Actualizado: 13/12/2019 11:14
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'PM': Sueño y pesadilla

El documental cubano más debatido y la disyuntiva entre lo festivo y lo religioso-revolucionario.

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No olvidemos que después de ser exhibida con éxito en el programa del Canal 2 Lunes en televisión y confiscada por la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas cuando sus autores pretendieron ponerla en el cine Rex, PM fue visionada en una reunión en la Casa de las Américas por un amplio grupo de intelectuales y artistas que mayoritariamente la aprobaron con un gran aplauso.

Que en el debate subsiguiente —el cual duró, según Orlando Jiménez Leal, diecisiete horas— Mirta Aguirre acusara violentamente de "budapestistas" a los autores del documental y advirtiera que en Hungría la contrarrevolución había empezado por los intelectuales, refleja claramente que el antagonista de PM no era otro que el estalinismo.

Las reuniones de la Biblioteca Nacional indicaron que el curso de los acontecimientos iba definitivamente contra la libertad artística y por la subordinación de la intelligentsia. El miedo paralizó a una mayoría cogida en la trampa macabra del absoluto revolucionario, que dialogaba ahora no entre sí —como unas semanas atrás— sino con los miembros del gobierno.

De aquellos tres encuentros de debate sólo se divulgó, significativamente, el discurso de Castro. Los argumentos de los demás sólo pueden ser reconstruidos fragmentariamente a partir de testimonios posteriores.

Hay dos que vale la pena recuperar. Según dijo Jaime Sarusky en la sesión del Museo Nacional, en la reunión de la Casa de las Américas "se dijo que, si en los periódicos había aparecido en esos días que dada la alegría y la exaltación del pueblo cubano ante el triunfo de la Revolución y todo lo que representaría se había triplicado la producción de cerveza, no se veía la razón para que se estuviera censurando la película".

Alegría obrera, alegría contenida

Carlos Franqui cuenta, por su parte, haber dicho a propósito de PM en la segunda de las reuniones de la Biblioteca Nacional que "para los cubanos la fiesta, la rumba, el amor, la pachanga, eran una manera de ser —la madre África—, pero estos acusadores eran blancos, católicos e inquisidores" ( Retrato de familia con Fidel, Seix Barral, Barcelona, 1981). Contra la grave acusación de Guevara, Sarusky intenta salvar PM interpretándolo como un reflejo de la fiesta revolucionaria; Franqui, de algo tan entrañable como el carácter nacional.

El sordo contrapunteo del cambio histórico y la idiosincrasia nacional está justo en la base de los discursos fundamentales de una década marcada por el fantasma de PM. A propósito podemos destacar, por ejemplo, las observaciones de Waldo Frank en El rostro de Cuba, ensayo testimonial escrito en 1960.

En el Círculo Social Obrero Cubanacán, antiguo club Biltmore, se recrean los trabajadores en los espacios antes reservados a la alta burguesía, pero a pesar de que beben y de que Frank se quedó hasta tarde, apunta que no vio "a nadie con aspecto de estar embriagado. Quizás otra embriaguez defendía a estos bañistas". Cuenta cómo en algún momento el grupo, en su mayoría jóvenes, empieza a cantar. Aparecen guitarras, bongoes, trompetas… Varias parejas comienzan a bailar.

Observa: "es una forma de danzar típicamente cubana, un paso que el titubeo disimula y que de pronto se define, pero con una violencia contenida. Hay una famosa cantante de cabaret en La Habana, que se llama La Lupe, que se arroja en un orgasmo de movimiento. Pero La Lupe habla por una Cuba decadente cuyos sentidos expresan frustración. Esta escena de trabajadores cubanos y sus hijos es más típica y su alegría se contiene con el sentimiento omnipresente de que la vida es trágica".


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