Actualizado: 17/05/2024 12:58
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

CON OJOS DE LECTOR

Un corresponsal de guerra en la Isla

Cuba y el conflicto bélico hispano-americano ocuparon un espacio muy significativo en la vida y la obra literaria de Stephen Crane.

Enviar Imprimir

El Ernest Hemingway de su época

La guerra fue convirtiéndose así en el gran tema de toda su obra literaria. Su protagonismo es proclamado ya desde el título de algunos libros: The Little Regiment and Other Episodesof the American Civil War, Great Battles of the World, War is Kind. Asimismo está su labor como corresponsal de guerra, recogida póstumamente en los tres volúmenes de The War Dispatches, y que como ha comentado Harold Bloom hace de Crane el Ernest Hemingway de su época. De hecho, éste completó la obra iniciada por su compatriota, quien falleció a los veintiocho años, minado por la tuberculosis.

Tras finalizar la guerra entre Grecia y Turquía, Crane se estableció con Cora en Inglaterra. Allí tuvo en el mundo intelectual una acogida que Ford Madox Ford calificó de tumultuosa. Conoció, entre otros, a William Butler Yeats, a H.G. Wells, es probable que a Bernard Shaw, y a Joseph Conrad, con quien entabló una cálida e íntima amistad. Pero a pesar de ese prestigio, la situación económica de Crane distaba de ser buena (en realidad, nunca lo fue), y peor aún, llegó a verse al borde de la bancarrota.

En febrero de 1898, el buque norteamericano Maine explotó en el puerto de La Habana. Entonces Crane no le prestó mucha atención, pero en abril, cuando su país declaró la guerra a España, decidió regresar a Estados Unidos para reportarla. No tenía suficiente dinero y pidió ayuda a Conrad para reunir la suma del pasaje. Según testimonios del autor de LordJim, nada fue capaz de convencerlo y estaba dispuesto a lanzarse al océano e ir nadando. Al final, consiguió un delante de Blackwood and Company y pudo partir hacia Nueva York.

En respuesta al primer llamado del presidente McKinley, Crane se presentó como voluntario en la marina. Pero los exámenes físicos eran muy rigurosos y fue rechazado. No le quedó, por tanto, otra alternativa que aceptar ir a cubrir para el New York World la que John Hay, secretario de Estado, llamó "una espléndida pequeña guerra". De inmediato se trasladó hasta Key West, para esperar allí, como los otros ciento cincuenta periodistas, el desarrollo de las acciones. Nada más llegar, redactó su primer trabajo, un reportaje sobre el capitán del buque español Panamá, que había sido capturado el día antes. Durante el primer mes de la guerra, Crane siguió el bloqueo naval a Cuba, y para escribir sus despachos se basó en lo que presenciaba desde los buques Three Friends y New York. En las fotos tomadas entonces se le ve descalzo, con una camisa blanca que lleva por fuera, una pipa en la boca y el pelo todo revuelto, lo cual le da cierto aire de enfermo mental.

En junio, Crane desembarcó por fin en la Isla. A partir de esa fecha, envía sus trabajos desde sitios como Guantánamo, Daiquirí, Siboney, Playa del Este, El Caney y Santiago. En ellos demuestra que era inmune al chauvinismo que embargaba a sus compatriotas en aquellos meses enfebrecidos, y no deja de emplear su ironía y su tono escéptico. Por otro lado, ahora se fija más en el soldado simple, así como en detalles que revelan el absurdo y la naturaleza gratuita de los hechos bélicos.

Al igual que en Grecia, pronto se enfermó a causa de los rigores de la campaña, pero pese a ello siguió participando en peligrosas misiones. En algunas, ignoró la orden de cubrirse y se expuso al fuego de los españoles. Tras su fallecimiento, el corresponsal del Daily Chronicle contó la anécdota, presenciada por él, de cuando Crane subió a una colina cargado con unas doce botellas, para traer agua a los soldados. La temperatura era muy alta, y al regresar venía exhausto y creía que lo habían herido. Por suerte, no fue así, y sus compatriotas lo premiaron con cálidas muestras de admiración.

Mas para Crane, la experiencia en Cuba significó el principio del fin. El 6 de julio unos colegas lo encontraron en Siboney. Estaba ardiendo de fiebre y casi delirando. Tras examinarlo, el médico ordenó su evacuación inmediata. Al parecer, había contraído la fiebre amarilla, dictaminó. En realidad, tenía malaria. Fue enviado en barco a un hospital de Virginia. Tan pronto se recuperó, embarcó hacia Puerto Rico, para reportar la fase final de la guerra. Sin embargo, su estado de salud no era bueno. Físicamente estaba muy débil y parecía diez años más viejo.

Pocas semanas después, Crane volvió ilegalmente a Cuba, haciéndose pasar por un comprador de tabaco. Al principio, se hospedó en el Gran Hotel Pasaje, uno de los mejores de La Habana. En la veintena de artículos que desde allí envió pasa a ocuparse ahora de lo que ocurría en la Isla tras la rendición de los españoles. En uno de ellos, por ejemplo, reporta casos de norteamericanos borrachos, de conductas irresponsables que provocaron tiroteos, de soldados que pidieron tragos y luego rehusaron pagarlos. Nota entre los cubanos el miedo a la rapacidad de Estados Unidos, y señala que los soldados deberían comprender que dondequiera que lleven el uniforme del ejército, tienen sobre sus hombros el peso del honor y la dignidad de su país, y por eso su responsabilidad debe ser mucho mayor.

Entre comienzos de septiembre y mediados de noviembre, Crane llevó una vida virtualmente clandestina. Cora estuvo varios días sin saber de él, y estaba tan desesperada que pensó en ir a La Habana a tratar de localizarlo. Una vez más, el escritor apareció en los titulares de los periódicos norteamericanos: "Stephen Crane Missing". En diciembre Crane dio por fin señales de vida, y a fines de mes embarcó para Nueva York. De esa ciudad viajó luego a Europa, donde año y pico después falleció.

Aparte de su labor como periodista, en Cuba Stephen Crane redactó varias páginas de su Diario, así como una buena cantidad de los textos de su poemario War is Kind (de hecho, el último manuscrito del mismo lo envió al editor en septiembre de 1898 desde La Habana). En esos meses escribió además Intrigue, un ciclo de poemas sobre su conflicto amoroso con Lily Brandon Munroe. Asimismo inició Flowers in the Asphalt, que anunció iba a ser su novela más extensa, pero que destruyó, al igual que unos poemas eróticos. Por último, unos meses antes de morir preparó para la imprenta Wounds in the Rain, un libro de narraciones ambientado en la guerra hispano-americana, que se publicó póstumamente. Su traducción al español ha demorado ciento seis años en hacerse, y hace sólo unos meses vio la luz en España.


« Anterior12Siguiente »