Actualizado: 29/05/2020 12:36
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Artes Plásticas

Una Bienal en declive

Signos del deterioro en la novena edición del evento: Dispersión, improvisación, falta de rigor, localismo, anarquía museográfica…

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Surgida al calor de los discursos postcoloniales y bajo el paraguas del multiculturalismo, la Bienal de La Habana generó un movimiento mayúsculo de atención hacia el arte de la periferia, del Tercer Mundo o de las culturas marginales. Desde entonces, este certamen pretendió convertirse en un referente de culto (hoy en declive) para el entendimiento y comprensión del arte producido en estas zonas de la aldea global.

Las nociones provenientes del pensamiento multiculturalista, la globalización, el universalismo versus localismo fetiche y la fragmentación postmoderna, excitaron desde un inicio a sus organizadores, quienes establecieron entonces líneas de comportamientos y tipologías de actuación no siempre felices. Sin embargo, cada nueva convocatoria advierte de sus límites.

Dispersión, improvisación, falta de rigor, localismo, anarquía museográfica, despropósito, exotismo de la complacencia, mirada narcisista, eventualidad, e ineficacia de un nexo de comunicación efectiva, resultaron ser los tristes signos más notorios de un evento que ya no puede disimular su deterioro. Como tampoco puede esconderlo una ciudad que es hoy el escombro de lo que un día fue puro esplendor y gracia.

En este sentido, una de las cuestiones más álgidas del asunto, y justo uno de los tantos motivos por los que los artistas de la Isla se inventan el espacio alternativo, es que la Bienal pretende asumir el papel de muestrario emblemático de lo que ha sido y es el arte contemporáneo de estas regiones. Algo ante lo que los creadores y buena parte de los críticos no vacilan en evidenciar su desacuerdo.

Eventos de este tipo han de servir también, y sobre todo, para procurar un repaso revisionista y crítico de las prácticas artísticas desde una perspectiva inclusiva, que no arbitraria, así como de sus mecanismos de validación, hibridación y clasificación, al margen de dejar espacio para una intromisión asertiva en los prolijos y laberínticos intersticios de las identidades y la(s) historia(s) de esta parte de la cartografía: proscenio de un ramillete amplísimo de expresiones laterales y actos marginales de resistencia.

Ya no basta con los estirones y retorcijones del multiculturalismo. Es demasiado frecuente que las plataformas de reivindicación generen muy deprisa su propia esclerosis, y a cuenta de esto la Bienal ya muestra los síntomas de su acelerada degeneración.

No es sólo el aspecto económico —como se le quiere hacer ver a muchos que quizás desconocen las razones de fondo— la única causa por la que cada nueva convocatoria de esta cita de las artes, termina por convertirse en un gueto para la enajenación y el intrusismo de lo mediocre, más allá del entusiasmo tardío de los políticos y funcionarios de turno.


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