Actualizado: 17/05/2022 17:16
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América Latina

Autoritarismo y democracia

Hugo Chávez y Álvaro Uribe: Destinos diferentes y algún punto de unión.

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Dos reelecciones marcan los extremos de la apretada agenda electoral durante este año en Latinoamérica. El anunciado triunfo logrado recientemente por el presidente colombiano Álvaro Uribe se coloca en el polo opuesto de la consulta en las urnas venezolanas, programada para diciembre y donde se anuncia que el mandatario venezolano, Hugo Chávez, resultará igualmente vencedor.

La falta de sorpresas en estas dos elecciones presidenciales —caso de no producirse cambios sustanciales en Caracas en los próximos meses— contrasta con la incertidumbre en países como Perú y México.

Definida la situación latinoamericana entre ambos parámetros, Uribe y Chávez vienen a sintetizar una unidad y lucha de contrarios que permiten las definiciones en blanco y negro: ambos son mandatarios capaces de polarizar las opiniones y dejar poco margen a definiciones más amplias.

¿Versión reducida de la Guerra Fría?

El colombiano es el principal aliado en la región del presidente norteamericano, George W. Bush, y firmante de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Por su parte, el venezolano es el seguidor declarado del gobernante cubano, Fidel Castro, enemigo de la globalización y abanderado de un acuerdo comercial creado específicamente para oponerse a los nexos comerciales que quiere establecer Washington.

Para Uribe, un clima de seguridad y confianza que facilite la inversión extranjera es la vía para lograr el desarrollo económico que posibilite la salida de la pobreza. Chávez, por el contrario, apuesta al socialismo, el control estatal y los programas sociales de corte populista.

A primera vista podría parecer que ambos modelos batallan por imponerse en la zona —semejando una especie de versión reducida de la Guerra Fría— y obligando a los países vecinos a definirse al respecto. Aunque los resultados de la elección presidencial peruana influirán en esta ecuación, no parece probable que esto ocurra, porque Colombia es una nación volcada sobre sí misma, sin interés en desempeñar un papel continental.

Ni Bogotá busca una hegemonía continental, ni tampoco su presidente. A diferencia de Chávez, Uribe es una figura política poco conocida fuera de su país, que mantiene una singular relación con Bush y recibe un trato preferencial de Washington, pero sin que esto implique un interés en un liderazgo regional.

La explicación radica en que tanto Colombia como Venezuela tienen gran importancia por un artículo de exportación, de gran valor en ambos casos pero con características opuestas. Si el petróleo venezolano alimenta los sueños de grandeza de Chávez, la cocaína colombiana es la razón fundamental para que Uribe sea admitido como huésped especial en la Casa Blanca. Son dos productos opuestos en múltiples sentidos, pero que comparten un mercado común: las calles norteamericanas.

Sólo que al papel de Chávez —como importante productor y factor clave en el control del mercado petrolero— se contrapone el desempeño de Uribe como figura clave para combatir el narcotráfico y tratar de reducir la producción de coca.


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