Actualizado: 20/01/2022 14:54
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Bolivia: Reportaje

Los ecos del asalto

La nacionalización muestra la cara más radical de Evo Morales y abre una contienda en el seno de la izquierda.

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Durante su campaña presidencial, Evo Morales dijo muchas veces que iba a llevar a cabo nacionalizaciones, y tal proyección le sumó contingentes de partidarios. Eso es lo que acaba de hacer con los hidrocarburos. El verdadero dilema reside pues en los términos en que las nacionalizaciones se han planteado.

Para el escritor boliviano Carlos Toranzo, doctor en Economía y magíster en Ciencias Políticas, lo que muestra la realidad es que "Morales ha movido el alfil muy lejos, ha puesto sobre la mesa cartas duras y la respuesta que recibirá de las transnacionales y gobiernos que las respaldan —en particular Brasil y España— pueden ser también muy duras". Ya han amenazado con llevar el problema a tribunales internacionales, abandonar el país o detener las inversiones.

El cónclave entre Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela en Iguazú no fue más que el instante que antecede al primer round, donde se explican ciertas reglas, que comúnmente violan los boxeadores. El desafío aquí tiene un signo, el del dólar. Si todos los humanos sabemos que el sol sube cada mañana hacia el cenit, de igual manera puede saberse que los precios del combustible boliviano subirán.

Por supuesto que nacionalizar es un derecho, y esto fue prácticamente lo único relevante que se proclamó en Iguazú, además de un aplazamiento de apóstrofes y amenazas.

Tormenta inesperada

A causa de la inutilidad del evento en la ciudad argentina, el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha recibido fuertes críticas por lo que numerosos sectores y analistas cariocas llaman "debilidad". El canciller Celso Amorím apenas logró defenderse en una conferencia de prensa preñada de dardos.

Teniendo en cuenta que si bien los directivos de las entidades más perjudicadas, Repsol-YPF y Petrobras, imaginaron que se les echaría encima una política distinta a la anterior, sus relaciones con el gobierno actual no habían sido particularmente tirantes y de ningún modo esperaban esta tormenta. La Paz amenaza con participar hasta del 82 por ciento del valor de la producción, y si las auditorías que anunció lo determinan, esa participación podría subir al 90 por ciento.

La toma militar de los yacimientos fue otro suceso que no dejó dudas de la hegemonía de Morales sobre las fuerzas armadas, en un país donde las asonadas castrenses, dos décadas atrás, se contaron por puñados. El asalto tuvo como antecedente propicio la sustitución de 28 generales por igual número de altos oficiales que gozan de su confianza. Como buscando borrar cualquier duda sobre la fiereza de su decisión, La Paz anunció para principios de esta semana la designación de tres directores de entidades a nacionalizar.

Observadores coinciden en que las negociaciones que se avecinan serán muy ásperas, pero para el reconocido comentarista político Alejandro Guillier "la desmesurada postura de La Paz pretende forzar un diálogo en el cual pueda obtener una tajada mayor de la que hubiera alcanzado desde disposiciones menos extremas".


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