Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Umap, Represión, La denuncia de hoy

A 50 de las Umap

A propósito del artículo de Rafael Hernández: “La hora de las Umap: Notas para un tema de investigación”

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Hasta ahora, de lo que he leído llegado desde el oficialismo sobre el tema de las Umap (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), es lo mejor en mi opinión este ensayo del doctor Rafael Hernández aparecido en la revista Temas (como todas las publicaciones autorizadas en Cuba, pagada por el gobierno) el pasado 7 de diciembre.

Digo que, llegado del oficialismo, este texto de Hernández es el que más se acerca a la enjundia de aquel hecho y sus consecuencias posteriores —sus consecuencias posteriores sobre todo para los “exsoldados” Umap, puesto que el castigo para ellos no terminó aquel día que dijeron adiós a las alambradas: arrastrarían durante decenios el rótulo de “mala gente” ante las autoridades del régimen, tanto a la hora de optar por un trabajo de cierto rango como por un reconocimiento cualquiera. O sea, “es un expediente que no cesa”—.

Con sus bemoles, y con cierta tendencia por momentos de ir “del azafrán al lirio”, Rafael Hernández, director de Temas, en “La hora de las Umap: Notas para un tema de investigación” aborda con precisión más que relativa en ocasiones, aquella mancha que se autoinfligiera la “revolución socialista” al establecer en la provincia de Camagüey campos de trabajo forzado de 1965 a 1968, adonde fueron a parar jóvenes y no jóvenes que no se avenían con el “hombre nuevo” que intentaba fabricar aquella revolución.

La introducción del texto de Hernández —portador de un estilo indirecto que mucho bien le hace a su propuesta— es larga, muy larga: utiliza un aproximado de 1800 palabras para entrar en materia, luego de poner en contexto el fenómeno Umap, casi siempre para “comprenderlo”, más que para “justificarlo”; es lo cierto.

Si bien en algún momento de su ensayo Rafael Hernández aboga por la necesidad de contar con más datos oficiales sobre las Umap, no hay dudas de que él es un privilegiado en este sentido: afirma que allí padecieron (esta palabra es mía) 25 000 hombres “entre los más de setenta campamentos, esparcidos por los llanos de Camagüey”. Debo aclarar que Hernández llama “reclutas” a los confinados en las Umap.

En la introducción del ensayo, el autor da un recorrido por el éxodo de Camarioca en 1965, la Guerra de Vietnam, el “aislamiento” de la revolución cubana al romper relaciones con la URSS y China o la genial iniciativa de Fidel Castro de “experimentar formas comunistas de vida y organización social, que excluían no solo el mercado, sino el uso del dinero”, en tres pequeñas poblaciones de la Isla.

Quejumbroso al parecer, advierte el doctor Hernández que “La mayoría de estos testimonios, [sobre las Umap] escritos y difundidos fuera de la Isla, se concentra en describir situaciones extremas, caracterizadas por reclusión arbitraria, abusos generalizados, condiciones propias de una prisión de alta seguridad o un campo de concentración, manejado por guardias sádicos, donde la norma es el castigo corporal, y se llega incluso a la ejecución extrajudicial”.

Dice él “escritos y difundidos fuera de la Isla”. Esto se debe a una razón elemental: “dentro” de la Isla no los “difunden”. Y digo más: ¿acaso Hernández duda de los testimonios, o de los testimoniantes, que han dado a conocer su verdad sobre las Umap aquí mismo, en CUBAENCUENTRO? Si así fuera, el gobierno de la Isla, o sus subalternos, tendrían, tienen, el derecho de réplica.

Y digo más: tal como en este portal han narrado sus experiencias varios “exsoldados” Umap…, así fue.

En cuanto “a la ejecución extrajudicial”, yo no lo sé; me han dado santo y seña, pero no lo puedo asegurar. El gobierno de Cuba, que tiene recursos suficientes, podría verificarlo, si acaso fuera de su interés.

Y si no hallase alguna “ejecución extrajudicial”, sí, aseguro, que verificará no pocos suicidios de los recluidos en las Umap durante y después de la existencia de estas. Ya lo sabemos: hay hombres que se suicidan, otros a quienes los suicidan. Muertes, podríamos decir, “extrajudiciales”.

Mas, la pregunta es: ¿de entrada, no es castigo suficiente que de pronto le arranquen a una madre su hijo y se lo lleven no se sabe adónde ni tenga ella derecho a preguntar? ¿No lo es que metan a un sinnúmero de hombres inocentes, jóvenes y no, en los vagones de carga de un tren y, encerrados, los lleven en un viaje que podría durar más de dos días sin saber adónde los llevan y sin que tengan derecho a preguntar, padeciendo hambre y sed, y aterrorizados por los guardianes?

Ya, de arrancada, eso bastaría. Pero eso solo era el comienzo. Luego vendría, en muchos casos, no en todos, para ser justos, la “reclusión arbitraria, abusos generalizados, condiciones propias de una prisión de alta seguridad o un campo de concentración, manejado por guardias sádicos, donde la norma es el castigo corporal”.

