Actualizado: 10/08/2020 14:05
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Cubanos, Inmigrantes, Centroamérica

Balseros terrestres

Una bomba de tiempo se gesta en Centroamérica

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Le tienen más miedo a la vida en Cuba que a la muerte entre selvas, páramos, pantanos, fieras, coyotes, traficantes, contrabandistas y delincuentes de toda laya.

Miles de cubanos están atrapados en la ruta Ecuador-Estados Unidos, en medio de un masivo éxodo terrestre. En un viaje casi cincuenta veces más largo que el de Mariel-Cayo Hueso de 1980. Al momento de escribir estas líneas están varados en la frontera Costa Rica-Nicaragua, después de haber sido embestidos por los uniformados de Daniel Ortega, por orden de Raúl Castro.

Mientras esto ocurre, la dictadura ignora el drama y la crisis humanitaria de grandes proporciones, y no se siente obligada a preocuparse por cubanos que escapan del infierno castrista, porque solamente representa a “revolucionarios”. La condición de cubano se obtiene al nacer en Cuba, y quien gobierne el país, democráticamente electo o por la fuerza, tiene la obligación de representar a los cubanos ante los demás gobiernos, independientemente de las opiniones políticas de cada persona. Cualquier gobierno decente hubiera alzado su voz en defensa de sus ciudadanos maltratados, pero el término gobierno decente no define a La Habana.

Los congresistas cubanoamericanos en Estados Unidos, líderes del exilio miamense, y cubanos de a pie que comparten café y croquetas, o aplastan discos en la Calle Ocho, parecen andar demasiado ocupados en otros menesteres, pues en estos días no se les escucha a muchos de ellos pronunciarse públicamente sobre el tema con la rapidez y contundencia que algunos consideran que deberían haberlo hecho. Lo mismo que opositores y disidentes en la Isla, que aun sometidos a la brutal represión del régimen encuentran tiempos y espacios para pronunciarse sobre otros temas, pero que en este tienen tareas pendientes todavía.

Los esbirros digitales de la dictadura que pululan en estas páginas y otras muchas continúan haciendo su miserable trabajo, denigrando a quienes escapan del paraíso castrista, inventando mentiras y descalificaciones, y mostrando estadísticas falsas, esotéricas o prefabricadas para distorsionar la verdad. Quieren que esos cubanos que escapan acepten mansamente el yugo dictatorial y se queden en Cuba viviendo miserias inducidas por el régimen, tocando guitarras y maracas para los turistas, rellenando fosforeras, paseando perros, pelando frutas, y desfilando alegremente por la Plaza de la Revolución cada vez que los convoquen.

Algunas personas que comentan en publicaciones digitales y redes sociales recuerdan que médicos y maestros cubanos ayudaron a Nicaragua en los años ochenta; y consideran que ahora los nicas deberían ser solidarios con nuestros compatriotas varados en esas fronteras. El pueblo nicaragüense podrá agradecer o no a médicos y maestros cubanos, pero Daniel Ortega y la crápula sandinista solamente agradecen a Fidel y Raúl Castro. Y esos compatriotas en estos días en la frontera sur nicaragüense son una denuncia viva, con su masiva huída, de las mentiras sobre los “logros de la revolución” y lo bien que van las cosas, que los cómplices sandinistas de La Habana ayudan a ocultar: por eso les llaman “delincuentes” y lanzan gases lacrimógenos contra cubanos desesperados que, incluyendo mujeres, niños y ancianos, claman por un permiso humanitario para continuar viaje en busca de un futuro mejor, futuro que ni la dictadura en La Habana ni los corruptos en Managua pueden ni quieren ofrecer a sus pueblos.

Para que esos cubanos entrampados en Centroamérica puedan encontrar una solución a su drama, y que todo no termine en un escenario sangriento o una deportación a Cuba, sería necesario y conveniente que la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) interviniera en el asunto, y para eso la presión de los cubanos radicados en Estados Unidos y de sus congresistas electos podría ser decisiva. También podría hacerlo la Organización de Estados Americanos (OEA), aunque esta institución tiene tan poco prestigio, respeto o poder, que sus posibilidades de lograr algo favorable hacia nuestros compatriotas resultan mínimas. La principal responsable de esta crisis, la dictadura cubana, incapaz de ofrecer un futuro decoroso a sus ciudadanos, anuncia ahora cínicamente que la culpa la tiene, como siempre, Estados Unidos, y utiliza la crisis humanitaria de nuestros compatriotas en Centroamérica para presionar a Washington y mentir ante el mundo. Por eso ahora declara cínica y angelicalmente que esos cubanos empantanados en América Central podrían regresar al infierno si así lo desearan. ¡Ni que estuvieran locos!

Costa Rica ha actuado decentemente con nuestros compatriotas. La visa humanitaria otorgada era para siete días solamente, pero ya el gobierno aclaró que podría extenderla si se prolonga el estancamiento. Las relaciones Costa Rica-Nicaragua se han tensado más aun con esta situación. Y en Panamá, Colombia y Ecuador hay más cubanos viajando en estos momentos por sus carreteras, selvas, montañas y costas, entre coyotes, bandidos, traficantes y estafadores, con la ilusión de aspirar finalmente al sueño americano si logran entrar a Estados Unidos acogidos al “parole” que posteriormente les permitiría solicitar la residencia permanente al año y un día en ese país, gracias a la Ley de Ajuste Cubano. Ley que la dictadura llama “asesina” pero que le asegura más cubanos cada día enviando remesas a sus familiares y viajando a visitar a los suyos, o también, lamentablemente, a ostentar. Y ahora ya no se trata de decenas o centenares, sino de miles y miles. Un verdadero éxodo masivo por vía terrestre.

Ya la crisis tiene carácter regional y actúa como bomba de tiempo en el escenario centroamericano. Costa Rica busca soluciones regionales, explora la posibilidad de transporte marítimo o aéreo que evitaría el paso por Nicaragua, y propone crear un corredor internacional humanitario para que los cubanos puedan transitar seguros hasta Estados Unidos.

Son demasiados los riesgos y peligros que corren los cubanos por esas vías. Este éxodo terrestre masivo de Ecuador a Estados Unidos no podrá continuar indefinidamente, tiene que terminar. Como antes terminaron los de Camarioca, Mariel o el de los balseros de 1994, sustituidos por migraciones ordenadas. Nuestros compatriotas lo saben. Y por eso se apresuran.

¿Cuál será el desenlace de este drama, uno más del que viven los cubanos a causa de la brutal dictadura que lleva más de medio siglo en el poder, ante el silencio cómplice y el mirar hacia otro lado de “hermanos” latinoamericanos, y la codicia de tantos en EEUU y Europa que solamente ven en Cuba oportunidades de negocios y no la tragedia de una nación esclavizada y una sociedad paralizada, aplastada o exiliada?

Difícil saberlo ahora mismo. Aunque algo debemos tener perfectamente claro:

No hacer nada no es una opción, sino una rendición.


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