Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Literatura e historia en Cabrera Infante

Un año después de la muerte del autor de 'Tres tristes tigres' y 'La Habana para un infante difunto'.

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Este empeño, por momentos neurótico, no puede existir sin estar dominado por pasiones insatisfechas, donde el amor, la locura y la pérdida aparecen enmascaradas en un juego verbal que las parodia pero no logra ocultarlas. El sentimiento trágico de la vida convertido en el sentimiento cómico de la vida. Siempre empecinado en ocultar la verdad. María Cristina me quiere gobernar. ¿Me quiere gobernar? Me gobierna. Lo que pasa es que no quiero que lo digan. Que lo sepan.

La relación con las mujeres es similar, en otro plano, a la relación del autor con La Habana. La parodia de Cabrera Infante al célebre verso martiano: "Dos patrias tengo yo: La Habana y la noche", es también: Dos mujeres tengo yo, una es La Habana. Es esencial en este sentido aclarar que los libros de Cabrera Infante no son, como muchos confunden, evocaciones de un pasado, sino reconstrucciones verbales, creaciones literarias. Alguien que sabe que "la nostalgia es la puta del recuerdo. Siempre hay que pagarle por sus favores" no es presa nunca de sentimentalismos fáciles.

La historia sin H

Durante años, Cabrera Infante se negó a la reedición de Así en la paz como en la guerra. No tenía nada en contra de la mayoría de los relatos que formaban el libro, sino contra el libro mismo, hecho "bajo la influencia perversa de Sartre y su idea de que el escritor no sólo debe escribir sobre un momento de la Historia (como Marx él siempre ponía la palabra en mayúscula), sino también comentarla en su escritura".

El repudio a este punto de vista lo llevó a reescribir y cambiar de título a Tres tristes tigres, ganador del Premio Biblioteca Breve en 1964. El título original y las viñetas que acompañaban a Tres tristes tigres pasaron a formar parte de Vista del amanecer en el trópico.

Si Tres tristes tigres trata sobre la amistad y la traición y La Habana para un infante difunto es sobre el amor y la búsqueda de la felicidad en medio de la soledad, ambos tienen en común que en los dos triunfa el desengaño, algo que ya se señaló también ocurre en Delito por bailar el chachachá. En Vista del amanecer en el trópico, el desengaño adquiere carta de nacionalidad: la tragedia de la Isla es que siempre ha imperado en ella la violencia. La literatura debe olvidar la política, pero todo político aspira a la Historia, a trascender la vida cotidiana y convertirla en una eternidad.

Desde la ironía del título, Vista del amanecer en el trópico no aspira a otra cosa que a quitarle la mayúscula a la palabra Historia. A primera vista parece una recreación literaria de la historia de Cuba, pero es más que eso. Integrado a partir de las viñetas de la época de la insurrección contra Batista, el recorrido que se inicia con el surgimiento de las islas y culmina con el régimen de Fidel Castro, omite nombres y fechas y acumula situaciones que ejemplifican una actuación malvada.

La misión del escritor no es mostrar el mundo que le ha tocado vivir, ni tampoco recrear el pasado ni imaginar el futuro. La historia queda reducida a chisme, incidente fortuito, rebajada de categoría.

Para lograr su objetivo, Cabrera Infante recurre a libros de historia, grabados, fotografía y narraciones. Pero a la vez que despoja de sublimidad a las batallas y de brillo a los héroes, su narración no deja de humanizar a los personajes, algunos de los cuales ya estaban convertidos en sus enemigos políticos en el momento de la publicación de este libro. Lo que pierde la historia lo ganan los hombres. No deja de resultar significativo que varias de las viñetas de mayor calidad literaria son precisamente las referidas a la lucha contra Batista.