Al referirse a los homosexuales que fueron llevados a las Umap, el doctor Hernández expresa, si bien como una inferencia de su análisis de aquella época, sin decir si comparte o no este punto de vista: “La condición homosexual se consideraba una patología de la personalidad por la psicología clínica de la época, no solo en Cuba, sino en los países de Occidente. Su imagen social predominante —también en los Estados Unidos— consideraba a los homosexuales de carácter frágil, imprevisibles, impulsivos, a menudo promiscuos, y, en términos de seguridad nacional, expuestos a la manipulación enemiga”. De modo que “Admitirlos en el servicio militar resultaba problemático”.

Está claro. Si el Gobierno cubano consideraba que los homosexuales, por las razones dichas, estaban incapacitados para ser “militares”, pues que los dejara tranquilos, pero que no los llevara a “reeducarse” mediante labores de salvajes y en estado de reclusión.

Si, como avisa Hernández, “En aquel contexto, gays y religiosos fueron juzgados no confiables para integrar unidades militares y manejar armamento moderno”, pues lo mismo: que los dejaran vivir tranquilos, no que los condenaran, por el hecho de que no eran “confiables para el SMO [Servicio Militar Obligatorio] normal”.

Una limitación que a mi modo de ver posee este interesante texto de Hernández, es que sus fuentes, todas, se hallan en el vértice del oficialismo. O sea, se basa el autor en “fuego amigo”.

Así, no nos resulta raro toparnos en “La hora…” con exposiciones de este corte: “Algunos exreclutas estiman que el grupo de mayor concentración en el primer llamado estuvo formado por antisociales y vagos habituales en edad militar, es decir, personas con antecedentes penales o considerados pre-delincuentes”.

No es cierto, según lo que vieron estos ojos. Hombres decentes, incluidos religiosos de diversas filiaciones, campesinos nobles, estaban en las Umap desde el primer llamado, en noviembre de 1965. Y me sigo basando solamente en lo que allí vi: eran mayoría. De estos, saldrían los cabos Umap, jefes de escuadra a partir del segundo llamado, en junio de 1966, y no, como afirma Hernández, o así lo entiendo, que fue en 1967 cuando surgieron los cabos Umap.

Si seguimos hurgando en el párrafo citado: ¿Qué debemos entender, según los cánones establecidos por la revolución socialista en la década de 1960, por “antisociales”? Pues desde llevar el pelo largo —La Melena— hasta escuchar “música enemiga”, pasando por el rechazo a convertirse en activista destacado del CDR (Comité de Defensa de la Revolución) de su cuadra.

En cuanto a los “vagos habituales”, alguno allí conocí que me recordara a Carlos Marx, quien vivió de otro hombre, Federico, durante15 años más o menos para escribir su obra fundamental. O sea, vagos porque no gustaban de partirse el lomo, sino pensar, pasear, razonar o escribir alguna obra.

Quizás sí los hubiera con “antecedentes penales”, pero pre-delincuentes es una definición que no define nada.

Todos estos hombres, los del primer y segundo llamado, los “buenos”, los “regulares” o “los malos”, recibieron una de las peores sanciones que se le puede aplicar a un ser humano: la humillación.

Hernández, en una y otra línea de su texto, decía, llama “reclutas” a los confinados en las Umap y asimismo los vincula —ateniéndose, es justo decirlo, a lo establecido por la dirección de la revolución socialista— con el Servicio Militar Obligatorio. Aquí salta una ligera pifia: a los militares no los visten de azul.

Y bien, ¿sería saña o desconocimiento lo que llevó al gobierno revolucionario a violar la propia ley del SM0 al enviar para las Umap a hombres de más de 27 años, y más de 30, más de 40? A estos debe referirse el doctor Hernández cuando expone que “Una parte [de los confinados Umap] se fue desmovilizando desde finales de 1966”.

Deja claro el autor de “La hora…” que los creadores de las Umap, entre otros objetivos, se propusieron, “sin ninguna base científica” hacer que muchos hombres cambiaran “su orientación sexual o sus creencias religiosas”.

En el texto de Hernández nos enteramos, al menos yo me entero, de que existía —¿existe aún?— “un departamento o buró del MININT, denominado ‘Lacras sociales’. Era este el que identificaba a los religiosos y los gays como ‘lacras’, y naturalmente, a los antisociales y la totalidad de los restantes grupos [para enviarlos a las Umap]”.

Me entero ahora, repito, porque en las Umap cualquier jefe se lo gritaba a uno, pero no sabíamos que era una adjetivación “oficial”.

La hora de las Umap: notas para un tema de investigación” es un texto bien documentado —hasta donde es posible en la Isla— escrito con notable fluidez y que en muy pocas ocasiones, como insinuaba en los inicios de estas páginas, sentencia, sino que expone.

Es un ensayo, digamos, todo lo viril posible, dado el sitio en que fue escrito, sobre un asunto tan tétrico, tan matemáticamente ocultado.

En los finales de su trabajo, Rafael Hernández exhorta: “En lugar de dejarlo [el tema de las Umap] a la superficialidad de muchos blogs, a ‘este no es el momento’ o ‘el enemigo puede utilizarlo para sus fines’, debería aprovecharse la hora y el momento precisos que hoy se han podido reunir. No hay nada más oportuno que restablecer nosotros mismos nuestra historia, para que nos sirva de espejo”.

Ojalá que así fuera.

Y lástima que los cubanos de “adentro”, como no tienen Internet, no tengan acceso a “La hora Umap: Notas para un tema de investigación”.

Ya ven. Así van las cosas.


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