en que además las situaciones aparecen envueltas bajo el disfraz del juego, la burla y la ironía, pero donde nunca está ausente —es más, en ocasiones resulta preponderante— un sentido agónico latente o pronunciado, que por momentos deja un sabor más amargo y más seco que una misa de difuntos sin música. Un desengaño que en Delito por bailar el chachachá comienza siendo amoroso en los dos primeros relatos y termina siendo político en el último.

Narraciones unidas bajo varios denominadores comunes —la música popular, La Habana, las mujeres— no sólo resultan importantes por la calidad literaria de los textos, sino por ejemplificar lo que hay de común en las obras de un autor que siempre quiere ser distinto y a la vez único.

Los relatos reunidos en la compilación Todo está hecho con espejos (1999) —y que no forman parte de los libros mencionados— no hacen más que confirmar esta regla. Sólo se aparta de esta normativa los textos breves agrupados en Vista de amanecer en el trópico (1974), cuya importancia obliga a tratarlo en detalle más adelante.

Hay que esperar por la posible aparición de La ninfa inconstante, novela que quedó pendiente de una revisión final, en la que el escritor trabajaba en el momento de su fallecimiento y de la demasiado esperada Cuerpos divinos. Respecto a ambos libros, los lectores de Cabrera Infante fueron víctimas de un caso de dilación consciente por parte del escritor, como si éste quisiera exprimir aún más textos pasados antes del lanzamiento de una nueva obra de verdadera envergadura.

De La ninfa inconstante se conoce un fragmento aparecido en la revista Granta en español, invierno/primavera 2004. Aunque la brevedad de éste no permite mayores especulaciones, la novela parece continuar la narrativa propia de La Habana para un infante difunto. El posible contenido de Cuerpos divinos merece una mención posterior.

Lo que tienen en común el narrador de La Habana para un infante difunto, el alter ego Silvestre de algunos de los cuentos de Así en la paz como el guerra, el personaje de igual nombre de Tres tristes tigres y el protagonista de dos de los relatos de Delito por bailar el chachachá es que al tiempo que busca la felicidad a través de una relación sentimental duradera, teme alcanzarla. No puede vivir sin las mujeres, pero a la vez no puede vivir con ellas. El cinismo no hace más que ocultar una debilidad romántica.